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La “asfixia” regiomontana

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Indira Kempis / El Barrio Antiguo

Foto: Victor Hugo Valdivia

(14 de diciembre, 2013).- Ya dejó de ser un secreto lo que todos los días nos está matando poco a poco. Si dicen que uno es lo que come, podría decirse lo mismo de lo que respiramos. Tanto la ciudadanía como el gobierno prestan poca atención a la calidad del aire, pero hoy por hoy, Monterrey, capital industrial de México, es una de las ciudades con mayor contaminación atmosférica en América Latina. Esto pone en riesgo nuestra salud dentro de un futuro inmediato y puede denotar severos problemas sociales.

De acuerdo con un último estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad A.C. (IMCO), la contaminación del aire está asociada con las cinco principales causas de muerte en nuestro país: tumores malignos, enfermedades del corazón, neumonía, influenza y enfermedades cardiovasculares.

Pero no sólo eso, también impactan negativamente la competitividad de las urbes, generando en el corto plazo gastos en salud y reducción en la productividad de los trabajadores, mientras que en el largo plazo desincentivan las inversiones.

Esta situación se ha vuelto cada vez más evidente en Monterrey. Para una muestra sólo respire profundamente ahora mismo y sienta si su flujo respiratorio no se obstruye, precisamente, por la calidad del aire inhalado. Coincidirá entonces con algunos especialistas: esta ciudad del norte es actualmente la segunda más contaminada del país —el premio se lo lleva Mexicali —. No hay razón para sentirse orgullosos.

Lamentablemente, son pocos los gobiernos locales interesados en reaccionar o prevenir contingencias ambientales. Una recomendación que hace el IMCO es que las autoridades midan la calidad del aire y entreguen la información de manera oportuna a la ciudadanía. Nótese que ambos actos no son mutuamente excluyentes. Es tan necesario hacer las mediciones como difundir sus resultados.

Sin embargo, el mismo reporte indica que de las 34 ciudades obligadas por ley a medir la calidad del aire en el país, sólo 12 lo hacen. Al sumar el número de habitantes de las ciudades sin datos sobre contaminación atmosférica, puede concluirse que 18 millones de mexicanos no saben qué tan contaminado está el aire que respiran. Cabe mencionar que el área metropolitana de Monterrey está incluida en la lista de ciudades que sí miden la calidad del aire pero que no cuentan con mecanismos de difusión masiva ni de actualización constante.

Otra de las alternativas sugeridas por el Instituto recae más en los procesos administrativos públicos relacionados con construcciones y permisos. En una ciudad en donde tanto el gobierno como los ciudadanos vigilan la calidad del aire, no debería haber construcciones que impacten de manera negativa el medio ambiente. Siendo el caso, ¿qué está sucediendo en esta ciudad respecto a ello?

Navegando por Internet encontré un reportaje que incluía esta declaración del Lic. Mariano Núñez referente al tema: “Las pedreras representan la industria más peligrosa y la que más provoca daños a la salud. No revierte en ningún momento lo que daña: aire, agua, ecosistemas. Funcionan ilegalmente. Se meten a la brava en complicidad con la autoridad federal, luego con la municipal y la estatal. Son autoridades omisas por corrupción.” Este abogado defensor de derechos humanos denuncia abiertamente tanto los permisos como a las operaciones irregulares de las pedreras, en donde, a pesar de que la contaminación en el área perimetral es obvia, poco se ha hecho para frenar el alto grado de contaminación que “aporta” al aire que respiramos.

La lógica me hace pensar que este par de consejos del IMCO serían suficientes para al menos contrarrestar daños casi irreversibles causados por la mala calidad del aire. No obstante, parece que en Nuevo León todos estamos esperando una verdadera contingencia ambiental, es decir, dejaremos que la situación se agrave, y sólo entonces la atenderemos, como sucede con prácticamente todos los problemas públicos que no parecen ser urgentes pero sí de suma importancia.

Cuando era niña, decían que en el futuro —cada vez más cercano— habría guerras por el agua. Con esta información podemos darnos cuenta de que, al menos en Nuevo León, la siguiente será una batalla abierta por la calidad del aire limpio que demanda “la asfixia” regiomontana.

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