“Juro que voté por Salinas”
Una de las últimas entrevistas que dio el fallecido líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, alias “La Quina”.
Por Diego Enrique Osorno/El Barrio Antiguo
Ciudad Madero, Tamaulipas. Joaquín Hernández Galicia deja por un momento la seriedad con la que posa durante la sesión de fotos y dice: “Vénganse a tomar una foto al lado de este viejo al que ya le queda muy poco tiempo de vida.” “La Quina” —como le gusta que le digan— tiene 87 años de edad y está enfermo de leucemia, pero eso no le impide seguir involucrándose en la política.
“He tenido experiencias más difíciles”, cuenta el ex líder sindical que estuvo nueve años en cárceles del centro del país, acusado en 1988 hasta de haber asesinado y enterrado a alguien en una casa de la colonia Unidad Nacional, misma en la que nos encontramos ahora. A menos de tres kilómetros queda una refinería que expide olores petroquímicos desagradables que ya pasan desapercibidos para la gente que vive alrededor.
Dentro de pocos minutos, La Quina irá a una reunión con 200 personas que quieren que los asesore en cuestiones laborales. Uno de los trabajadores jubilados de PEMEX que lo asiste le avisa algo angustiado entre foto y foto: “Patrón, la gente ya quiere verlo. Tienen más de media hora esperándolo”.
Antes de partir, el ex dirigente enseña una pequeña tarjeta papel cartulina que dice: “Viejo chingón: Mantente firme, no estás solo.” El recado lo firma de puño y letra el periodista José Pagés Llergo. Hernández Galicia cuenta que lo recibió en los primeros días de su encarcelamiento y que ahora lo lleva enmicado y guardadito en su cartera como recuerdo de aquellos turbulentos días de 1988, año sobre el cual decide hacer algunas revelaciones.
—Yo voté por Salinas. No lo va usted a creer, pero voté por Salinas —dice La Quina después de criticar al ex presidente.
—Difícil creerle…
—Cuauhtémoc era un buen muchacho… No le vi tamaños para enfrentar al sistema que ya estaba degenerando con Miguel de la Madrid. Debe usted saber que Cuauhtémoc vino a verme aquí. Yo le di 50 millones de pesos de aquella época, regalados, para sembrar en Michoacán maíz. ¿Sabe usted el destino que tuvieron los 50 millones? El banco. Ahí me calculé que no iba a ser un buen gobernante.
—¿Qué pasó con ese dinero?
—Medio peleamos. Le dije: “Te di dinero para sembrar, no para que los tuvieras en el banco como agiotista.” Entonces ya me di cuenta de que aquel hijo de Lázaro Cárdenas no iba a ser un segundo Lázaro.
—¿Cuándo le dio ese dinero a Cuauhtémoc Cárdenas?
—Cuando él era gobernador.
—¿En qué año?
—Debe haber sido como 83, 84, más o menos.
—¿Y nunca se usaron los recursos?
—No. No los invirtieron.
—¿Cómo? ¿No sabe en qué acabó ese dinero?
—Pues en el banco. ¡Sabrá!… A lo mejor se los quedó el nuevo gobernador que entró. Lo importante es que no los metió al maíz.
—En las elecciones de 1988, Cárdenas ganó en las zonas petroleras…
—¡Ganó en todo el país, en todo el país! Pero, bueno, fue el papá el que ganó, no él. Cuauhtémoc, para mí, siempre fue un buen hombre, un buen hombre que no gastó ese dinero porque no estaba preparado para gobernar. Él no es ni siquiera la décima parte de su padre, pero es bueno; no es malo, no es perverso. Ganó él porque, como te digo, era el papá, la gente votó por quien era su papá. Y sí ganó, lo que pasa es que las computadoras las operó Barlett en Gobernación a favor de Salinas. Ahí está la famosa caída del sistema.
—¿Usted no apoyó a Salinas en la búsqueda por la presidencia?
—Por aquel entonces yo platicaba un día con don Jorge de la Vega, y él me dice: “Oye, me dicen que no quieres tu a Salinas.” Y yo le digo: “No es que no lo quiera, es que lo veo un hombre acomplejado.” Entonces Jorge de la Vega me dijo: “Queremos saber tu opinión porque van a expulsar a Cuauhtémoc y a Porfirio Muñoz Ledo”, y yo le digo: “¿Cómo es posible que hable de democracia De la Madrid y expulse a dos priistas como Cuauhtémoc, hijo del casi fundador del PRI, Lázaro Cárdenas. ¿Se imagina usted, don Jorge, el ridículo que va a causar ante la opinión pública expulsar a un hombre porque está compitiendo en la democracia? Si Miguel de la Madrid dice que va a haber una competencia democrática y lo expulsa, es decir que está mintiendo, que está engañando, que es un hombre totalmente negativo.” Entonces así fue: Yo le dije: “Señor De la Vega, yo no estoy de acuerdo con que expulsen a Cuauhtémoc Cárdenas, ni a Muñoz Ledo, porque esa es una señal de que es un dictador de esa manera y se está engañando al país. De la Madrid habla de democracia y está expulsando a un candidato viable que seguramente si juega, les va a ganar.” ¿Por qué iba a ganar Cuauhtémoc? No por él: por el papá, porque trae la historia de su papá, porque me consta a mí que no fue muy eficiente como gobernador.
—Para muchas personas es difícil creer que usted haya votado por Salinas de Gortari.
—Tienen razón en no creer, porque era yo priista, pero no un priista servil; era una priista nacionalista. Dentro del PRI yo metí la independencia sindical. No me dejé manejar por los presidentes, no me dejé mandar ni humillar. Yo era contestón. Por eso los serviles de ahora dicen que yo soy un rebelde, que yo ofendía a los presidentes, que yo era un grosero con los presidente; claro, porque a ellos los enseñaron a ser serviles y yo no era así. Yo era amigo del presidente, no su gato. Por eso no me tragan ahora esos serviles de hoy. Da vergüenza cómo es que ponen a un líder tan corrompido como Romero Deschamps, acusado dos veces y luego perdonado, primero por Zedillo y luego por Fox. Y como sigue este gobierno solapándolo… Se entiende porque está firmando los contratos de riesgo, que es un robo a la nación porque los gringos se quedan con un 50 por ciento de un producto que no es renovable fingiendo contratos riesgosos porque el satélite les dice donde está. Por eso no me tragan, ni me van a tragar. Ni yo tampoco los voy a tragar nunca. Pero le juro que voté por Salinas.
—¿Cuál fue su papel en las elecciones de 1988?
—Yo no era burócrata como esos cabrones burócratas priistas de ahora y antaño. Fui un hombre que se reconoció por lo que hizo, no por lo que habló. Por eso me chingaron, y además porque me opuse cuando vino Paco Rojas a decirme que el próximo presidente era Salinas. Yo le dije que no me oponía a él, sencillamente me opuse a que expulsaran a Cuauhtémoc, y le dije eso a De la Madrid. De ahí me agarró coraje, tan sólo porque le dije: “Si expulsan a Cuauhtémoc, el PRI se cae”, como se cayó al expulsar a Cuauhtémoc y a Muñoz Ledo.


