spot_img

Sudán del Sur: las sombras de la guerra civil

- Anuncio -

 Foto: UNMISS / Isaac Billy

(27 de diciembre del 2013).- Apenas ha cumplido dos años y medio de haber obtenido su independencia y hoy Sudán del Sur, país situado al norte de África, ya es azotado nuevamente por las sombras de la guerra civil: una cruenta lucha entre tribus, la intervención y fraccionamiento de un ejército irregular, el insistente acoso a la población civil.

Esta mañana, luego de intensos enfrentamientos –que se han prolongado por casi dos semanas y, según cálculos de la ONU, han arrojado entre mil 200 y 8 mil desplazados junto a centenares de muertos y heridos–, el gobierno encabezado por el presidente Salva Kiir, ha anunciado su disposición de entrar en negociaciones con las tropas rebeldes bajo el mando del ex vicepresidente Riek Machar, su opositor.

Buenas intenciones también fueron las refrendadas por el líder antagonista, quien ayer por la tarde, según reportes de la agencia AFP, puso a condición su voluntad al pacto a cambio de que el mandatario liberara a sus aliados políticos detenidos luego de haberse descubierto una supuesta conspiración para derrocar al gobierno.

Por su parte, los principales portavoces del continente de ébano se reunieron ayer para encontrarle soluciones pacíficas al conflicto que toca sus puertas. A ella asistieron el gobernante de Kenya, Uhuru Kenyatta, y el primer ministro de Etiopía, Hailermariam Desalegn. Hoy se unieron los máximos representantes de la Autoridad Internacional para el Desarrollo, que incluye a Uganda, Somalia y Yibuti.

Entre todos, junto con Kiir, no han dejado de ver cómo se desenvuelve el problema en el que está sumido dicho país, por lo que saludaron el “alto al fuego” que de manera unilateral el gobierno ha emprendido y, al mismo tiempo, llamaron a Machar a abrazar esta causa con equivalencia. Con el acuerdo se espera que en las próximas horas se le ponga un alto a las hostilidades.

Aunque la postura innegociable que han consensuado éstos, contempla el no reconocimiento ni apoyo para los golpistas, dado que el mandato de Kiir emana de “un gobierno constitucional”; se espera que la medida “cierre la pinza” a los rebeldes ya que, en caso de que lograran derrocar al gobierno de Kiir, la comunidad africana dejaría en todo momento en la orfandad a los opositores.

Parte de esas señales para la paz incluye la liberación de algunos presos, aunque retendrán a tres pues “se les ha comprobado sus nexos con el golpe de Estado”, anunciaron. La presión internacional al mismo tiempo contempló un ultimátum a los insurrectos, pues si en cuatro días no bajan el fusil, amagaron, “tomarán acciones”.

La disputa entre Kiir y Machar

El conflicto comenzó el pasado 15 de diciembre, cuando el presidente de Sudán del Sur, Salva Kiir, anunció que se estaba preparando un golpe de Estado en su contra encabezado por el ex vicepresidente Riek Machar.

Aunque para entonces no existían pruebas de ello, la guardia presidencial, compuesta predominantemente por miembros de la etnia Nuer a la que pertenece Machar (además de ser la segunda más numerosa del país), se negó a ejecutar la orden pues Kiir pertenece a la etnia Dinka (la mayoritaria). Parte del peligro que representaba dicha maniobra política no fue medida desde un principio.

Ambas tribus han mantenido desde hace siglos fuertes enfrentamientos que, al involucrar a dos líderes y la huella de sus orígenes, se regaron como pólvora y circunscribieron al problema racial que padecen casi todas las naciones africanas.

Durante los dos primeros días de combates, dentro de los cuarteles militares de Juba se produjeron bajas de ambos bandos y de la propia sociedad civil. Según estimaciones del periódico español El País, llegaron a contabilizarse entre 400 y 500 bajas, así como el exilio hacia instalaciones de la ONU de miles de refugiados que, según estimaciones, oscilan entre los mil 200 y los 8 mil.

Quizá el peor daño causado fue el fraccionamiento del ejército, pues una parte se fue con el “rebelde” y la otra permaneció fiel al mandatario. De ello pronto se derivó en los enfrentamientos que sobresaltaron la capital, Juba, y se extendieron a ciudades como Malakal y Bor, hoy recuperadas por las fuerzas oficiales.

Ciudades, además, ricas en petróleo y otros recursos minerales que mantienen, casi en un 98 por ciento, los ingresos del Estado y la población.

La guerra que nunca termina

En 1953 obtuvo la independencia de Gran Bretaña el territorio que hoy comprende a Sudán y Sudán del Sur, pero ya en 1955 surgió una guerrilla separatista que inició la guerra entre el sur y el norte.

El conflicto, que enfrentó al gobierno central con el Movimiento de Liberación del Sur de Sudán, terminó en 1972 con la firma de un protocolo de paz en la vecina Etiopía que permitiría la creación de un gobierno autónomo en Sudán del Sur.

Pero la llegada del presidente Yaafar al-Numeiry puso fin a la efímera paz cuando declaró a Sudán un “estado islámico” e impuso la sharia, la ley islámica. Cabe resaltar que la mayor parte de los sudaneses del sur pertenecen al cristianismo y el animismo. La medida derivó en la Segunda Guerra Civil Sudanesa que finalizó en  2005, cuando se firmó un acuerdo que llevaría a un referendo con el que se establecería la independencia de los sudaneses del sur, misma que se concretó hasta el 9 de julio del 2011.

Durante estos últimos casi cincuenta años de guerra civil, murieron cerca de 2.5 millones de personas, de un censo en 2013 de casi 11 millones de habitantes. Cifra de muertes que podría aumentar en caso que no se logren los acuerdos entre las fuerzas rebeldes y el gobierno actual.

- Anuncio -spot_img

MÁS RECIENTE

NO DEJES DE LEER