Imagen: Una de las ilustraciones contenidas en El Ateneo, realizadas por el propio Raul Pompeia.
Por: Armando Escobar G.
Son pocos los lectores hispanoamericanos que pueden contar, más allá de enumerar con los dedos de sus manos, aquellas obras de la literatura brasileña (traducidas o no) que han podido tener a su alcance. Infelizmente, Brasil sigue siendo para la mayoría de lectores de la América hispana una isla ignota, la más grande del continente, que, por otro lado, parecería comenzar su historia literaria en pleno siglo XX con escasos nombres, eso sí bastante consagrados: Guimarães Rosa, Clarice Lispector, Jorge Amado y Rubem Fonseca. Y paremos de contar con nuestros dedos, para comenzar a preguntarnos qué hay más allá de nuestras manos.
Si bien los acercamientos existentes entre las diferentes literaturas hispanoamericanas se deben a un idioma compartido, en contraparte, el contacto con la literatura brasileña se dificulta por una infinidad de barreras que tienen como pilar principal la diferencia idiomática. Afortunadamente, ante este panorama, contamos ya en nuestro país con el esfuerzo de una buena cantidad de traductores, escritores y estudiosos de la literatura, que han permitido que las letras brasileñas salgan del aburrido hacinamiento intelectual de los eruditos para llegar a cada vez más lectores eventuales que buscan algo más que futbol, carnaval, samba y relatos desde la favela. Entre estos emprendedores se encuentra la poeta y traductora Paula Abramo, quien el día de hoy presentó, en el marco de la FIL del Palacio de Minería, la primera versión en español de una de las grandes obras de la literatura brasileña: El Ateneo (crónica de nostalgias) de Raul Pompeia.
Publicado en 1888, El Ateneo es una obra fundamental de la literatura brasileña, considerado por muchos críticos de aquél país como un texto de una “inteligencia aterradora” que alcanza los vuelos del mejor Machado de Assis –otro de los grandes autores brasileños de quien sin duda hablaremos en otra ocasión–. El Ateneo es una novela de formación en donde se narran las venturas y desventuras de Sergio, un niño de clase alta, quien se encuentra ante la búsqueda constante, a veces penosa, de su propia individualidad frente al mundo cerrado, agobiante, y a veces perverso, de un internado para jóvenes aristócratas. La trama de la obra, así, simplificada, no parece decirnos nada más sobre su verdadera valía: El Ateneo es, principalmente, una crítica mordaz a los valores de la élite brasileña, fundados en la hipocresía, el disimulo y la justificación de la desigualdad y el esclavismo. Aunque Pompeia apunta su pluma a la instrucción educativa, no es difícil notar que la crítica se extiende a las prácticas sociales y políticas del Segundo Imperio. Es aquí en donde, en palabras del escritor Daniel Saldaña París, quien acompañó a la traductora en la presentación del libro, el relato adquiere una “contemporaneidad pasmosa”. Sigamos, a continuación, al propio Pompeia:
¿El maestro es la tiranía, la injusticia, el terror? ¿No se cotiza el mérito? ¿Culebrean las líneas sinuosas de la indignidad? ¿Se aprueba el espionaje, la adulación, la humillación? ¿Campean la intriga, la maledicencia, la calumnia? ¿Los predilectos del favoritismo oprimen? ¿Oprimen los más grandes, los más fuertes? ¿Abundan las seducciones perversas? ¿Triunfan las audacias de los nulos? ¿La reclusión exacerba las tendencias ingénitas? Tanto mejor: es la escuela la sociedad.
En efecto, en un país como el nuestro, en el que triunfan “las audacias de los nulos” y “culebrean las líneas sinuosas de la indignidad”, ¿qué nos queda por hacer ante el espasmo? La literatura encuentra su propia respuesta: ante “la lucha desigual entre las púas y la epidermis”, bien vale hacer vencer a la epidermis.
El Ateneo (crónica de nostalgias) de Raul Pompeia (Traducción y estudio preliminar de Paula Abramo) fue publicado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM en 2012, como parte de la Colección Cátedras – Serie Guimarães Rosa.


