El pasado 1 de noviembre 250,000 personas se dieron cita en el Zócalo de la CDMX, para celebrar los tres años del ascenso de la 4T a la presidencia vía las elecciones más democráticas y libres en 80 años, así como el Tercer Informe de Gobierno. Los medios hegemónicos tomaron sus providencias desde semanas antes utilizando actores tácticos del periodismo nacional: Carmen Aristegui, Julio Hernández López “Astillero” y Anabel Hernández. Es entendible. Su target lo constituye todo el electorado “flotante”, dentro del cual es posible identificar varios espectros: los indiferentes, los “neutros críticos”, y una especie muy particular, a saber, quienes se dicen afines a la transformación morenista pero les gusta darle balazos en el pie, mismos que denominaremos “autocríticos” proto-arrepentidos. A los dos últimos grupos no se les puede manipular desde las empresas informativas tradicionales que en su percepción están profundamente desprestigiadas. Se les llega con periodistas “emblemátic@s” que, cada un@ a su manera, se han proyectado y construido como “libres e independientes”, próceres de la verdad, de una moral intachable. Mi compañera en #Opinión3_0 Martha Uruchurtu (twitter @mlucascir) y yo hemos desde hace tiempo estudiado en conjunto a estos personajes, incluso recién a través de columnas en este espacio. Nuestra conclusión es que de “imparciales” no tienen nada: responden al que mejor paga sus servicios y su imagen, esa que han labrado con el tiempo y más mentiras de las que sus admiradores incondicionales estarían dispuestos a aceptar; en Carmen y Julio, de hecho, es relativamente detectable una predisposición ideológica derechista. Si quieren leer nuestros análisis sobre cómo en este momento se encuentran alinead@s con la “oposición”, los pueden encontrar aquí en Revolución Tres Punto Cero.
En estos últimos días han actuado, como Jonathan Pérez decía ayer en una gran conversación, en tres tiempos:
A) Anabel Hernández se hace un video en internet acusando de fascista al gobierno de la 4T. Le da un aire intelectual a su sermón apoyándose en un discurso de Umberto Eco sobre lo que él llama el “Ur fascismo”, aparecido por allá en los noventa. Si bien las premisas de Eco son cuestionables en varios puntos, aun dándolas por hecho la gestión de “López”-como a muchos haters les gusta llamarlo- difícilmente calza con el test politológico del italiano, sin contar con que ya antes en algo así como Animal Político, ese tipo llamado Jacobo Dayán -quien está en el team doblemoralino de usar los derechos humanos como “arma de destrucción masiva” (término de Concepción Cruz Rojo e Iñaki Gil de San Vicente)- ya había, “casual”, utilizado el mismo texto para denostar al gobierno federal.
Se necesita mucho espacio para desmontar a Eco, y otro más para desmontar el uso faccioso que Dayán y después Anabel hicieron de sus palabras. Si quieren que lo haga con detalle, con diez peticiones que dejen en la caja de comentarios de aquí abajo lo desarrollaré gustosamente. Por ahora, me centraré en tres de peroratas de ella:
1) “Ha actuado de manera opuesta a sus promesas”: AMLO prometió respetar la libertad de expresión, y lo ha cumplido. Lo que nunca prometió en campaña fue dejarse difamar y quedarse callado ante sus agresores, y no tiene por qué cumplir con eso. Y si no ha regresado al ejército a sus cuarteles, es porque la transición a su modelo de seguridad no se puede dar de la noche a la mañana.
2) “Ha militarizado el país”: si en verdad ella misma se cree esto, podemos decir que la capacidad de análisis político de la señora Hernández es de ensayo de preparatoria. Simplificadora y reduccionista, según ella un ejército, siempre y en toda situación y lugar, no puede asumir funciones no militares sin obedecer a un siniestro plan represor. Para su desgracia, en la tramposa analogía de rol que plantea, AMLO se parece más a Allende que a Pinochet o al Che, con la salvedad de que AMLO aprende de la historia y trabaja duro para ganarse la lealtad de la Defensa Nacional, a fin de ponerla menos al alcance de los dueños del dinero -los cuales, ellos sí, siempre consideran al golpe de Estado castrense mediante soborno un recurso latente contra gobiernos progresistas-, y más al alcance de su programa de nación: salud y obras públicas. Y, doña Anabel, con todo el respeto que no se merece: la GN no es lo mismo que el Ejército. Si aguarda usted la distopía donde cualquier capricho del Presidente puede “paralizar” al país usando a las fuerzas armadas, pásele con Carlos Fazio a la sala de espera. Será un honor para usted, porque de menos él sí es un periodista-intelectual-pensador. A ver si se le pega algo. Creo que hasta la respeta como informadora. Yo no tanto.
3) “Opacidad por decreto”: A doña Anabel se le olvida en qué país vivía; nunca le gustó meterse con los grupos oligárquicos -quizá porque se beneficia de ellos-, pero bien que sabe de su omnipresencia y su injerencia brutal. El recurso legal que usó AMLO para blindar los proyectos de la 4T es una situación límite, la cual no existiría si sus más poderosos obstructores empresariales no estuvieran protegiendo glotonas ganancias con amparos que, lo quieran reconocer o no, van contra el interés público de las mayorías. Además, doña Anabel, no se haga, hay todo un marco jurídico que permite democráticamente interponer otros recursos para garantizar la transparencia que le interese al pueblo, porque a los billonarios sólo les interesa recuperar el monopolio de la opacidad, y usted les está haciendo de cómplice.
B) Carmen Aristegui publicó y promovió el artículo de la “Fábrica de Chocolates”. Además de quedar en ridículo nacional, quemó lo último que le restaba de su disfraz de imparcialidad. La Reina de la Prensa Independiente va desnuda. “Sereno moreno” dijo desde su cámara, molesta porque el Presidente osó responder a un periodista -quien le preguntó sobre el asunto- que las insinuaciones acerca de sus hijos en la “investigación” de CONNECTAS -otra fachada de NED- eran falsas, y que Carmen nunca había estado a favor ni del pueblo ni de Morena. Puras verdades, por cierto.
¿Recuerdan todas las veces que Carmen se sintió difamada u ofendida por personalidades públicas -desde Laura Bozzo hasta los defensores calderonistas- y se comportó “serena”? Yo tampoco.
C) Julio Hernández López salió a descalificar, desde su gabinete-púlpito, el ingenio humorístico popular de mucha gente que ya no se deja engañar por él, señalando un “ataque” al… -¡adivinó usted, apreciad@ lector@!- “periodismo crítico” por parte de un compló. Su indignación: un meme donde lo hibridan con su colega Aristegui. Claro, porque aquí el único que puede ser crítico es él…
Hay un síntoma que Carmen y los hermanitos Hernández comparten:
La manía del “si yo lo hago está bien, si tú lo haces está mal”; del “yo puedo juzgarlo todo, pero a mí nadie puede juzgarme”, y otras taras que según el psicólogo Kohlberg se superan a partir de los 9 años. Podría sonar gracioso, pero no lo es. Se trata de los vicios dictatoriales de nuestros grandes potentados, expresándose a través de sus tres mayores “periodistas libres” de utilería.
Carmen Fascistegui, Mañabel Hernández y Bulo “Astillero”: los info-tiranos ahogados en el Zócalo…


