(16 de diciembre, 2013).- Para José Mujica, más allá de la política, su objetivo siempre ha sido ser ejemplo de compromiso con la sociedad en la que vive. Para este presidente uruguayo, el mejor dirigente no es el que hace más, sino el que, cuando se va, deja un conjunto que le supera con ventaja. “Eso se verá con el tiempo”, declaró en junio pasado.
En su edición de diciembre, la revista estadounidense Foreign Policy eligió a este mandatario como uno de los 100 pensadores más influyentes del mundo y lo colocó, junto con Enrique Peña Nieto, en la categoría “Decision-makers”, “Tomadores de decisiones”. A Mujica, “por redefinir la izquierda latinoamericana”; a Peña, “por sacudir las moribundas instituciones de México”.
El conocido como el “presidente más pobre del mundo” se encuentra enlistado bajo la mencionada clasificación por haber “diseñado un experimento en el liberalismo social sin precedentes” al aprobar tres leyes polémicas: legalizó el aborto durante su primer trimestre, aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo en mayo pasado y, en días pasados, legalizó la producción y venta de mariguana en su país.
En este último punto, Mujica y Peña no se ponen de acuerdo. Para la publicación, la legalización es un esfuerzo de Mujica “por sofocar el poder de los traficantes de drogas y un profundo rechazo a la guerra contra las drogas liderada por Estados Unidos”.
El titular del Ejecutivo en México ha declarado que no está a favor de esta medida “porque no se trata sólo de legalizar la mariguana, me parece que ésa es la puerta a que eventualmente sectores de la población puedan llegar a consumos muchos más dañinos”. Autoridades mexicanas y estadounidenses firmaron un “memorándum de entendimiento” para combatir de manera conjunta el problema de la producción ilegal de drogas sintéticas.
El mandatario uruguayo de 78 años de edad opina que “el consumo ya está sucediendo [y] viene de un mercado clandestino que por naturaleza tiene reglas feroces”.
Por su parte, la revista enlistó a Peña Nieto por haberse “embarcado en una oleada de Reformas”, incluyendo una “legislación para debilitar el poder de las telecomunicaciones del país y los conglomerados de televisión y un plan para permitir que empresas extranjeras participen en la industria petrolera de México, durante mucho tiempo un monopolio estatal”.
Esta última Reforma es la que ha causado más polémica dentro del país. La oposición mexicana, donde se incluyen los partidos de “izquierda”, la ha nombrado “el robo más grande todos los tiempos” y ha posicionado sus esfuerzos en consolidar constitucionalmente la Consulta Ciudadana para, en 2015, realizar un referéndum y que “el pueblo mexicano decida”.
Éste recurso es una realidad en Uruguay. Esto influyó para que Mujica retrasara un año el proyecto sobre el control estatal de la mariguana que había impulsado desde junio de 2012, prometió que si el 60 por ciento de la población no aprobaba la iniciativa, entonces la anularía.
Además, alegó: “La decisión no está madura, por eso la frené. No me voten una ley porque tenga mayoría en el Parlamento. La mayoría se tiene que dar en la calle. La gente tiene que entender que a los tiros, metiendo gente en cana [prisión], lo único que estamos haciendo es regalarle un mercado al narcotráfico […]. La vamos a llevar suave”. Hoy la ley ya está aprobada.
En diciembre pasado, cuando hizo estas declaraciones, el presidente sudamericano agregó: “Capaz que la gente arrima soluciones mejores que uno plantea, porque éste es un problema grave que le cuesta una guerra a México. A garrotazos no lo solucionamos”.
Sobre este tema, Foreign Policy publicó que Peña Nieto “ha cambiado sutilmente la estrategia general de México en la guerra contra las drogas. A diferencia de su predecesor, quien encabezó una ofensiva liderada militar masiva contra los cárteles, Peña Nieto ha adoptado un enfoque más matizado”.
De cualquier forma, ambos jefes de Estado llevan una relación diplomática cordial. No obstante, Mujica sienta –literalmente– en la misma mesa a Peña Nieto y a la oposición conservadora de su país, la del Partido Nacional; mismo que ha recordado el vínculo existente entre éste y el mexicano Partido Revolucionario Institucional (PRI), del cual nuestro mandatario forma parte.

