Valentina Pérez Botero / @vpbotero3_0
(02 de agosto, 2013).- “Avisé a esta gente sobre sus fiestas y el ruidoso karaoke. Les advertí que si continuaban les dispararía” explicó Weenus Chumkamnerd después de asesinar a ocho personas hace cinco años por el ruido excesivo que provocaban. El caso de Weenus se ha convertido en el ejemplo continuo de activistas tailandeses radicados en Bangkok, que buscan reducir los niveles de ruido en la ciudad.
Quiet Bangkok –Bangkok silencioso–, la iniciativa que agrupa a estos activistas, asegura que el ruido en la ciudad asiática llega a 94 decibeles, cuando la norma de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estipula el límite en 70.
Consecuencias de estar sometido a excesivos niveles de ruido son alteración en el sueño, nerviosismo o inclusive agresividad; tal como la presentó Weenus en 2008 al matar a sus vecinos por las continuas fiestas de karaoke.
Aunque en Tailandia existen leyes estrictas sobre el exceso de ruido, Quiet Bangkok denuncia que se aplica de manera discrecional: se negó el permiso para que la celebración del campeonato de Fórmula 1 se realizara en el centro histórico de la ciudad, pero se ignoran las continuas quejas sobre el ruido que produce el tren elevado y el volumen tanto de las fiestas religiosas como culturales.
La contaminación auditiva se ha convertido, además de la atmosférica y visual, en un problema constante de las grandes ciudades que afecta los niveles de estrés de sus habitantes.


