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Presupuesto, sin moneda de cambio

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Algunos estaban acostumbrados no a hacer política sino negocios. A ponerle precio a sus convicciones y vender sus decisiones. Qué difícil debe resultarles ahora que tras el presupuesto aprobado no haya nada sobre la mesa. Ningún botín del cual ufanarse en la oscuridad, de espaldas al pueblo traicionado. Nada de billetes bien apilados que disfrutar; nada que mandar al extranjero al paraíso fiscal de moda.

Durante décadas legisladores de las fuerzas políticas dominantes, simularon que trabajaban por la sociedad y que incluso tenían diferencias “casi irreconciliables”; pero que al final, tras un intenso periodo de negociaciones, análisis y reflexiones, se ponían de acuerdo “por el bien de la Nación”.

Detrás de esos “grandes esfuerzos” había una series de burdas negociaciones por parte de esos legisladores que, como en el mercado, le ponían precio a sus conciencias y votos en función del peso específico que ocupaban en sus grupos parlamentarios.

Por eso ahora los reclamos se acumulan como ruidosa cascada por parte de aquellos que se sienten profundamente heridos, no tanto en sus convicciones como en sus bolsillos. Gritan que los de Morena, Verde y PT son “achichincles del presidente”, que no piensan y solo están ahí para recibir órdenes. Claro, lo dicen los mismos que hicieron de los presidentes en turno los amos y señores de la vida pública del país. Los artífices y herederos de frases como “las horas que usted diga señor presidente” y “el que se mueve no sale en la foto”.

El debate prolongado por días en la Cámara de Diputados nos dejó ver la debilidad de argumentos de la oposición: Que los programas sociales, ya constitucionales, “son clientelares y electorales”; que no debemos ayudarle a los más desfavorecidos porque se van a “mal acostumbrar” y mejor apostar por los que ya saben y tienen más, como si eso no terminara haciendo aún más profundo el abismo entre unos que tienen casi todo y la mayoría que tiene casi nada.

En medio de la estridencia, ¿estamos entonces ingresando ante un nuevo paradigma en materia política-legislativa en México? Cuando menos en este sexenio, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha puesto en el tablero nuevas reglas de juego: ni el gobierno ni el partido en el gobierno, Morena, deben negociar como en el mercado en el que se colocan los precios de acuerdo a la oferta y la demanda bajo la lógica de “qué necesitas y qué tanto lo necesitas y entonces te digo cuánto vale”. Reglas que acotan el margen de maniobra a los opositores que ya calculaban qué ceder para qué obtener a cambio.

Mientras tanto no han faltado los opositores que aseguran que la Reforma Eléctrica de AMLO está muerta porque no los dejaron meter las manos en el presupuesto como si se tratara de un pastel a repartir y no de los recursos del pueblo, muchos de esos ya comprometidos por mandato constitucional.

AMLO invita a los opositores a debatir tema por tema sin mezclaros. Les sugiere poner las convicciones por delante; no las conveniencias tan efímeras como cuantiosas que los llevaron a aceptar millones a cambio de entregar al país pero que terminaron metiendo a varios de ellos en un tremendo lío irresuelto por el que aún deben responder.

En medio del estruendo mediático generado por algunos en las redes que hoy descalifican el presupuesto, aquí un par de datos destacables, entre muchos:

  • El presupuesto 2022 implica para el sector salud más de 793 mil millones de pesos. Incluye una inversión histórica para ampliar y mejorar los servicios de salud… la oposición votó por el NO.
  • Para los estados representa un incremento de recursos en términos reales de 4.7 por ciento. Las entidades tendrán 100 mil millones de pesos adicionales… la oposición votó por el NO.

Además este presupuesto privilegia las transferencias directas con lo que se eliminan a intermediarios, coyotes de cuello blanco y ordinarios que se colocaban al acecho de los recursos públicos y provocaban el efecto “colador” en el que capturaban todo arriba y en la base de la pirámide solo llegaba un cruel e inhumano goteo que terminaba por evaporarse en las manos de los supuestos beneficiarios.

Son tiempos difíciles para quienes se acostumbraron a hacer de la política una subasta al mejor postor. Tiempos en los que por igual la Cuarta Transformación hace valer su mayoría obtenida por la vía democrática y el empuje popular.

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