* Artículo de opinión
(18 de marzo, 2014).- Nadie ondeó una bandera de Estados Unidos en Afganistán, ni en Irak ni en Libia, países invadidos –los dos primeros– y bombardeado –el tercero– en los últimos años por las fuerzas armadas estadounidenses y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Tampoco se ondearon banderas occidentales en Siria, donde se suponía que la población esperaba la ayuda de Occidente para librarse del tirano Bashar Assad.
Pero en Crimea sí hay banderas rusas. Muchas. En todos lados. Botellas de champán estallando en las plazas públicas. Este día ya tiene su símbolo: la instantáneamente inmortal foto de Reuters donde una chica brinca al borde del éxtasis mientras mira en una pantalla gigante a Vladimir Putin anunciando la anexión de Crimea a la Federación Rusa.
Dicha foto debe estar causando malestares estomacales en la Casa Blanca, Downing Street el Elíseo y Bruselas. Rodeada de ciudadanos hasta hoy ucranianos pero fundamentalmente crimeos que toman fotografías para conservar el momento histórico, esta joven atractiva, con lentes y vestimenta modernos, ha pasado a encarnar el triunfo geopolítico más importante de Rusia en el último cuarto de siglo.
¿Acto ilegal? ¿Imperialismo? No conozco el derecho internacional como para emitir una opinión al respecto, pero lo cierto es que en el referéndum celebrado en Crimea el domingo pasado, 96.77 por ciento de los votantes se manifestó a favor de integrarse a la Federación Rusa. El referéndum tuvo una participación de 80 por ciento de los ciudadanos, una cifra muy por encima del promedio en los países occidentales.
Por ejemplo, cuando en 2012 Barack Obama obtuvo la reelección, el abstencionismo alcanzó al 49.4 por ciento de los votantes. De hecho, pese a que ese año hubo 24 millones más de personas en edad de votar, Obama obtuvo 8 millones de votos menos que cuando fue elegido por primera vez. En los cuatro años transcurridos entre su primer y su segundo periodo, 13.7 millones de personas engrosaron las filas del abstencionismo. Una democracia donde la gente no vota.
Por otra parte, una encuesta aplicada a 50 mil rusos –nuevamente, una cifra mucho mayor de lo normal. Por citar un ejemplo, en México las encuestas para las elecciones presidenciales suelen tomar una muestra de alrededor de 2 mil ciudadanos– encontró que el 91 por ciento está a favor de incorporar a Crimea en la Federación Rusa. Crimea quiere unirse a Rusia y Rusia quiere recibir a Crimea. La opinión de los ucranianos, por supuesto, puede diferir.
Por eso, hoy Putin es la envidia de Occidente: ambos usan la fuerza para lograr sus objetivos y defender sus intereses, cuya legitimidad sólo existe en la lógica de esos mismos intereses. Pero a diferencia de las invasiones perpetradas por Estados Unidos y sus patiños, la de Putin es recibida con vítores.
Por cierto, sí hay un “país” invadido por la OTAN donde ondean banderas de Estados Unidos: Kosovo, territorio diminuto que en 2008 declaró unilateralmente su independencia de Serbia… tras un referéndum.

