I.- De entre las muchas cosas que se cuentan del pensador Diógenes (412-323, a. de C.), ya sean ciertas o para adornar su leyenda, se dice que despreciaba las riquezas y vivía en un barril y poseía una lámpara para buscar y encontrar a un hombre con las características políticas, éticas y la sabiduría de su época, dominada entonces por las enseñanzas de Sócrates, quien afirmaba: “yo sólo sé que no sé nada”, para criticar e ironizar a los que suponen saber de todo, y que por aquella época eran los platónicos… aunque los sofistas sí eran auténticos sabios que enseñaban la ética democrática de la democracia directa, del glorioso Siglo de Pericles. Diógenes buscaba a un hombre con las virtudes del político democrático y capaz de ejercer el poder con arreglo a una ética popular; o sea, atento a las demandas del pueblo. Y que fuera honrado. Entre los peñistas no hay uno, pues resultaron pillos corrompidos por el tal Juan Armando Hinojosa Cantú, de quien la periodista Ximena Peredo publicó devastador análisis, en el periódico Reforma (20/XII/14).
II.- No estaría mal localizar esa lámpara y buscar con la mayor rapidez a un hombre con experiencia en la política, capaz de salvar (si aún tiene salvación) al peñismo que se despeña en su incapacidad para la política democrática; y que sepa de economía, pero no al estilo de las recetas del neoliberalismo económico de Videgaray. Necesita el país encontrar un hombre que por su trayectoria sepa de política, para que lleve el timón de la nave del Estado con un Gobierno obediente a la Constitución, y que coordine el pluralismo ideológico, cultural y social de la Nación que está desesperada por el malestar que le generan sus demandas de justicia, de terminar con la impunidad de los funcionarios, los abusos de los empresarios, la voracidad de los banqueros. Y ponerle freno a las raterías de los desgobernadores.
III.- Con la lámpara de Diógenes no es imposible encontrar a ese hombre de cualidades excepcionales. Es difícil, pero lo hay. Incluso está entre los que actualmente viven de la política, aunque no para la política. Y el peñismo en agonía, por falta de oxígeno político, está urgido de encontrarlo. Zozobra. Se hunde y tiene motines a bordo de corrupciones y abusos de los funcionarios. Se necesita a un político capaz de poner orden en las élites gobernantes y las que se disputan el botín económico (Larrea, Slim, Azcárraga, Salinas de Gortari y Salinas Pliego, etc.). Los mexicanos estamos hartos del peñismo que no estaba preparado para asumir las tareas de la política, pues a lo mucho son marinos de buen tiempo y en cuanto estalla la tormenta social se muestran “cansados”, con ira y han demostrado, con Peña a la cabeza, que ya no pueden. La alternativa es: renuncian o encuentran al hombre que los pueda salvar para, simultáneamente, salvar al país. O estalla la violencia popular por “hambre y sed” de justicia, pues Ayotzinapa abrió la Caja de Pandora mexicana donde se acumulaban todos los males, y solamente queda la esperanza de encontrar, con la lámpara de Diógenes, al hombre con todas las cualidades del POLITICO.

