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¿Los padres pueden proteger a sus hijos en Facebook?

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(11 de mayo, 2014).- El diario sinaloense Noroeste publica la historia de “Zuleica Sweet”, una madre mexicana de tres adolescentes quien creó un perfil falso en la red social Facebook para enterarse de lo que hacían sus hijos en esa plataforma virtual en la que pasan tanto tiempo. Como quizá no sea sorprendente, descubrió que los jóvenes tenían unas vidas de las que ella no tenía la más mínima noticia, y le fueron reveladas algunas de las pequeñas mentiras que todo adolescente dice a sus padres, como pedir permiso para una pijamada con la deliberada intención de irse a meter al antro.

María Herrera, la verdadera identidad de Zuleica, relata que cuando sus hijos descubrieron su identidad secreta ella optó por comenzar a usar su nombre real y convivir con ellos en la red social como si fuera una extensión de su esfera doméstica. Lejos de generar el ambiente de confianza y camaradería que ella buscaba, esto hizo a sus hijos víctimas de las burlas de sus amigos y acabó con el propósito con el que la mayoría de los adolescentes usa las redes sociales: el disfrute de un lugar sin supervisión paterna. Finalmente, María fue bloqueada –una configuración que impide a un usuario ver lo que hace otro– de Facebook por sus tres hijos, y su marido la censuró por espiarlos. Ella se sintió excluida, aunque después tuvo que “decidir” dejarlos vivir sus vidas, reales y virtuales.

En 2012, la Secretaría de Educación Pública (SEP) difundió en las escuelas de educación básica una “Guía de Facebook para padres de familia”, en la que se explica a los padres cómo configurar las cuentas de Facebook de sus hijos para que tengan el nivel máximo de privacidad y se reduzca el riesgo de sufrir acoso virtual (cyberbullying) o de escenarios más graves como verse envueltos en conversaciones con desconocidos que contactan a los menores con fines de intercambio de imágenes sexuales e incluso de relaciones que ponen en riesgo sus vidas.

Pero la experiencia de María muestra que los jóvenes no están dispuestos a convivir en un entorno virtual en el que existen sus padres, ya no digamos en uno configurado por ellos. Como dijo el periodista Pedro Miguel, “en algún momento impreciso entre la pubertad y la mayoría de edad, todo cachorro humano equilibrado y saludable necesita entrar en conflicto con sus padres, con su familia, con la sociedad y con el mundo para forjar su propia identidad”, por lo que el verdadero desafío está en conciliar esa necesidad de autoafirmación de los jóvenes con la protección de su integridad física y emocional en el ámbito del mundo virtual.

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