La presidenta Claudia Sheinbaum fijó postura tras ser incluida en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo de la revista TIME, donde destacó como la única latinoamericana. Lejos de asumir el reconocimiento como un factor externo de legitimidad, la mandataria dejó claro de dónde, asegura, proviene su fuerza política.
Desde Palacio Nacional, en la conferencia matutina, subrayó que su gobierno se sostiene en una sola base: el respaldo ciudadano.
“La fuerza nos la da el pueblo, no nos la da una revista ni empresarios ni ningún gobernante extranjero, nadie más que el pueblo”
Reconocimiento internacional, mismo enfoque interno
La aparición en la lista de TIME no cambia la ruta del gobierno, sostuvo la presidenta. Por el contrario, reafirma —según su visión— que la clave está en mantener cercanía directa con la población y atender sus demandas sin intermediarios.
“Estar siempre cerca de la gente. Atender al pueblo de México. Mientras no nos desviemos de eso va a haber apoyo”
En ese sentido, insistió en que no debe existir un distanciamiento entre gobierno y ciudadanía, y que el respaldo que hoy tiene su administración responde a esa relación directa.
“No hay divorcio entre pueblo y gobierno”
Durante su intervención, Sheinbaum reforzó una idea central: la legitimidad política no se construye desde fuera, sino desde adentro, con la gente.
“Mientras no nos desviemos de eso va a haber apoyo porque es lo que está mostrando, en todo caso, esta revista, que no hay divorcio entre pueblo y gobierno”
La presidenta interpretó su inclusión en el listado como un reflejo de ese vínculo, más que como un reconocimiento individual.
Lo que destacó TIME
La revista TIME publicó su listado anual resaltando perfiles con impacto global. En el caso de Claudia Sheinbaum, se mencionaron aspectos como su gestión en seguridad nacional y su postura en la defensa de la soberanía del país, en un contexto internacional complejo.
Con esta inclusión, la mandataria mexicana se posiciona en una de las plataformas de mayor visibilidad global, en un momento donde su gobierno mantiene el foco en la relación directa con la ciudadanía como eje central de su narrativa política.


