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Madres centroamericanas claman por sus hijos en día de DD.HH.

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(11 de diciembre del 2013).- En cuestión de minutos arribaron y la expectación cayó sobre ellas. Hasta la tarde de ayer, ya llevaban recorridos poco más de 2 mil kilómetros en un periplo que comenzó en Tenosique, Tabasco, para luego avanzar sobre varios estados del país –para ser ciertos, siete.

Cubiertas por semblante agotado, pese a todo, vindicaron nuevamente la exigencia que estremece. Duelo en voz alta: “Hemos recorrido muchos albergues y decimos: los nuestros estuvieron aquí. Cuando vemos la bestia, que nosotros le decimos al tren, nuevamente decimos: ella sí nos ha comido a muchos de nuestros familiares, de nuestros hijos”.

Y es que al fin, el recorrido de la Caravana de Madres Centroamericanas desembocó en la Ciudad de México para hacer eco en la sociedad mexicana y su gobierno.

 En el contexto del día internacional de los derechos humanos, organizado por el Claustro de Sor Juana y Amnistía Internacional, junto a otras organizaciones, las invitadas especiales fueron ellas. Especialmente ellas.

Y no era para menos.

En el lema de la gente reunida que estalló al unísono, entre muestras de empatía, la solidaridad contagiada por la euforia: “¡¿Dónde están?!, ¡¿dónde están?! ¡¿Dónde están nuestros hijos?!, ¡¿dónde están?!”. Grito que marcó un profundo contraste con la posición de las autoridades mexicanas que, desde el 2011, han ignorado la ley de migración que posibilitaría una estancia legal en México a miles de migrantes.

***

Caminata lenta de preguntas y silencios. Horas de insomnio acumulado. La tímida sonrisa ante el apoyo de la sociedad civil. Los aplausos que interrumpieron el minuto de silencio para homenajear a Nelson Mandela: ese fue el festín de hacerse escuchar en medio de tanto silencio y tanta violencia.

 “Mi nombre es Rosa Nelly Santos, represento a todas esas centroamericanas que se quedaron del otro lado de la frontera. Es por eso que como madres, no valientes, sino que hacemos la fuerza de estar aquí paradas y decirles: buscamos a los nuestros. Quiero que les brinden un fuerte aplauso a estas mujeres que, ante el crimen organizado, están aquí en México.

 “Nosotros sabemos que no estamos solas ni solos en esta búsqueda. Los frailes, los activistas, los padres y muchos están en la búsqueda de nuestros familiares y nuestros hijos. Ellos, en cada país, ven volver a nuestros hijos mutilados de las piernas y los brazos. Casi todos tienen un hijo que ha migrado por adversas condiciones de pobreza. Sabemos que las autoridades no nos van a entender. Sólo venimos a que nos entiendan: ellos no vienen a robar sus tierras.”

 Ante un auditorio que se contaba por cientos, las mujeres que cargaron consigo las banderas de Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua, presenciaron el festival que aglutinó con números musicales y arte en vivo. Las acompañaron fotografías de sus hijos, que, por poco, como un aliento fantasmal, se contagiaron del ritmo.

 Al finalizar, en punto de las nueve de la noche, abandonaron el lugar. Llegaron como se fueron: en busca de los ausentes. Los no escuchados. Aquellos que roban la angustia de sus familias. Y como ésta vez, pareció, encontraron oídos en quien resonar.

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