(25 de septiem3bre, 2014).- El pasado 30 de junio los restos de Sandra Camacho fueron encontrados en diferentes puntos de la Unidad Tlatelolco. Sobre su asesinato mucho se escribió, pues el culpable, Javier Méndez Ovalle, obtuvo la medalla de bronce en las Olimpiadas de Física 2011 en Estonia.
Para el 21 de septiembre, la revista Emeequis publicó un artículo titulado “El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia)”. En él, Alejandro Sánchez González, narraba el crimen.
El relato, donde se hacía referencia a pensamientos del asesino, ha generado indignación entre los lectores, pues justifica la violencia ejercida contra Sandra:
“La joven nacida en Ixtapaluca, Estado de México, no se detiene. Sigue, según lo percibe él, en plan mala onda, de plano ojete. –¡Ja, ja, ja, ja! –las risas forzadas taladran de nuevo la cabeza de Javier… Sandra no para, sigue riendo, como una niña chiquita que no tuviera corazón; se burla y se le acerca. Javier reacciona. Se aleja de ella, quiere acabar con eso, pero no sabe cómo. Sandra lo jode, se le acerca otra vez, lo jode, lo molesta mucho. La desesperación se apodera de Javier. Está tan cerca. La quiere alejar, la empuja, ella tropieza y cae.”
En otro fragmento puede leerse cómo el delito de homicidio es presentado como un error.
“Javier trata de defenderse como puede. Es lo único que quiere. No le quiere pegar, sólo defenderse, pero la golpea en la cara. Ha sido un accidente. Pero ella grita más y más fuerte. Javier le dice que se calle, sus gritos son insoportables. Las uñas de Sandra rasgan levemente la piel del joven. Que se calle, por favor. Que se calle.”
En respuesta al autor y la revista, usuarias de redes sociales promueven una queja ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), pues “al exponer la violencia feminicida de forma legitimada y normalizada, por el comportamiento de una mujer, y al invisibilizar los derechos de la víctima, ellos, como miembros de medios de comunicación, están promoviendo la violencia y el odio contra las mujeres”.
Entre las peticiones está que Alejandro Sánchez González ofrezca una disculpa pública y la revista Emeequis publique, tanto de forma impresa como digital, el mismo artículo, analizado desde una perspectiva de género y de derechos humanos.


