¿Y el día del hombre?

- Anuncio -

Alicia Ocampo* / Proyecto Diez

Cada año me hacen la misma pregunta en épocas cercanas al 8 de marzo desde hace 13 años que comencé a dedicarme a temas de género. Con este artículo quiero dialogar con usted, querido lector o lectora, sobre esta polémica cuestión que acompaña al día internacional de las mujeres (me gusta decirlo así, en plural, respetando la diversidad con la que existimos tantas congéneres en este mundo): ¿Y cuándo se instaurará el día del hombre?

Hace unos días participé en el programa Jalisco en Contraste, con Pablo Latapí y Ricardo González. Dialogando con este último, le comentaba que el 8 de marzo no es para “festejar”, sino para conmemorar, es decir, para recuperar la memoria sobre lo que se ha trabajado para generar una sociedad más justa, igualitaria e incluyente. Es un día para leer la CEDAW, Belem do Pará, la legislación federal y estatal para la igualdad y la no violencia contra las mujeres. También pueden bajarse de la web los dos programas federales y estatales, destinados a erradicar la discriminación (Proigualdad, 2008) y la violencia contra las mujeres (Pipasevm, 2014).

Con la paridad y la equidad ganan mujeres y hombres, gana la sociedad en su conjunto. Lo demuestran innumerables estudios realizados con perspectiva de género e incluso con las visiones más pragmáticas. En el reporte de la OCDE (2012) Cerrando las brechas de género, es hora de actuar, se plantea la importancia de que en nuestro país se eliminen las barreras de entrada a las mujeres al mercado laboral y se así se impulse la fuerza laboral en 2030 en 43.4 por ciento respecto a 2011. Si no se hace, solo crecerá en 12.1 por ciento.

Dice la OCDE que para conseguirlo, será necesario que México reduzca la discriminación por género; implica mejorar los niveles del ingreso escolar, asegurar la participación de las madres en trabajo formal, elevar la incorporación de las mujeres en el mercado laboral y garantizar igualdad en salarios. Como podemos ver, las brechas de género no solo son un problema para las mujeres, el desarrollo de nuestro país depende de toda la ciudadanía mexicana y no será posible si perpetuamos los problemas de discriminación y violencia contra las mujeres.

El hecho de que exista una brecha salarial de entre 6-8 por ciento en nuestro país —¡solo por el hecho de ser mujer!— es un problema de discriminación e injusticia en la relación entre los seres humanos que vivimos en México.

Que en los hogares encabezados por mujeres haya más pobreza alimentaria nos revela la vulnerabilidad no solo de quienes integran esas familias sino de toda nuestra estructura social.

Que más hombres que mujeres puedan ejercer su carrera es fuga de talentos en el que pierde todo nuestro país.

Que 46 por ciento de las mujeres mexicanas reporten haber sufrido alguna agresión por parte de su pareja visibiliza la manera violenta con la que nos relacionamos en México.

Que solo participen 20.5 por ciento de legisladoras en nuestro H. Congreso Local revela cómo se organizan los cotos de poder político en nuestro estado de Jalisco y afecta al bajo nivel de confianza que tenemos sobre nuestra clase política.

Que las mujeres dediquemos tres o cuatro veces más al trabajo doméstico y de cuidado de infantes también nos permite observar cómo construimos relaciones intersubjetivas cargadas de estereotipos que limitan la justa participación en los trabajos del ámbito privado, que también es parte de lo público (“lo personal es político”, lema que debemos a las feministas radicales).

Todo esto impacta en la calidad de vida de cada una de las personas, mujeres y hombres, e incide en su modo de participar en la vida comunitaria, social, económica y política de nuestro país.

El día de las mujeres se originó en el contexto de los derechos laborales de las mujeres, de nuestro derecho a participar en la vida pública (sobre eso ya escribí en Genera la equidad). Yo llevo años proponiendo un “día de los hombres”. Sería la ocasión para proponer nuevas identidades masculinas para quienes estén hartos de la carga social que les hemos impuesto. Vindico su derecho —y por ende, la responsabilidad— de participar activamente en el trabajo doméstico y en las actividades de cuidado de sus hijos e hijas, de cooperar y no solo competir, de incorporar los valores y virtudes que hemos estereotipado como femeninos y que les hemos prohibido “para que sean bien machos”.

Entonces ya no se diría que las mujeres “se masculinizan” sólo por ser emprendedoras, mandonas y “tiradas para adelante”: simplemente reconoceríamos que mujeres y hombres tenemos diversas maneras de ser, que podemos elegir con un horizonte más amplio y libre de etiquetas cargadas con los estereotipos de género. Y nótese el tono peyorativo con el que se carga a la masculinidad, cuando decimos que las mujeres nos “masculinizamos”.

I have a dream!“, sueño con un día de los hombres. Hombres plenos, libres de máscaras e imposiciones sociales que afectan a la sociedad en su conjunto. Los estereotipos de género polarizados son un lastre para todos y todas, deriva en la reclusión de los hombres en el ámbito público y de las mujeres en el privado, como nos decía tan sabiamente mi director de tesis, Jesús Ballesteros. A él le dedico este artículo, con gratitud por haberse manifestado siempre como un hombre solidario conmigo y con mis congéneres.

*Investigadora y consultora en temas de género. Imparte clases en el Tecnológico de Monterrey Campus Guadalajara.

- Anuncio -spot_img

MÁS RECIENTE

NO DEJES DE LEER