(25 de abril, 2020. Revolución TRESPUNTOCERO).- En la última década, la deuda pública de México ha crecido más del doble, por lo que, sumado a los intereses generados, el pago de este pasivo absorbe más recursos de los que se destinan al sector salud a nivel federal.
Según datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en el 2000, Vicente Fox Quesada asumió la presidencia con una deuda de 19.9 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).
Por su parte, en el 2006, con la llegada de Felipe Calderón al poder, dicha cifra se encontraba en 18.7 por ciento. Sin embargo, a lo largo de su sexenio, la deuda creció hasta el 33.8 por ciento del PIB: casi el doble.
Cabe recordar que en el 2009, México combatió la epidemia de influenza tipo A-H1N1, pero esta experiencia no sirvió para que la administración calderonista reconsiderara la importancia de reducir los niveles de endeudamiento o priorizara los presupuestos de salud pública.
El gobierno de Enrique Peña Nieto consiguió, aunque no de manera tan acelerada como Calderón, que siguiera incrementándose la deuda. Por tanto, cuando dejó el cargo, en 2018, la deuda había llegado ya a 46.1 por ciento del PIB, es decir, casi la mitad del tamaño de la economía mexicana.
De esta manera, la herencia de dichas gestiones a la administración actual implica que se requiera una porción significativa del presupuesto federal para cubrir los intereses y comisiones con los acreedores del gobierno. No obstante, en diciembre de 2019, al cumplirse el primer año de la gestión obradorista, la deuda ya había comenzado a bajar gradualmente, llegando a 45.5 por ciento.
Sin embargo, en el contexto de la emergencia sanitaria por COVID-19 y sus efectos económicos a nivel nacional e internacional, diversos actores de la oposición, la prensa y el sector empresarial han hecho múltiples llamados al presidente Andrés Manuel López Obrador y exigen que se contrate nueva deuda pública para enfrentar la caída de la actividad económica ante la pandemia.


