En marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la enfermedad por
Covid-19, una pandemia. A esa fecha, en nuestro país se tenía registro de 35.4 millones de
trabajadores asalariados (28.8 % de la población total y 64.7 por ciento de la población
ocupada). Cifras que invitan a reflexionar entorno a la relación laboral con la que los
trabajadores mexicanos afrontaron este histórico suceso; comenzando con la diferencia que
existe entre trabajo asalariado y no asalariado, que va mucho más allá de los diferentes niveles
de ingreso. Pues la relación salarial más que ser vista como la expresión de un contrato de
aparente equivalencia -en la que el dinero es el medio de intercambio-, debe ser analizada como
el intercambio de la capacidad exclusiva que tienen las y los trabajadores de generar valor, por
medio de la aplicación de su fuerza de trabajo a un proceso productivo capitalista, a cambio de
una cantidad de dinero llamada salario. Esta forma de relación laboral es la más regulada en la
legislación mexicana, y por tal, la que se asocia a las lógicas de empleo formal.
Las y los trabajadores que a la llegada de la pandemia no contaban con una relación salarial
formal, no tuvieron el mínimo de estabilidad laboral para hacer frente a la situación. Pues, sin
dejar de lado que la relación salarial es una relación de subordinación, una característica que en
estos tiempos la distingue es la regulación dirigida a darle cierta estabilidad a los trabajadores.
De acuerdo con la Ley Federal del Trabajo que rige las relaciones comprendidas en el artículo
123 de la Constitución, los trabajadores mexicanos cuentan con condiciones mínimas sobre las
cuales se sustentan las relaciones sociales de producción, tales como: i) el establecimiento de un
salario justo por su trabajo; ii) una jornada de trabajo que no rebase el máximo de horas
estipuladas por la ley; iii) la participación en el reparto de utilidades de la empresa; iv) derecho a
días de descanso; v) derecho a vacaciones junto con una prima vacacional; vi) la concesión de
un aguinaldo; y vii) la inscripción a una institución de seguridad médica. Condiciones laborales
con las que no cuentan los trabajadores que surgieron de las relaciones laborales de corte
neoliberal; quienes, si bien, presentan una relación laboral con su empleador, ésta se da al
margen de los mecanismos formales antes mencionados. Vulnerando con ello el principio
constitucional que establece que el trabajo es un derecho y un deber social.
De ahí que uno de los grandes logros del año que en estos días termina, sea las reformas
realizada en materia laboral, que dan cuenta del cambio de perspectiva del Estado mexicano, al
recuperar la función de supervisor de las relaciones de producción mediante la vigilancia de la
aplicación detallada, regulatoria y protectora de relaciones laborales en favor de los
trabajadores. Para muestra se tienen los avances en la regulación de la subcontratación laboral,
las medidas dirigidas a la procuración de democracia sindical y el cambio en la política salarial,
que pasó de ser una herramienta de contención inflacionaria a una cuyo objetivo es propiciar la
recuperación económica con miras a disminuir los niveles de pobreza en el país, y a que más
mexicanos y mexicanas puedan alcanzar de menos la línea de bienestar familiar para finales del
sexenio.
Reto que aunque se ha complicado con la pandemia, no ha dejado de atenderse, e incluso con
resultados positivos. Para muestra se tiene que en este año el porcentaje de pobreza laboral en
el país disminuyó en 0.9 puntos porcentuales, según datos de la CONEVAL. Entre los factores
determinantes sin duda destaca el aumento en el ingreso laboral real per cápita de la población
de menores ingresos. Que más allá de ejemplificar el cumplimiento del compromiso con los pobres, da cuenta del acierto en la dirección al registrarse en el país una reducción en los
niveles de desigualdad, pues en este año el coeficiente de Gini pasó de 0.512 a 0.503. Indicador
frecuentemente utilizado en los análisis ortodoxos de la desigualdad, de ahí que lo tomemos
como piso para dar cuenta del cambio de tendencia, aun en momentos de pandemia.
Por eso y más, cerramos el año 2021 celebrando. Que aun con los virus del Sars Cov 2 y la
infodemia, los incrementos del salario mínimo en este país en los últimos tres años, han
permitido a millones de trabajadores mexicanos recibir ingresos por encima de la línea del
bienestar del CONEVAL. Indicador de que vamos por buen camino, porque la política laboral
neoliberal que privilegiaba una falsa paz laboral y bajos salarios, ya no va más en este país.


