(18 de septiembre, 2014).- La sospecha sobre la posible ejecución de 22 jóvenes en Tlatlaya, Estado de México surgió el mismo día en que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) anunció el “enfrentamiento” entre soldados y los presuntos delincuentes.
La versión oficial relata que el 30 de junio, elementos de la Sedena fueron atacados y ,“en legítima defensa”, respondieron a la agresión. Sin embargo, “Julia”, cuyo nombre real se omite por seguridad, desmiente la narración oficial.
En entrevista con Esquire México, la única sobreviviente del tiroteo explica: “Ellos (los soldados) decían que se rindieran y los muchachos decían que les perdonaran la vida. Entonces (los soldados) dijeron ‘¿no que muy machitos, hijos de su puta madre? ¿No que muy machitos?’. Así les decían los militares cuando ellos salieron (de la bodega). Todos salieron. Se rindieron, definitivamente se rindieron. (…) Entonces les preguntaban cómo se llamaban y los herían, no los mataban. Yo decía que no lo hicieran, que no lo hicieran, y ellos decían que ‘esos perros no merecen vivir’. (…) Luego los paraban así en hilera y los mataban. (…) Estaba un lamento muy grande en la bodega, se escuchaban los quejidos”.
La joven también asegura que fueron los soldados quienes lanzaron el primer tiro. Aunque sí hubo una respuesta por parte de los jóvenes, el saldo del enfrentamiento fue de un muerto, pues los muchachos se rindieron.
A pesar de ello, fueron interrogados por horas en la misma bodega. Érika Gómez, de 15 años, recibió un balazo en la pierna que la dejó tendida en el suelo. Minutos después, los soldados la ejecutaron. Lo mismo ocurrió con otro muchacho que estaba al lado de Érika. “A él lo pararon y lo mataron, después se pusieron los guantes y lo volvieron a acomodar como estaba. Se pusieron guantes para agarrarlo. Lo pararon y lo mataron. Con ella hicieron lo mismo. A ella no la pararon porque no podía caminar”.
Pese a las súplicas, los militares no le permitieron a Julia auxiliar a la quinceañera. El certificado de defunción confirma la versión de la testigo, la causa de muerte fue un balazo en la “cavidad torácica”. Las fotografías del cuerpo de la menormuestran dos agujeros causados por arma de fuego.
Sin importar las evidencias, el 15 de julio la Procuraduría General de Justicia del Estado de México (PGJEM) concluyó que no se realizaron disparos a corta distancia, “el intercambio de disparos fue proporcional; de acuerdo a la trayectoria de los proyectiles y la posición en que fueron hallados los cuerpos, [no existe] indicio alguno sobre una posible ejecución”.
La publicación que encontró a la testigo también acudió a las oficinas de la PGJEM, para contrastar relatos. Ahí les explicaron que la Procuraduría General de la República tomó la investigación a los pocos días del suceso, por lo que no podían comentar más sobre el caso.


