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La centralización del patrimonio

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(31 de octubre, 2013).- En la plática “Perspectivas del régimen jurídico de los recursos naturales en México”, el investigador Antonio Azuela de la Cueva se reunió con alumnos de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con la finalidad de intercambiar puntos de vista e inquietudes sobre el derecho y la naturaleza, como parte del Primer Coloquio Ambiental del Colegio de Recursos Natrales.

El investigador ahondó en el tema del patrimonio y cómo éste se construye a través de las decisiones de las propias sociedades, sobre qué es y qué no es trascendente para ellos dentro del mismo marco simbólico, lo cual va transformándose con el paso del tiempo. “El patrimonio son cosas que tienen una vida social”, explicó Azuela, “además es algo que se tiene que cuidar, que el mismo individuo, familia o sociedad deben preservar para las futuras generaciones”.

Señaló que existen dos visiones sobre el patrimonio: la del ámbito de los derechos humanos que es retomada por las organizaciones no gubernamentales, las Naciones Unidas, y la sociedad civil; esta perspectiva mira al patrimonio desde el punto de la condición moral de los seres humanos. La otra visión es la que emana de la gobernanza, que son individuos con intereses de diversa índole que utilizarían los bienes de una manera y otra.

“Un ejemplo del debate es ‘El agua es un derecho, no una mercancía’ vs. ‘es preciso ponerle un precio al agua para hacer eficiente su uso’”. Azuela de la Cueva agregó que las leyes y el tema jurídico son muy claros en estos ámbitos, a diferencia del plano social que se complejiza cada vez más, especialmente por la circunstancialidad.

No obstante, a pesar de que son las dos primeras visiones las que imperan en el mundo coloquial, explicó también que existe una tercera mirada que es un poco la conjunción de las dos anteriores: la sociología jurídica, la cual entiende al patrimonio como mecanismo de inclusión simbólica y como bienes inalienables de una colectividad.

Y es en este sentido que al crear una inclusión simbólica “El Tláloc es de todos los mexicanos” se genera también una responsabilidad y un compromiso a cambio, que por lo general es un compromiso patriótico, explicó el especialista.

Ya entrado en materia, inició con una disyuntiva que se presenta actualmente: el patrimonio es de la nación, es decir de todos los mexicanos, o pertenece a la comunidad, municipio, estado, donde se encuentra físicamente ubicado.

Es aquí donde se encuentra el debate actualmente, puesto que en el caso de la flora y la fauna, es propiedad de quien tenga en sus manos ese pedazo de tierra donde vive el animal o donde crece un árbol. Esta medida fue adoptada porque los pueblos indígenas no podían utilizar sus recursos ni decidir sobre ellos. No obstante, sigue siendo un dilema ya que hay casos en los que los empresarios aprovechan estas medidas.

Otro tema a discusión es el petróleo, ya que el subsuelo sí es propiedad de la nación después de 1938 cuando Lázaro Cárdenas nacionalizó el recurso como una cuestión de dignidad nacional. También puso el ejemplo de la tierra como el más controversial, ya que el ejido era considerado como un patrimonio nacional hasta el sexenio del ex presidente Carlos Salinas de Gortari que le quitó el carácter de inalienable al ejido para que los campesinos pudieran vender sus tierras.

Y es así como la discusión se centra actualmente en la centralización del patrimonio y cómo esta medida puede ayudar y perjudicar a todos los ciudadanos. El debate sigue abierto.

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