(25 de agosto, 2014).- Con el argumento de que bloqueaban el tráfico, personal de Migración y de Aduanas impidió la realización de una misa en memoria de los asesinados en San Fernando, Tamaulipas, Gerardo Jesús Rivera, Obispo de la Diócesis de Tabasco, junto a un grupo de sacerdotes y religiosas y cerca de 30 centroamericanos fueron desalojados de la frontera mexicana con Guatemala, por lo que el acto debió llevarse a cabo del otro lado de la línea.
Según testigos, la introducción de la ceremonia a cargo del fraile Tomás González, director de la Casa del Migrante “La 72”, que se realizaba sobre la acera de entrada a territorio guatemalteco, fue interrumpida por un empleado de la Aduana de nombre Óscar Ramírez alegó que se llevaba a cabo en un recinto fiscal.
El fraile reviró y aclaró que no se estaban cerrando las instalaciones para efectuar la misa, palabras que no hicieron efecto en el funcionario quien insistió en la falta de permiso para interrumpir el flujo vial, además de amenazar con aplicar la ley si no se movían de lugar.
Ante ello, el Obispo Rivera solicitó a González acudir con las autoridades de Guatemala para realizar la misa en su territorio, pedimento que fue aceptado inmediatamente, aunque más tarde lamentó la indisposición del gobierno mexicano, así como la ausencia de monseñor Mario Friandi de El Petén.
Rivera también destacó la celebración de la misa como parte del acercamiento entre las diócesis de El Petén, Quintana Roo y Tabasco. “De cierta manera se celebró la misa y pedimos por los migrantes y pedimos por ellos (los funcionarios gubernamentales)”, refirió el obispo.
El desalojo por parte de las autoridades mexicanas, fue igualmente criticado por Luis Ortiz Monasterio, coordinador regional de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). “Fue un acto con total falta de imaginación. Definitivamente, no puede ser que suceda en un evento de esta naturaleza, que honra a los dos pueblos, porque eso era lo importante”, señaló el funcionario.


