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Felipe Calderón, el macabro autoritario

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¿Qué rayos toma Felipe Calderón para que ahora se asuma como “pacifista”, “paladín” de la honestidad y “defensor” de los derechos de la niñez”? ¿Puede Felipe Calderón dejar de ser Felipe Calderón?

Más allá de las terapias de “reconversión democrática” que parece haber completado, las expresiones continúas de Calderón llevan una fuerte dosis de cinismo.

Ante los agravios, injusticias, atropellos y actos evidentes de corrupción cometidos en su sexenio, Calderón piensa que su mejor defensa es el ataque, por eso todos los días Felipe el “purificado” intenta disociarse del Felipe el “oscuro” que gobernó bajo la lógica del autoritarismo y el saqueo tribal.

Esta versión de Felipe Calderón cree saber cómo resolver las grandes problemáticas del país, sin importar que en la práctica, como presidente, llevó a México a un Estado fallido, carcomido por la violencia y convaleciente por la carencia de un proyecto que impulsara el desarrollo de la sociedad.

Además de pretender defenderse yendo a la ofensiva, Felipe Calderón añora el poder arbitrario, esa Presidencia que ejerció sin limites y con la que atropelló los derechos fundamentales de muchas personas, e incluso a algunas se atrevió a llamarles daños colaterales.

Lejos de haber optado por el retiro de la política, como tradicionalmente lo hacen los expresidentes, Calderón sigue empujando un proyecto político, del cual forma parte la diputada panista Margarita Zavala, para reconquistar el poder. Por eso la negativa del INE al registro de México Libre como partido fue un duro golpe a ese sueño.

Pero como también a ese proyecto le importa la impunidad y obtener espacios de influencia, el calderonismo tuvo que renegociar su reincorporación temporal al PAN y obtuvo entre otras cosas la candidatura a una diputación federal para Zavala.

Hoy Calderón además de ser un cínico está desesperado pues no pasa día en que la corrupción de su sexenio deje de quedar al descubierto como un asunto endémico: la Estafa Maestra (que no inició con EPN), la barda a medio construir que costó más de 600 millones de dólares, la Estela de Luz, los contratos millonarios a empresas fachada en Pemex, los contratos multimillonarios para penales federales otorgados a sus aliados, y muchos casos más, reflejan a un Estado dedicado al saqueo.

La sombra de la corrupción va a perseguirlo siempre pero no es la única. Son varias y en diversos planos. Ahi está el espiral de violencia sinfín que provocó con su guerra contra el narcotráfico, cuyas secuelas aún padecemos y el caso ABC que ha sido expuesto de nuevo por el hoy presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar.

Las palabras recientes del ministro, quien en 2009 investigó con valentía el caso, exhiben el rostro más macabro de Calderón:
“Hoy puedo dar fe de una operación de Estado para proteger a la familia de la esposa del presidente Calderón, para proteger a los altos funcionarios públicos de ese gobierno y que hoy viene a hablar de Estado de Derecho”, manifestó Zaldívar.

Por igual los dichos del ministro presidente de la SCJN nos reflejan el lado inhumano, negligente y criminal del expresidente: “Me contaron los papás y las mamás que el gobierno de Felipe Calderón no había permitido que salieran aviones a Sacramento donde había un hospital esperándolos para poderlos curar porque no querían que se hiciera grande el escándalo.”

Tras las reafirmaciones e informaciones que Arturo Zaldívar puso de relieve hace unos días, el doloroso caso ABC, que aún sigue dolorosamente impune, refleja dos cosas: el férreo y autoritario control que Felipe Calderón ejerció sobre la SCJN y la farsa de esa derecha recalcitrante que hoy asume la bandera de la niñez para hacer propaganda anti 4T pero que prefirió defender a familiares y a funcionarios del entonces presidente Calderón que hacerle justicia a decenas de pequeños y a sus familias. En sus hipocresías y contradicciones van desnudos.

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