Hablar de pureza puede resultar conmovedor, la pureza es utilizada siempre en cuentos de hadas como la gran vencedora del mal, sin embargo, sin contemplación se tiene que estipular su contraparte para justificarla. Por eso es por lo que la pureza, en cualquiera de sus formas, siempre que salga del ser humano es esencialmente impura por el simple hecho de tener que justificarla.
La locura es una de estas justificaciones recurrentes, siempre el malo está loco según Disney, o bien, pierde la cordura en el camino de la historia.
Preguntarnos las intenciones de aquel o aquellos que cuentan la historia es fundamental: la inocencia de Blanca Nieves disfraza siempre la manipulación que ejerce sobre todos los que la rodean, Cenicienta en realidad es el prototipo del sueño patriarcal y la construcción de un estereotipo que ha hecho mucho daño a las sociedades, no digamos la instituciones religiosas que han forjado un imperio alrededor del discurso de la pureza y hasta cobran por “purificarte” cuando naces en algunas de ellas.
La ética no está creada para purificar al ser humano sino para darle orden equitativo a los ejercicios sociales, y justamente esto no lo entienden todos aquellos que viven para ellos mismos, los conservadores, los neoliberales y todos aquellos que traen heredado el código por aprendizaje de pisar al que sea necesario para tener poder y acumular dinero.
Es hasta chistoso ver cómo cualquier individuo de derecha se burla de la búsqueda de la ética en las izquierdas, de forma agresiva e irónica plantean esta búsqueda como si nosotros los zurdos nos consideráramos puros, es más que evidente que ni lo somos, ni lo pretendemos ser puesto que es imposible. Nunca lograrán entender que estar del lado izquierdo del pensamiento es una búsqueda para mejorar como seres humanos y no un establecimiento de aberraciones para acumular lo que sea como los de derecha hacen.
Pero lo más increíble de todo es el manejo de la pureza de derechas, que con una convicción férrea de sus inoculadas mentes monetarias salen con la idea de crear un mercado libre de piezas arqueológicas, en pleno siglo XXI, como si no supieran el daño que se ha hecho a la identidad, a la cultura y a los pueblos con los saqueos masivos que en el pasado se hicieron.
Europa se hizo gracias a saquear otros continentes, Estados Unidos también, por eso es por lo que ahora —al existir un dirigente que plantea una nueva forma de mercado, anteponiendo el respeto a los pueblos y que busca la equidad entre ellos— la sorpresa y el enojo es muy grande en este pequeño sector que controla todo, y no es porque antes no hubieran existido personajes con este pensamiento, sino que existe en un momento donde la gran mayoría se había rendido e inclinado a este pequeño grupo.
Pero estas propuestas están más allá de ser puras, estar viviendo este cambio no refiere a la purificación y menos aún a la redención del espíritu como muchos pueden suponer o alterar en sus discursos. Esto que estamos viviendo, esta transformación refiere a la ética, sin purezas, sin gloria, sin perfección, la ética no vive en estos conceptos sino en la simple facultad del bien, y el bien es solamente la búsqueda de equidad, de justicia donde todos deben caber en su acción, hasta los más malos, hasta los más injustos, eso es el bien común, impuro, sí, pero urgente por nosotros, por ellas, por ellos, por nuestro futuro y por el futuro de seguir en este hermoso mundo por mucho tiempo.
Los medios hegemónicos lamentablemente sí han alcanzado una pureza grande, claro, pureza oscura o de maldad, han sido eficientes y casi infalibles para encontrar los métodos de transformar todo aquello que nos hace bien en conceptos “malos”, purificaron la corrupción, las mentiras, las omisiones, la ostentosidad y ennegrecieron el pensamiento de comunidad y comunitarismo, impusieron el consumismo como guía espiritual y desquebrajaron la facultad de ayudarnos y organizarnos entre nosotros, siempre el yo, yo quiero, yo necesito, yo soy.
Hablan del comunismo como si fuera un diablo y extrañamente ponen siempre como ejemplo a la Unión Soviética, y cuando uno trata de explicarles que lo que sucedió ahí no fue comunismo sino una mala interpretación de este, vociferan embravecidos. Esto no se trata de socialismo ni comunismo, se trata de equidad, de distribución de la riqueza, se trata de todos no de unos, se trata de nosotros. Porque este es el momento y no debe haber marcha atrás, no podemos dejar que esto regrese a lo que era antes, porque el ser humano es impuro por naturaleza y tratar de justificarnos nos lleva a la duda y peor aún, nos lleva al lado derecho de la historia. Luchar por el bien común no necesita justificación, necesita acción y pensamiento, necesita lucha de conciencias, necesita ser discutido en todas sus formas y no permitir que seamos ocultados nunca más.


