Hay gente que piensa que ser exalumno del ITAM es una profesión en sí misma. Otros se valen del prestigio profesional de las carreras ‘brillantemente tecnócratas’ de personajes que desfilaron por varios sexenios del neoliberalismo y pretenden usar su título itamita como carta de presentación para obtener espacios en medios.
¿Y para qué quieren aparecer en esos espacios? Pues simplemente para opinar sobre quienes traspasaron los umbrales por los que ellos jamás dejarán de suspirar.
Luis de la Calle, José Antonio Meade, Luis Téllez Kuenzler, Ernesto Cordero, Agustín Carstens, Pedro Aspe Armella, Francisco Gil Díaz, Georgina Kessel, Lorenza Martínez son algunos de esos referentes que configuraron el “sueño itamita”.
Sería absurdo —o hasta mentiroso— demeritar su capacidad intelectual y profesional. El problema, en realidad, es la diligencia con la que sirvieron a un régimen de explotación y detrimento de las capacidades de gestión estatal, lo cual agudizó la desigualdad y pobreza en México. Por tanto, cuando se dice que estos personajes son neoliberales y neoporfiristas, no es crítica o insulto, sino mera descripción.
En el contexto de la Reforma Energética de Enrique Peña Nieto, hace ocho años vimos a varios de ellos en acción; particularmente, a la última camada de itamitas devotos del modelo neoliberal. Se trata del exdirector general de Pemex —el hoy defenestrado Emilio Lozoya— y el extitular de la CFE, Enrique Ochoa Reza, quienes defendieron con aparente brillantez y elocuencia los beneficios de la reforma peñista. Beneficios, por cierto, que nunca llegaron.
Ahora bien, tampoco nos vamos a engañar; al final, lo importante fue que sobornaron a todos los dirigentes de los partidos del Pacto por México para aprobar dicha reforma, pues bien sabido es que los políticos del viejo régimen entienden poco lo lógico, pero bastante bien lo metálico.
Por otra parte, lo que sorprende en estos tiempos de transformación es la mediocridad y bajísima calidad de los cabilderos neoliberales que atacan la iniciativa constitucional en materia eléctrica presentada por el presidente López Obrador. Al parecer, la taxonomía del cabildero neoliberal ha cambiado de especie: el ‘homo itamitus’ quedó atrás para dar paso al ‘tuiterus mediocris’.
La discusión sobre la reforma eléctrica se ha ensuciado tanto porque en el debate público la oposición está mandando a lo peor de su redil. Sería mucho más rico tener a Georgina Kessel —ahora empleada de Iberdrola— debatiendo como en 2013, en lugar de una cabildera de la Carlos Septién, ex reportera de TV Azteca, cuya mayor experiencia en energía fue ser una asesora del montón en Pemex.
La calidad en el contraste de puntos de vista sería mejor si Jesús Reyes Heroles González participara en las mesas, y no un biomédico, excandidato suplente a diputado de Luciano Quadri, derivado en agente de ventas de paneles solares.
Al final, como señalaba anteriormente, algunos itamitas que fueron funcionarios del régimen neoliberal son sin duda muy capaces e inteligentes. También es cierto que fueron, como decía Althusser, auxiliares de la explotación. Todos ellos prefieren guardar silencio en este momento.
Otros exalumnos de ese instituto —que tanto secretario de Estado ha parido— apenas lograron ser subdirectores en la Secretaría de Energía por lapsos de seis meses y ahora se desempeñan como ‘tuiterus mediocris’ que tienen la nada envidiable tarea de enlodar la discusión y hacer el ridículo a contracorriente del momento histórico y de la marea popular que apoya la propuesta presidencial.


