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Neolimediatismo

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La derecha y la izquierda están condenadas al fracaso y al éxito, pues es una balanza de subjetividades la que las porta. El problema está en pensar de manera maniquea que en estos dos lados de la balanza sólo existen dos ollas para contenerlas, en realidad y sin ánimo de confusión, estos receptáculos pueden llegar a ser infinitos, de hecho, son estos mismos y su peso inevitable los que generan la inclinación más de lo que terminan conteniendo.

Bajo este contexto podríamos decir que en estos momentos el contenedor de la derecha es una hoja de papel que además pareciese estar llena de cosas, pero ninguna de verdadero peso como, por ejemplo, los medios corporativos o los grupos empresariales que, aún teniendo todo el dinero del mundo, no logran crear identidad e ideología puesto que se les cayó el teatro montado durante años de supuesta prosperidad y progreso gracias a algo muy sencillo: la realidad.

Efectivamente, la derecha es oposición únicamente porque se opone a todo, pero en este desquiciado frenesí que los ha caracterizado desde hace tres años, no han adquirido peso que incline la balanza a su favor por el simple hecho de que, como un globo de mala calidad, terminaron desinflándose para pasar a ser una simple tripa de plástico.

Sin embargo, la derecha no es la única oposición que existe y eso es algo que poco a poco iremos descubriendo.

La oposición más fuerte de la izquierda que gobierna en estos momentos en México está en la izquierda, misma que poco a poco comienza a vislumbrarse. No olvidemos que la izquierda son muchas izquierdas, y al ser el movimiento lo que caracteriza a este lado ideológico, aún hay más variantes por venir, algunas son más peligrosas que otras, varias de ellas están interconectadas y comparten pensamientos parecidos, otras definitivamente no. Esta es una de las razones por las que pareciese que el movimiento de izquierda en México está desorganizado, pero en realidad este mismo movimiento constante es lo que lo organiza de formas que la derecha y toda nuestra programación de décadas a veces no entiende, por la misma razón de que —por más ateos que seamos— nos sorprenderíamos ante la cantidad de pensamiento católico que portamos al estar en algún lugar que no sea católico.

Además, no podemos pasar por alto que algunos conservadores o personas de derecha, a diferencia de los verdaderos zurdos, no tienen empacho alguno en proclamarse como izquierdistas, libres pensadores o hasta paladines de la libertad, con la finalidad de destruir o mancillar el zurdismo de cualquier sitio; ahí tienen el caso del señor X, que ni siquiera duda en llamarse de izquierda para, 3 minutos después, escribir 7 tuits citando a Sergio Sarmiento, o el circo hipocondríaco de una tal Xóchitl Gálvez diciendo que se formó como socialista y sindicalista.

Pero en realidad ellos no resultan ser un problema por el hecho de que sabemos, gracias a la memoria, que solo son unos farsantes. A donde realmente hay que voltear es a las izquierdas, porque ahí es donde realmente está la oposición, que agradezco exista, ya que un gobierno como el que tenemos ahora necesita una oposición digna y no la que ha existido preponderantemente estos tres años con los frenas, los loretos, los Krauzes y los panistas por mencionar algunos. Esa oposición digna —a pesar de que no nos guste— está en el Astillero, en Aristegui (claro ella casi tocando la derecha), en Sabina Berman, en Monreal, en Noroña entre otros, oposición digna (mayormente), argumentativa, dura, y a veces cuchicheada por el recurso derechista de inventar o suponer cosas. Pero seamos sinceros, suelen ser buenos opositores, nos gusten o no sus formas.

Como una buena obra teatral que navega entre el drama y la comedia absurda, estamos gestando un nuevo guión con parlamentos a veces buenos y a veces malos, que mientras más tiempo se esté en cartelera se irá modificando y arreglando. Pero donde la sustancia del contenido es algo tan bueno que puede llegar a durar el tiempo suficiente para nunca más regresar a esas obras repetitivas y mal actuadas del pasado.

El escenario ya está puesto, un escenario nuevo, un escenario que contiene a muchos actores buenos, malos y regulares, donde el principal actor es el pueblo de México y los espectadores son los ya perdidos del PRIANRD.

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