(10 de septiembre, 2014).- En una rápida y pequeña encuesta realizada en el programa de radio Estado de los ESTADOS, los radioescuchas determinaron que todo lo que hoy se dice del mentado aeropuerto en la Ciudad de México carece de veracidad y es una gigantesca cortina de humo, una que evita que se siga tocando el tema de la reforma petrolera y de todas sus consecuencias e incluso que se ejerza presión para que la Corte determine que debe llevarse a cabo la consulta popular que se exige. Puede ser que tengan razón, puede ser que no. Aunque lo primero no es desechable desde el momento en el que comienza la danza de las cifras y se habla de acuerdos tomados desde mucho antes de que se anunciara este proyecto, tan es así que un par de días después del Informe privado de Peña Nieto ya se habían presentado los planos con el diseño correspondiente.
Como en la construcción de la gran galleta, de la “estela de luz”, sobre esta obra no se tienen compromisos para respetar presupuestos así que tal vez, si es que se construye tal y como irresponsablemente lo tienen proyectado, los costos se multipliquen y también se ignora por cuantos dígitos serían los añadidos. Los plazos de la puesta en marcha son objeto de muchos cambios de fechas y de años y ahora ya sale a relucir que tal como está en la maqueta llevará aproximadamente unos 10 años. Este tema ha levantado crítica y polémica. Incluso Jacobo Zabludovsky quien desde que fue distinguido con un reconocimiento que le entregó Peña Nieto se resistía a las críticas en su colaboración llamada “Bucareli”, hizo del conocimiento de sus lectores que las obras diseñadas por el Inglés tuvieron muchas alteraciones entre las sumas inicial y final, y eso que en los países en donde se encuentran no reina, como en México, la corrupción y las asignaciones directas.
El país tienen problemas que necesitan de una jerarquización inmediata para lograr su solución y una sola obra, por más imponente que se crea, no resuelve esta nutrida agenda; menos aun cuando es generadora de empleos temporales y no se visualizan los sacrificios y el uso de presupuestos, además del consabido endeudamiento que de nuevo detienen el crecimiento del país.

