(16 de diciembre, 2014).- La desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, y el hallazgo único de los restos de Alexander Mora han representando una profunda crisis para México, a un par de semanas de cerrar el 2014.
Esto contradice el discurso que se había manejado internacionalmente en torno a Enrique Peña Nieto, debido a sus llamadas “reformas estructurales”.
Durante su segundo informe de gobierno, el pasado 1 de septiembre, el priista presumía que su ciclo “reformador” apuntalaría el crecimiento, a la vez que anunciaba la supuesta reducción de la inseguridad y los índices delictivos.
Sin embargo, 25 días después, la policía municipal de Iguala, Guerrero, atacaría a un grupo de normalistas, dejando a seis personas sin vida, 25 heridos y raptando a 43 jóvenes; de quienes a la fecha, sólo se ha identificado a un joven en los restos hallados en distintas fosas clandestinas.
Esto confirmó que la violencia impuesta durante la gestión de Felipe Calderón entre 2006 y 2012 no había terminado, pues además, en dichas fosas fueron saliendo a la luz muchos otros cadáveres aún sin identificar.
Lo más grave del asunto evidentemente fue la implicación de representantes del Estado mexicano, pues el ataque fue ordenado por el exalcalde de Iguala, José Luis Abarca, y su esposa María de los Ángeles Pineda, quienes también han sido vinculados con el cártel Guerreros Unidos.
Además, el gobierno federal tardó cerca de ocho días en actuar, por considerar que los hechos correspondían a un conflicto local.
Desde entonces, la indignación y muestras de solidaridad con los familiares de las víctimas, provenientes de todo el país y diversas partes del mundo no se hicieron esperar, resaltando la crisis de seguridad y justicia que atraviesa el país, pues además de los 43 normalistas se tiene registro de 22 mil casos de desaparición que no han sido resueltos.
Por otra parte, se han revelado los vínculos de Angélica Rivera —esposa de Peña Nieto— y Luis Videgaray —secretario de Hacienda— con Grupo Higa, empresa contratista del gobierno del Estado de México durante la administración peñista, y ahora del gobierno federal.
En tanto, la crisis económica también ha ido en aumento, para terminar de desmentir el discurso “reformador” del mexiquense.

