Imponen las sombras, destellan las luces (Crónica Cubana)

La Habana, Cuba. AP Foto

Algunos meses atrás dialogando con mi amigo Manuel, joven cubano en pasantía en México, me comentaba que el régimen de su país se encontraba al filo de un rotundo cambio. El socialismo no resistiría más el bloqueo energético impuesto por los Estados Unidos el día 29 de enero de 2026. Antes de esta fecha, el pueblo cubano se preguntaba cuándo vendría un apagón del sistema eléctrico, pero ahora la incertidumbre es cuándo vendrá la electricidad.

Manuel regresó a Cuba unos días después de nuestra charla. En las siguientes semanas intercambiamos mensajes por WhatsApp en donde le pregunté por el bienestar de su familia y de sus amigos, a lo que él, con un tono realista y en apariencia asertivo, me respondió “hermanito las noticias están magnificando un poco más el suceso de como realmente es… La situación está mal, es verdad, que también depende de la escala social y afecta a todo el mundo, pero no creo que las noticias sean tan verídicas realmente de la situación. Creo que la cosa está un poco mejor de como la pintan los medios, sobre todo los externos. Igual cada quien desde su punto, sí ha habido muchas revueltas, en el oriente del país la situación sí está muy difícil. Hay mucha pobreza en general, la comida y todo eso, pero a mí me cuesta verlo muy transparente desde las noticias”.

Las palabras de Manuel resonaron mi inquietud, pues mientras él pensaba ello, un portal de comunicación independiente en México organizaba una flotilla humanitaria para entregar ayuda y exigir el cese del bloqueo estadounidense. Dos interpretaciones desde distintas realidades se sobreponían. O la situación era tan delicada para intervenir inmediatamente, o aún no llegaba el momento cumbre de la alarma, aún podría resistirse un poco más.

Estas inquietudes me llevaron a Cuba. No quería permanecer en la zozobra de la dimensión de la crisis que amedrenta a los cubanos. Tenía que mirar con mis propios ojos, sudar mi cuerpo, enfrentar el hambre si no había opción, exponerme a las alertas de inseguridad, estafas y enfermedades, era la única forma de saciar la zozobra. Y ello ¿para qué?, ¿qué podía hacer un mexicano promedio tras adentrarse en la situación? Las respuestas no las tenía, pero la ansiedad y preocupación me atormentaban.

Al plantearme estas preguntas recordé aquél hermoso libro de Versos Sencillos de José Martí, en el cual el libertador, por motivos de salud acude al monte norteamericano y enfila su pluma, prediciendo la sed del águila estadounidense sobre Cuba. En mi caso, llevaba un tiempo sin empuñar las letras, y en vez del monte, requería de las rocas del castillo, el rugido del mar y la noche negra. Después del dolor en Gaza, no toleraría otra injusticia. Comprendí que en mis posibilidades estaba comprender, profundizar y después compartir con mi pluma mis sentires, miradas, y reflexiones, pues 135 años después de esta obra, la mirada del águila temible amenaza nuevamente con sus garras a la isla, la asfixia y atormenta.

Mi interés se centró en comprender las complejidades que la población está padeciendo por la crisis generada por el bloqueo, en tratar de entender sus percepciones y sus expectativas. Busqué escuchar a la mayor gente posible, introducirme en la diversidad de sus barrios y enfrentarme, en la medida de lo posible, a sus angustias y dificultades, sin olvidar presenciar cómo es que están sobreviviendo, qué recursos y estrategias les permiten mantenerse en pie frente a tremenda injusticia.

Impactos cotidianos de la crisis

La presión estadounidense apunta a la agudización de la desesperación de los cubanos. El bloqueo económico se traduce en hambre, miseria, ira, inacceso al agua potable, salud y movilidad.

Durante mi estancia, me hospedé en el hostal K, un hogar en la privilegiada zona de Vedado dispuesto a recibir y orientar turistas y visitadores. No obstante, a pesar de su privilegio, ésta como todas las calles y avenidas llevaban varias semanas careciendo de electricidad. Desde un inicio recibí por parte de Adriel y Magalys diversas recomendaciones para sobrellevar la crisis en Cuba: “Ten cuidado con toda persona que se te acerque, te pedirá dinero o ayuda, pero no llegará a la violencia”, “sí te es posible, ayuda a algunas personas que consideres de verdad lo requieren. Hay muchas señoras mayores de edad que de verdad la necesitan”. “No preguntes por alguna dirección a un desconocido”, “no acompañes a alguien a ningún lugar”, “no cambies dinero en la calle”, “El Bar de Che no existe”, “evita caminar entre las calles cuando vengan los apagones, usa siempre las avenidas principales”, etc.

¿Qué explican estos cuidados y advertencias rutinarias? Me resulta muy simple, como algunos lo hacen, atribuir estos comportamientos habituales sólo al régimen cubano sin comprender que su gravedad se asocia al bloqueo energético impuesto en enero. Durante un año sólo 2 buques petroleros han arribado a Cuba, uno oriundo de México el 9 de enero y otro de Rusia el 31 de marzo.

Cuba vive una desesperación impuesta que explica en mucho estos riesgos y comportamientos. La carencia de combustible ha atrofiado en cadena la cotidianidad de la vida de la isla.  Me resultaba increíble que estas advertencias y cuidados tuviesen su alto grado de veracidad, pero, en el paso de los días, como predicción, cada uno de éstos se hicieron presentes.

La población ha tenido que acostumbrarse a vivir sin luz; no almacenar alimentos perecederos; dormir —o intentarlo— sobre una temperatura de más de 34 grados; enfrentar los riesgos de infectarse de Chikungunya o Dengue por la picadura de mosquitos; padecer hambre; no contar con recursos en sus bolsas a causa del cierre de negocios y de la casi imposibilidad de recibir turistas; y, habitar las calles infestadas de basura en espera de prontas enfermedades. “Esta Cuba que miras ahora no era así, meses atrás estas calles estaban llenas de turistas y de comercio toda la noche” —recitaron con añoranza a mis oídos una y otra vez diversas personas.

Resistencias de a píe

Los cubanos comunes buscan las formas de resistir la crisis. En primer lugar, podría decir que no han cedido al trabajo y la reproducción de la vida cotidiana. A pesar de lo poco redituable, la mayoría continua sus actividades laborales principalmente en el comercio cotidiano o el escaso turismo. Desde horas tempranas el cubano de a pie hace filas enormes para adquirir algunas piezas de pan; asiste a la feria (tianguis) a realizar sus compras básicas; abre sus hogares al turista o visitante; maneja su triciclo eléctrico o máquina para transportar a las personas locales por precios que van desde los $250 a los $900 CUP rutinarios en tramos cortos; abre sus restaurantes, cafés o bares; o comercia frutas, alimentos o bebidas en las calles.

Durante las noches, las zonas más privilegiadas y algunas familias perspicaces de la Habana vieja y centro adaptan un generador eléctrico el cual conectan a la instalación de gas LP interno en sus hogares o si es posible lo activan con gasolina. Esta acción les permite mantener la electricidad en sus hogares por algunas horas, salvaguardar algunos alimentos, y sobre todo activar ventiladores para pasar las calurosas noches. No obstante, otras provincias más afectadas acuden al carbón o la leña.

Algunos estudiantes, militantes y activistas extranjeros han realizado arduos sacrificios para traer medicinas y distribuirlos en los centros de salud e instituciones culturales. Por convicción han pasado el control de migración cargando más maletas repletas de medicinas que de equipaje. Les preocupa la aguda crisis humanitaria y les desespera la inacción y el silencio de los países de América Latina.

La resistencia también es ideológica. Algunos cubanos, sobre todo adultos de más de 50 años, suelen mantener en su léxico cotidiano a “Fidel” y sus logros. Se muestran agradecidos por las décadas previas en que la vida en Cuba era basta para satisfacer sus necesidades sin requerir de lujos extraordinarios, pues había alimentos, hogar, salud, educación, transporte y turismo, pero ahora es diferente. “Todo lo que logró Fidel lo están derrumbando” —expresa con tristeza y dolor el trabajador de una librería de la Habana vieja. “No debemos ceder a la despolitización del cubano, perderíamos nuestros valores” —vociferó Magalys, quien se niega a cerrar las puertas de su hostal.

¿Avistamiento de una derrota?

En una caminata por la zona de Vedado a la Habana es sencillo observar la semilla de la desigualdad. Poco a poco los autos y motocicletas de lujo comienzan a ser notorios entre los automóviles de los 50s. Es notorio mirar algunos de los grandes hoteles comerciales con luz, mientras en la mayoría de los hogares las familias salen a sus puertas asfixiados por la temperatura y movidos por la ansiedad. Mientras algunas personas buscan alimentos u objetos de valía en los basureros que inundan las calles de la Habana vieja, algunos jóvenes recurren a restaurantes modernos donde consumen bebidas frescas, escuchan cubatón, se deleitan con Bad Bunny, pero también se entregan a los ritmos extranjeros como sophisti-pop, smooth jazz y soul.

Estos contrastes sociales, económicos y culturales son fruto de las políticas económicas generadas en los últimos lustros. La apertura a capitales españoles y canadienses en la hotelería, a China y Francia en el sector automotriz; la aparición de las Mipymes y el acceso a internet, entre otras políticas, incrementaron la economía cubana y posibilitaron la mejora de vida de algunas familias, sin embargo, comenzaron a matizar ciertas desigualdades en la población, las cuales ahora con la ofensiva de Washington se han hecho más visibles, pues las comodidades alumbran a los sectores privilegiados que resienten de formas más amenas la crueldad del bloqueo.

Algunas de las charlas informales y observaciones durante mi estadía me hicieron comprender que el fastidio de la crisis actual abre la puerta para los planes estadounidenses. Un chofer de un triciclo, al igual que una familia de un barrio más marginal, aseguraron que no les incomoda una intervención militar norteamericana siempre y cuando haya ya un cambio.

Algunas de las juventudes aspiran al modus vivendi norteamericano. Quieren vestir diferente, portar artículos tecnológicos, viajar por el mundo y comer platillos para ellos extraños. Se definen como apolíticos, a diferencia de los adultos que vivenciaron o heredaron algunas de las bondades del régimen socialista, éstos no saben y no quieren saber del Partido Comunista, de las oposiciones, de los bloqueos, simplemente están fastidiados de ello.

Esta discrepancia generacional de sentidos políticos será vital para el devenir de la isla. Una nueva generación que desconoce algunos de los valores que sostuvieron el régimen castrista pretende colocarse en mejor posición ante la globalización y la tecnología, pero está expuesta también al consumismo y al individualismo que por tantas décadas cuidó el régimen socialista. Aunque la mundialización de las nuevas generaciones es inevitable, la cuestión aquí es cómo introducir a las nuevas generaciones al mundo, sin absolver los vicios del mercado que segregan e individualizan. La semilla germina, pero la elección de su rocío aún puede marcar alguna diferencia.

 

Pequeñas-grandes alegrías

Me encuentro caminando por Paseo del Prado, son mis últimas horas en la isla. Las miradas de los pobladores son inevitables, soy para ellos un turista en especie de extinción, las miradas de algunos son de sorpresa, otras aspiran al oportunismo de sacar algún provecho de mis bolsillos. Recorro el Paseo y miro a las infancias jugando futbol como si los smartphones y Iphones no existieran.

Ya voy a más de medio camino y he contabilizado alrededor de 5 partidos de futbol simultáneos que me recuerdan a mis divertimentos de infancia. A unas calles, paré a comer una pizza en un pequeño negocio que también vendía café expreso y cortado. Mientras dialogó con los locatarios, una fuerte lluvia sacude la Habana vieja, es una bendición cuando la temperatura ha sobrepasado los 36 grados.

Los habitantes llevan más de 12hrs sin electricidad, y de repente ésta se manifiesta. Una sonrisa en el rostro de la niña que me atiende, un regocijo del joven hornero que emana desde el pasillo, y un suspiro de satisfacción de un heladero que me compartía sus penas, me hacen comprender que la desesperación del pueblo cubano requiere de una luz que opaque sus tristezas e incertidumbres. Una luz humana que no los olvide, que los escuche, los comprenda y tienda la mano frente a sus días y noches negras.

Postada conmemorativa

El próximo 13 de agosto se conmemorará el natalicio de Fidel Castro, serán 100 años de su llegada al mundo. Una ola de militantes extranjeros del Partido Comunista y simpatizantes del régimen comienzan a hacerse presentes. Se suman a los festejos del líder revolucionario que desafió al imperio. La isla atraviesa un momento en el que la solidaridad es más que necesaria. Llega el momento para saber si la humanidad formará parte de la sobrevivencia de Cuba y si tendrá fuerza de ser rememorada y absorbida por la historia. El momento es crucial y único.

Héctor Andrade

Politólogo y analista latinoamericano, académico e investigador mexicano. Cuenta con trayectoria en análisis de coyuntura política, movimientos sociales, participación política y cultura.

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