La corrupción de Peña comenzó con el plagio

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I.- La legislación de la propiedad intelectual y la respectiva de autores, tipifica lo hecho por Peña, cuando era estudiante de la universidad del Opus Dei, como un delito de robo. Y no es nada más una anécdota de comillas. Es una conducta de corrupción, que lo pinta de pies a su copete venido a menos. Lo investigado por los reporteros y la periodista Carmen Aristegui, pone el dedo en la llaga del todavía menos que presidente, nada mas inquilino de Los Pinos, a donde llegó como un mito de Televisa (para usar la estupidez del Azcárraga), cuestionado por la corrupción que arrastraba desde que fue desgobernador mexiquense; y ante la imputación por su embestida en Atenco, corrió a esconderse al sanitario, cagándose de miedo, para no escuchar las críticas de los universitarios de la Universidad Iberoamericana. Lo que ha exhibido Aristegui es, pues, la corrupción con la que se inició Peña Nieto para obtener el grado de ingreso a la cueva de Alí Babá y los 40 ladrones de Atlacomulco. Su licenciatura, con el pretexto del presidencialismo de Álvaro Obregón, fue para tener un adorno que su tío Arturo Montiel usó para hacerlo su heredero y llenarlo de misteriosas donaciones que apestan, también, a corrupción.

II.- Y con todo ese abuso del poder, llegó a la “casa blanca” que usó para ejercer, con MVS de los Vargas y Eduardo Sánchez, la barbarie de pisotear las libertades de prensa. De esta manera, Peña superó lo hecho por Echeverría contra Excélsior. Y si jala el gatillo contra los disidentes, superará a Díaz Ordaz cuando 1968. El plagio de Peña para que los del Opus Dei lo dejaran titularse, ha de ubicarse como el inicio de la corrupción de quien –aconsejado por Salinas– siguió al pie de la letra aquello de que: “un político pobre es un pobre político”. En el entendido de que Peña carece del menor atributo de político, y sólo es un burócrata-peón de los intereses de Atlacomulco, de Televisa y los empresarios. Además, ha corrompido de más al Inegi para mentir sobre la disminución de la pobreza. Y sobre que no subirían de precio las gasolinas ni la electricidad.

III.- Como también es corrupción haber nombrado a Alfredo Castillo para “investigar” el homicidio de la niña desaparecida y encontrada; y hacerlo comisionado del deporte tras su corrupta incursión en Michoacán. Durante cuatro de años de corrupción, Peña ha mantenido complicidades con los desgobernadores que debió haber destituido por medio del Senado y llevado a los tribunales. Y en esa cadena de corrupción, se robó el trabajo intelectual de su tesis y nos mandó decir que se le olvidó poner las comillas; nombrando al hijo de De La Madrid –al que saqueó– para saldar el atrevimiento. Así, su corrupción personal y simultáneamente de funcionario, muestra y demuestra que si lo dejan concluir su sexenio, cumplirá su amenaza de entregar el cargo a uno de sus priistas: ¿Videgaray, Nuño, Osorio, Ruiz Esparza,  Navarrete Prida o al panista Meade? “Tengan por seguro que entregará la estafeta a un priista en 2018” (El Financiero: 24/VIII/16). Quiere ser corrupto hasta su último minuto, tal y como se inició para obtener la licenciatura.

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