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López Obrador a medio sexenio: ¿bases sólidas para la transformación?

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Con el Zócalo lleno, el presidente Andrés Manuel López Obrador celebró los tres años de gobierno. A lo largo de este tiempo, el mandatario mexicano ha tenido que sortear diversos obstáculos para llevar a cabo su proyecto reformista. El más notable de estos contratiempos, sin duda, ha sido la pandemia de covid-19, tal como reconoció el tabasqueño durante el acto masivo al que convocó a las afueras de Palacio Nacional.

“Hoy cumplimos tres años de gobierno y estamos de pie. A pesar de la pandemia que tanto dolor nos ha causado, aunque se precipitó la crisis económica originada por el neoliberalismo o neoporfirismo, estamos de pie. Hemos resistido a las adversidades y seguimos avanzando en la transformación de la vida pública de México”, dijo López Obrador al inicio de su discurso.  

Si algo ha resaltado en los últimos días, son los altos niveles de aprobación de los que goza actualmente el presidente mexicano a pesar de los contratiempos. Demotecnia registró un 71% de aprobación a finales de noviembre. Una medición similar registró la encuestadora Buendía & Márquez, con 68%. El Finananciero arroja un 66% mientras que Mitofsky un 65% de aprobación. Más abajo y de manera contrastante con el resto de las mediciones, Reforma da apenas un sospechoso 58% de aprobación, lo cual hace pensar que quizá el antagonismo entre López Obrador y el diario, tuvo algo que ver en tan inusual registro.

La popularidad del tabasqueño se explica por algunos logros de su administración. El más notable, sin duda, han sido los programas sociales, mismos que han otorgado al presidente un margen de maniobra considerable ante los embates de las élites empresariales mexicanas y extranjeras, junto con sus medios afines. Invertir en los pobres, ha resultado ser redituable en términos políticos para López Obrador, cuya popularidad está a niveles parecidos con los que llegó a ocupar el cargo en diciembre de 2018. Algo que se dice fácil, pero llama la atención debido al continuo desgaste mediático que en algún momento pueden representar las conferencias de prensa matutina, que son al mismo tiempo, una de sus principales fortalezas, sobre todo, a la hora de establecer la agenda noticiosa.

Además de los programas sociales, el sector laboral ha sido otro de los grandes logros de la Cuarta Transformación. Esto incluye desde revertir el esquema de subcontratación (mejor conocido como ‘outsourcing’) hasta subir el salario mínimo a un nivel que no había alcanzado prácticamente en 30 años.

Otro de los avances notables, se da en la política fiscal, al aplicar mano dura contra los grandes deudores que durante varios sexenios gozaron de privilegios para eludir impuestos y al mismo tiempo sobreexplotar a los trabajadores en aras de la “competitividad” que tanto pregonaban los neoliberales.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. Los retos y pendientes siguen siendo muchos. La inseguridad y la violencia ocupan el principal foco de preocupación, dado que, desde el inicio de la administración lopezobradorista, lo más que se ha podido hacer es modificar la tendencia a la alza en el número de homicidios dolosos, para entrar en una meseta con altos número de homicidios (más de 2,500 al mes, en promedio), con una ligerísima y casi imperceptible tendencia a la baja.

El ámbito económico es otra de las grandes preocupaciones de los mexicanos, aunque las secuelas de la pandemia, han derivado en una serie de afectaciones económicas (como el considerable repunte de más de 7% anual de inflación), que sin embargo, podrían haber sido aún más graves sin una férrea política de austeridad y un bajo nivel de endeudamiento. Una política económica que contrasta con los grandes niveles de deuda adquiridos en los dos últimos sexenios.

Otra de las críticas constantes, tiene que ver con los privilegios concedidos por la Cuarta Transformación al gremio militar. Privilegios que, hasta cierto punto, se vuelven necesarios para evitar un golpe de Estado promovido por los reaccionarios de derecha que pretenden regresar el poder a costa de lo que sea.

Debido a todo lo anterior, la pregunta que ronda en el aire es: ¿qué tan duradera es la transformación que está construyendo López Obrador?

Al final de su intervención en el Zócalo, el tabasqueño consideró que el proceso de cambio va más allá de lo material y el marco jurídico.

“Lo más importante es que ya sentamos las bases para la transformación del país, entre todosEn tres años ha cambiado como nunca la mentalidad del pueblo, que eso es lo más importante de todo: la revolución de las conciencias, el cambio de mentalidad, eso es lo más cercano a lo esencial, a lo mero principal y eso es lo más cercano a lo irreversible. Pueden darle marcha atrás a lo material, pero no van a poder cambiar la conciencia que ha tomado el pueblo de México”, remató el oriundo de Macuspana. 

Y en este sentido, pareciera que López Obrador tiene una buena dosis de razón. El alto grado de nivel de politización que existe actualmente en México, es algo muy distinto a lo que sucedió a lo largo del periodo neoliberal, donde imperó la apatía de un sector que se asumía orgullosamente como “apolítico”. Esos tiempos quedaron atrás para abrir paso a un álgido clima de discusión y constante confrontación política que, pese a lo cansado que pueda resultar en ocasiones, ha significado un alto involucramiento de los ciudadanos en la cosa pública.

Una situación que, más allá de un hipotético y de momento lejano regreso de la derecha al poder, será difícil revertir de la noche a la mañana, debido a una sociedad mexicana que parece haber dejado atrás la cómoda apatía de antaño, para tomar discutir y tomar las riendas de su propio destino.

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