Ahí andan los federales
por toditos los caminos
buscando a Lucio Cabañas
matando a los campesinos
*Fragmento del corrido a Lucio Cabañas Barrientos de Rosendo Radilla
Mauricio Patrón Rivera/@PatronMau
(14 de marzo, 2014).- Hace 100 años nació en Guerrero Rosendo Radilla. Su desaparición forzada es una de las más emblemáticas de la Guerra Sucia en el México de los 60 y 70. El sábado 1 de marzo su familia y amigos lo festejaron en Atoyac.
Su historia pertenece a grandes genealogías de lucha como la de Lucio Cabañas, que narra Carlos Montemayor en Guerra en el Paraíso y también Gerardo Tort en la cinta La guerrilla y la esperanza. Rosendo Radilla conocía la sierra caminándola junto con su guitarra como Don Plutarco el protagonista del El violín dirigida por Francisco Vargas.
Si bien las obras anteriores muestran el contexto del Guerrero de aquella época, la fuente de información más completa sobre su vida y su historia está en el documental Caso 12.511 Rosendo Radilla de Gabriel Hernández y Berenisse Vásquez. El título remite a otra fuente necesaria para conocer su historia y la nuestra: la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorIDH) publicada en 2010 y que se acompaña de excelentes textos de análisis en la edición elaborada por la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH).
Rosendo fue desaparecido por escribir corridos sobre Genaro Vázquez, Lucio Cabañas y la Brigada de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres, pero también y en especial porque era más “fácil” desaparecer a un disidente del régimen que respetar al Estado de derecho. Situación que a 40 años de esperar su aparición con vida, vuelve a ser cotidiana en todo el país.
Con “fácil” me refiero a la existencia de un conjunto de factores en el ejercicio y mantenimiento del poder que vuelven permisivas las matanzas y las desapariciones sobre ciertos sectores de la población como las y los campesinos, pobres e indígenas. Desde la colonización se comenzó a producir estas categorías de exclusión, que hoy con el marco del derecho penal internacional y los derechos humanos se configuran, en sus casos más extremos, como desaparición forzada, genocidio, etcétera.
La desaparición forzada como técnica necropolítica se acentúa por la convergencia de la proliferación de las armas, las políticas neoliberales y el fetichismo legislativo. Es un delito con participación del Estado mexicano que beneficia a éste y a la clase que representa.
En un retén llegando a Chilpancingo el 25 de agosto de 1974, militares bajaron del autobús en que viajaba “al señor Rosendo Radilla Pacheco, quien quedó detenido porque “componía corridos”. El señor Radilla Pacheco indicó que eso no constituía ningún delito, sin embargo, un agente militar le respondió “mientras, ya te chingaste” (Sentencia de la CorIDH párrafo 125). Su hijo Rosendo Radilla Martínez, de 11 años, fue el último en verlo en libertad cuando lo detuvieron.
Habrá a quien la historia de este guerrerense le parezca lejana, pero es todo lo contrario. Muchos esperan aún su presentación con vida, y celebrar ahora su lucha al recordarlo, es también llenar de contenidos a los actuales movimientos sociales.
Cómo retratar la ausencia, expresar estéticamente la enormidad de lo que ya no está. Cómo hablar de uno y de todas y de todos los que ya no están, pero nunca dijeron que se iban. La intención de este espacio, El arte de estar con vida, es reflexionar sobre la capacidad del arte para repensar y modificar las políticas de la muerte.
Dos años después de la desaparición de Rosendo, en Argentina el artista conceptual, León Ferrari, crea su serie Nosotros no sabíamos(1976): un recuento de recortes de periódico en el que se da cobertura a la aparición de cuerpos muertos durante la dictadura en Argentina y los contrasta con el “nosotros no sabíamos”, frase famosa de la sociedad argentina negando saber la existencia de torturas, centros de detención y desaparición forzada. Luego de esta obra Ferrari se exilia en Brasil.
Con Nosotros no sabíamos, el objeto de la obra no se encuentra en los rastros, en los recortes de periódico, sino en el vacío que se dibuja por evocación alrededor de estos. Es una de tantas estrategias que se usa en el arte latinoamericano para hacer visible la desaparición forzada.
Otra de estas estrategias es la de evocación por la voz, practicada tanto en el arte como en el activismo. “Pronunciar el nombre de un desaparecido quizás sea pronunciarse sobre aquél que, más allá del conjuro de las políticas oficiales de punto final, nunca estará bien muerto”, dicen las curadoras Fernanda Carvajal y Fernanda Nogueira al analizar prácticas artísticas que denuncian este crimen de lesa humanidad en Chile y Uruguay.
Otras veces, en marchas o asambleas, y también en momentos conmemorativos, se nombrar a los y las desaparecidas, y luego de cada mención, quiénes escuchan el llamado seden su voz al ausente y gritan “presente”. Conocida como el pase de lista, esta práctica revive en la memoria colectiva a quienes siguen impulsando la lucha contra la impunidad. Es un recuento de aprobación y homenaje a la vida de quienes se convierten en símbolo de resistencia, cómo los 609 detenidos-desaparecidos en Guerrero, registrados por la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos en México (Afadem), o el pase de lista de los 49 niños y niñas muertos en el incendio de la Guardería ABC en Hermosillo, Sonora.
También “el uso de fotografías, de siluetas y de muchos otros dispositivos, logró inscribir en el régimen de lo visible, con un alcance político decisivo, representaciones de los desaparecidos” explican las curadoras en Perder la forma humana, catálogo de la exposición homónima (Museo Reina Sofía, 2013) que rescata prácticas artísticas políticas de América Latina en los 70 y 80.
Incluso el hijo de Rosendo, con su sensibilidad crítica también ha elegido la música como una forma efectiva para combatir la opresión: “Por buscar la democracia / el pueblo fue reprimido, / asesinados algunos, / otros desaparecidos”.
Desaparición forzada, asesinatos y tráfico de personas son actividades en las que las personas se vuelven mercancías, y que tienen marcados momentos en los que su valor económico y político es más alto como cuerpos muertos que como cuerpos vivos. Estamos en los tiempos de la necropoder.
La necropolítica es una de las lógica que predominan en el actual régimen de poder. Ésta supone que las técnicas de administración de los cuerpos, como la aplicada en el capitalismo contemporáneo, están guiadas por el poder de la muerte. La industria de la muerte es una de sus lógicas más visibles: las guerras de baja intensidad como la que vivimos en México, el tráfico de armas y el tráfico de personas migrantes son solo algunas de sus caras más visibles.
Sin embargo, la necropolítica va más allá de la guerra, se trata del quiebre de figuras como el Estado de excepción, la corrupción y la impunidad, no porque éstas no existan, sino que su “permanente excepcionalidad” (oxímoron), las invalida como categorías para comprender estas formas de ejercer el poder.
“Hay poco dinero, pero hay muchas balas […] / sería inaccesible el que alguien te mate / si cada bala costara lo que cuesta un yate / tendrías que ahorra todo tu salario / para ser un mercenario habría que ser millonario / pero no es así, se mata por montones” (La bala, Calle 13).
El camerunés Achille Mbembe es quien comienza a utilizar el término necropolítica, pero éste pertenece a una tradición que pasa por conceptos de filosofía política como la “vida nuda” y el “estado de excepción” de Giorgio Agamben y por la “biopolítica” de Michel Foucault, entre otros.
Genealógicamente su precedente es la biopolítica, la cual implica la sistemática producción del cuerpo y reproducción de la vida; sin embargo, luego de la segunda Guerra Mundial este mismo sistema se transforma y se convierte en un sistema de producción masivo de los cuerpos muertos. Como bien saben los neozapatistas, esta necropolítica tiene su mejor expresión en el México muerto cortesía del capitalismo salvaje. Levantarse contra el neoliberalismo es hacerlo contra la necropolítica.
Más allá de las estadísticas que transforman los asesinatos y las ausencias en números, este sistema genera un enorme vacío de historia, que los movimientos sociales siempre han sabido rescatar. La sociedad crítica mantiene vivas las historias de quienes han cantado contra la opresión. Feliz cumpleaños Rosendo. El espacio aquí queda para comentarios y conversación, sobre arte y opresión. “Ya me voy, ya me despido, / no se les vaya a olvidar, / como el caso de mi padre / hay mil trescientos más” (Rosendo Radilla Martínez, corrido A mi padre).
Extras
Información de la defensa de Rosendo
Semblanza de Rosendo publicada por Segob por orden de la CorIDH
http://www.ordenjuridico.gob.mx/Publicaciones/Libros2012/SENORES-SOY-CAMPESINO.pdf


