La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo aprovechó el acto por el segundo aniversario de su triunfo electoral, respaldado por casi 36 millones de votos, para lanzar uno de los mensajes políticos más duros de su administración contra los gobiernos neoliberales y reivindicar el proyecto de la Cuarta Transformación como una ruptura con el pasado.
Ante miles de personas reunidas en el Monumento a la Revolución y conectadas desde las 32 entidades del país, la mandataria aseguró que México vive una etapa distinta a la que predominó durante décadas, marcada, afirmó, por privilegios, corrupción, represión, subordinación al extranjero y abandono de las mayorías.
“Por primera vez, una mujer llegó a la presidencia de la república. Es la victoria de las mujeres de México, pero sobre todo, la victoria de un pueblo que decidió seguir haciendo historia”.
“El dinero público es dinero del pueblo”
Durante su mensaje, Sheinbaum defendió la política de austeridad republicana y aseguró que los recursos públicos dejaron de utilizarse para sostener privilegios de la clase gobernante.
Destacó que los salarios de los servidores públicos de más alto nivel no han aumentado, que el gobierno redujo en 10 por ciento el gasto corriente y que la recaudación creció 4.8 por ciento en términos reales sin aumentar impuestos.
Además, resaltó que ha realizado 409 conferencias mañaneras del pueblo y que recorre constantemente el país para rendir cuentas directamente a la ciudadanía.
“Aquí no hay espacio para la corrupción, ni para los privilegios, ni para excesos que durante décadas ofendieron al pueblo de México”.
La mandataria afirmó que los recursos públicos se han destinado a programas sociales, hospitales, escuelas, infraestructura, vivienda y bienestar, en lugar de financiar lujos gubernamentales.
Sheinbaum carga contra Fox y Calderón
Uno de los momentos más contundentes del discurso ocurrió cuando la presidenta contrastó la etapa actual con los gobiernos encabezados por Vicente Fox y Felipe Calderón.
Sheinbaum recordó episodios como la represión en San Salvador Atenco y contra el movimiento magisterial en Oaxaca, además de señalar el proceso electoral de 2006 y la estrategia de seguridad implementada durante el sexenio calderonista.
“No olvidemos que durante el sexenio de Fox se vivió la cruel represión a los pobladores de San Salvador Atenco o la brutal represión a los maestros de Oaxaca”.
La presidenta también cuestionó la llamada guerra contra el narcotráfico impulsada durante el gobierno panista.
“Felipe Calderón llevó al país de muerte, de sangre con la fallida guerra contra el narco”.
En otro momento del mensaje, sostuvo que durante el periodo neoliberal las decisiones económicas y políticas fundamentales se encontraban sujetas a intereses externos.
“En México gobierna el pueblo”
La mandataria afirmó que una de las principales diferencias entre el presente y el pasado radica en la relación entre el gobierno y la ciudadanía.
Según explicó, la transformación ha significado el fortalecimiento de la participación popular, la ampliación de derechos y una nueva forma de ejercer el poder público.
“Nosotros hacemos exactamente lo contrario. Caminamos con el pueblo, escuchamos al pueblo, rendimos cuentas al pueblo y gobernamos obedeciendo al pueblo”.
Asimismo, defendió que actualmente existe una mayor apertura democrática y aseguró que las instituciones responden cada vez más a la voluntad popular.
“Los tiempos cambiaron. En México gobierna el pueblo”.
A dos años del triunfo que cambió la historia política del país
Sheinbaum recordó que el origen de su gobierno se encuentra en la decisión de casi 36 millones de mexicanas y mexicanos que respaldaron la continuidad de la transformación iniciada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador.
Para la mandataria, aquella victoria representó no sólo la continuidad de un proyecto político, sino también un hecho histórico por la llegada de la primera mujer a la Presidencia de la República.
Dos años después de aquella jornada electoral, la presidenta utilizó el informe para reafirmar el rumbo de su administración y para marcar, una vez más, una línea de separación entre el proyecto de la Cuarta Transformación y los gobiernos neoliberales que la precedieron.


