(6 de enero, 2014).- Ella lleva una carta en su bolsa desde hace más de veinte años. En su mano izquierda está sujeto un pequeño reloj de pulsera negro. Marca las 11:24:20 del 10 de diciembre de 2013; cuenta cada hora, cada minuto, cada segundo para que ocurra el tan ansiado encuentro en el que Rafael aparezca y le diga “mamá, no me busques, aquí estoy”.
Así como son 24 los minutos, son 24 los años que ha esperado. Margarita habla de su hijo, Rafael Benjamín Aparicio: “es él el que se me ha perdido”, su acento salvadoreño hace melodiosas las palabras de esperanza que salen de sus labios.
Junto a más de 40 madres centroamericanas, Ana Margarita Aparicio ha llegado a México para encontrar a su hijo, de su mente no se aparta la idea de que Rafael sepa que ella lo busca, que él sigue siendo su preocupación.
“Él viajó en 1989 y estuvo aquí hasta el 90, en el 90 me escribió una amiga de él, que tenía él aquí, que conoció en Huehuetán, Chiapas. Él estuvo trabajando por unos cuatro o cinco meses, estuvo trabajando en una empresa bananera. Esa fue la última noticia que yo supe de él, no de él sino de… porque la muchacha me escribió una carta. Mire que aquí anda la carta, ¿quiere ver?”, me pregunta desde la butaca en la que se encuentra sentada. Le respondo inmediatamente: sí.
Apartada de la mayoría de las otras madres que se encuentran desayunando, me mira con sus pequeños ojos cristalinos de color marrón. Margarita toma su bolso del mismo escalón en el que estoy sentada. Cuenta que fue una amiga de su hijo quien le envió la misiva que se dispone a enseñarme; junto con ella se encontraba el pasaporte de Rafael.
Hurga en su bolso entre plásticos que contienen más papeles y objetos personales, saca una carterita de telar. Continúa… “y yo cuando recibí la carta pensé que eran fotos las que me mandaba él, de que él ya estaba allá y yo: ‘¡ah qué tranquilidad la mía! ¡Gracias a Dios, ya mi hijo ya está allá!’ Pero no, no recibí eso, recibí el pasaporte de él; entonces ella me explica todo aquí… Sería bien que usted leyera la carta”, me recomienda cuando está por entregarme el roído y amarillento sobre.
A costa de respirar y caminar pausado, debido a las dolencias en sus rodillas, Margarita ha venido desde El Salvador por tercera vez en la Caravana de Madres Centroamericanas Buscando a sus Migrantes Desaparecidos “Emeteria Martínez”. Desde que no tuvo noticia de su hijo, acudió al Centro de Recursos Centroamericano (Carecen), organización que, hasta su cierre, se dedicó a la búsqueda de personas en México.
En 2006, padres, esposas y madres, entre ellas Ana Margarita Aparicio, fundaron el Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos El Salvador, organización que la ha ayudado para viajar a México en cada ocasión.
Abro el sobre y extiendo la carta encima de mis rodillas, cuidando afanosamente no maltratarla, porque cada uno de los pliegues de la hoja de libreta a rayas se encuentra raído. Pienso entonces que tengo entre mis manos un documento de singular valor, antiguo y con una carga emocional como ningún otro. Nadie más que la familia de Benjamín y personal de migración conocen el contenido.
Margarita me expresa: “Mire, no le miento, en Huehuetán está la dirección que ella mandó, vea ahí, porque yo sin lentes no veo. Fíjese, no se le distingue bien la fecha, pero él en el 89 se fue, esa carta es la que recibí de esa muchacha, ¿es del 89 o del 90? Del 90, ¿verdad?”, me pregunta.
Yo sólo pienso en no lastimar ese papel que es como una hoja marchita en la que se encuentra una parte de la vida de Rafael. Tampoco traigo mis lentes, así que intento enfocar la vista en el papel entre la media luz artificial del auditorio, ubicado en la calle de Donceles del Centro Histórico. “Sí, agosto de 1990”, respondo.
“Esta carta me la escribió ella, mandándome el pasaporte de él, y ella me explica todo aquí. Y aquí está también ésta”, expresa mientras saca un trozo de papel de block a rayas, “ésta me la escribió un amigo de él y me la llevó diciendo que se encontraba en esta dirección, creo yo que es la misma de ahí”.
Ese papel se lo dio otro migrante salvadoreño con quien Rafael partió hacia los Estados Unidos, persiguiendo el sueño americano; él decidió regresar a su país y le llevó noticias a Margarita, quien hasta hoy, no tiene otro indicio del paradero de su hijo que la epístola escrita por una mujer desconocida.
“María del Rosario es la muchacha que él conoció. Era amiga de él, me explica lo que él se expresó de la familia y de mí. Esa es la última comunicación que tuve de él, que es la carta que me dio esa muchacha, que ahí me cuenta que ya salió para Estados Unidos, de ahí de Huehuetán de Chiapas”.
La carta de María del Rosario fue la respuesta para Margarita, quien escribió a Crucero Carretera Costera No. 35, Estación Huehuetán, Chis., CP. 30670, una vez que, en 1989, el amigo de su hijo le entregó la hoja con el paradero de Rafael.
Después de recibir la minuta de María del Rosario Reyes López, en 1990, Margarita escribió nuevamente. “Desde esa fecha, yo le contesté la carta a ella y me la regresaron. No la recibió ella. No supe nada, nada de ella. Los mismos amigos con los que él se fue, llegaron a El Salvador y le dijeron que por qué no se regresaba él también a nuestro país, y él dijo que no, que para El Salvador no se iba, que él quería seguir pa’ delante”.
María del Rosario explica que Rafael estuvo trabajando en una finca bananera aproximadamente seis meses, que éste le contestó a Margarita, pero ella no recibió nunca la carta que menciona María; le comunica que el 16 de mayo de 1990, Rafael “se marchó rumbo a Estados Unidos”, con otro muchacho de Guatemala, pero cuando “estaban a unas escasas horas para llegar a México D.F., los de migración detuvieron a su amigo, pero él se salvó por milagro de Dios”.
“Y cabalito esa carta me vino con la misma dirección que los muchachos me tomaron, que los muchachos me entregaron, ¿verdad?”, me espeta esta madre con ansias de reencontrar a su hijo, mientras miro ambos documentos.
“Y luego yo le contesté, pero no la recibió ella. Con la misma dirección y me la regresaron, y hasta ahí yo nomás supe. Y que sea ella la que haya escrito u otra persona que haya hecho la carta ya hay una incógnita. Ahí no sé si esa muchacha es amiga de él o la hizo alguien y buscaron ese nombre, para, tal vez disimular, ¿verdad? Para saber que era una mujer la que me escribía”, son las dudas de Margarita, así como las de cientos de madres centroamericanas que, en sus procesos de búsqueda, se encuentran con decenas de inconsistencias en las historias que a jirones van reconstruyendo.
Por otro lado, la incertidumbre de lo que les ocurre a miles de personas que, como Rafael, salen de sus países de origen en busca de trabajo, en busca de una mejor vida para sí mismas y para los suyos. En el transcurso, nunca se vuelve a saber de ellas, a veces ubican sus cuerpos, sus tumbas y en el mejor de los casos ocurren reencuentros, lo que llena de esperanza a las madres que continúan a pie tratando incansablemente de hallar a hijas e hijos.
“Así ando haciendo la lucha con mis compañeras, todas de Centroamérica. Hoy vengo por tercera vez con la esperanza y la fe en Dios, porque se han dado encuentros. Entonces a mí en este trayecto, viendo eso, yo me regocijo de alegría ante las madres que han solucionado sus problemas con la búsqueda. Que ya han encontrado a uno de sus seres queridos, y nosotros no perdemos la fe de que tal vez algún día sea la dicha de encontrar los nuestros”.
En esta IX Caravana, fueron cinco los reencuentros personales, seis vía telefónica y, también, el hallazgo de la tumba de Elsi Patricia Quintanilla, sepultada en un panteón de Tapachula.
“Mi dolor es por este muchacho, que ya 24 años de tanto dolor, tanta pena, tanto sufrimiento, y en vista de que no sólo soy yo, me da pues aquello de que no sólo es mi dolor, sino el dolor de todas las madres que hemos venido a esta caravana. Entonces el sentir es una sola cosa. El sentir, el dolor de Una es un sólo dolor de todas. Entonces yo tengo la esperanza de que donde yo esté y estemos en grupo, aparezca y me diga: ‘mamá, no me busques, aquí estoy’. Esa es mi esperanza”.
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A continuación, Revolución TRESPUNTOCERO reproduce al pie de la letra (sic), la carta de María del Rosario Pérez López a Margarita Aparicio, madre de Rafael:
Huehuetán a 1-VIII-90
Espero que al recibir esta carta se encuentre gozando de completa salud al lado de quienes la rodean y demás familiares. Después de mi breve saludo paso a lo siguiente:
La presente va con el fin de informarle sobre su hijo Rafael, Señora aunque no la conozco pero por lo que su hijo me ha hablado de usted y por la carta que me envió sé que usted es una buena persona, de nobles sentimientos y por lo tanto es una madre que debido a las circunstancias está sufriendo lo indecible por saber cómo se encuentra Rafael, él estuvo trabajando en una finca bananera aproximadamente como 6 meses, en el transcurso de ese tiempo le contesto a la carta que usted le envió, no sé si dicha contestación llegó a sus manos.
El 16 de mayo del presente año se marchó rumbo a Estados Unidos de América con un muchacho que también es de Guatemala y con el cual hizo amistad en su trabajo, según sé que cuando estaban a unas escasas horas para llegar a México, D.F. los de migración detuvieron a su amigo pero él se salvó por milagro de Dios y si el creador lo permite, para estas fechas quizás él esté por alcanzar su meta, Después de lo sucedido no he vuelto a saber nada de él lo cual también a mí me tiene con pendiente porque si algo malo le llegara a suceder, que Dios no lo quiera, a mí me dolería mucho, si llega a saber algo de Rafael por favor avíseme para saber cómo se encuentra y poder estar tranquila.
Junto con la carta le envío unos documentos de Rafael por favor avíseme si los recibió o si no para reclamarlos en la agencia de correos y perdóneme que no se los enviara antes pero fue por causas ajenas a mi voluntad, lo que pasa es que en esas fechas entré a exámenes finales a la Universidad y esa fue la causa por la que no se los pude enviar antes.
(Continúa atrás [sic])
Señora no sabe con cuanto amor, con cuanta ternura y con mucho respeto me hablaba rafael cuando se refería a usted, me dijo que la quiere y que como la extraña a usted y su familia, nunca los olvida siempre los recuerda y como desea estar de nuevo entre ustedes y si lucha es pensando en su familia principalmente en usted que es la mujer que lo trajo al mundo y a la cual él quiere respeta y admira.
Y pasando a otro tema aunque me da pena confesárselo pero del cual debe de estar enterada, Rafael y yo no somos esposos, solo fuimos novios pero lo llegué a querer, como a nadie en esta vida y mi cariño hacia él fue y seguirá siendo sincero y eterno, créame que al marcharse sufrí demasiado y con él se fue mi vida entera, no sabe como le pido a Dios para que lo bendiga siempre y que nada malo le suceda en el camino; como deseo volver a verlo algún día aunque sea solo para saludarlo.
Señora tengo la seguridad de que Rafael los quiere y los extraña y desea estar de nuevo con ustedes.
Que Dios los bendiga a usted y su familia así como a Rafael donde sea que él esté.
Por favor contésteme para saber si los documentos llegaron a sus manos, la dirección correcta es esta:
Crucero carretera costera #35
Estación Huhuetán, Chis
CP. 30670
A nombre de: María del Rosario Reyes López
Se despide de usted quien la respeta y admira









