(05 de junio, 2016. Revolución TRESPUNTOCERO).- A escasas horas de que empiece la jornada electoral para renovar gobernadores en 12 estados -Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas, Oaxaca, Veracruz y Zacatecas- y que en la Ciudad de México la ciudadanía salga a votar por el 6% de los legisladores que integrará la Asamblea Constituyente para redactar la Constitución local, las medidas desesperadas de los partidos políticos no se hicieron esperar.
Así lo evidenció la constante denuncia de compra y coacción del voto, el hallazgo de despensas con promoción ilegal, aunado a que más de 50% de los candidatos no ha rendido cuentas ante el Instituto Nacional Electoral (INE), instancia que, en vez de forzar la entrega de informes sobre el uso de recursos, dio una prórroga para que pudieran hacerlo después de las elecciones; muy conveniente ¿no?
Además de estas artimañas y estrategias corruptas, también se presentó la famosa “guerra sucia”; el “sacar los trapitos sucios al sol” y denunciar a los candidatos de otros partidos, aunque en privado se den la mano y armen juntos un camino con rumbo hacia la derecha; es decir, hacia lo tradicional, a mantener las jerarquías de un sistema neoliberal, con el fin de favorecer al capital privado y contra el reconocimiento de la equidad, los derechos sociales y de las minorías.
Es cierto que ningún partido político puede salvarse; por ejemplo, de algún desvío o mal uso de recursos públicos.
Las campañas del Partido de la Revolución Democrática (PRD) se caracterizaron por intentar no perder “su poder” en la Ciudad de México y lo hizo de manera tan descarada en la delegación Coyoacán, que de plano se dedicaron a repartir 5 mil pesos para que diversas personas les consiguieran votos a favor.
También regalaron tinacos, pintura para fachadas, con la esperanza de que la sociedad piense que sí están haciendo algo por mejorar la capital, pero cada vez más personas aborrecen dichas tácticas y en este caso, a un partido que usa máscaras y personajes a su conveniencia.
En entidades como Tamaulipas –donde actualmente se vive en un contexto grave de violencia e inseguridad- el Partido Acción Nacional (PAN) fue acusado de nexos con el crimen organizado y de tener guardadas más de 18 mil despensas con el logo del DIF Puebla.
También abundaron denuncias contra Miguel Ángel Yunes Linares, candidato a la gubernatura de Veracruz, a quien acusan de ser responsable de desviar fondos, de enriquecimiento ilícito por la inexplicable adquisición de propiedades millonarias y de pederastia.
Y bueno, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) que a través de diversos mecanismos ha buscado permanecer en el poder, ha recurrido al uso de la violencia para atemorizar a habitantes de diversas entidades para que no salgan a votar.
Así lo evidenció la balacera contra el ayuntamiento de Tlacolula de Matamoros, en Oaxaca; o el capitalizar la pobreza y necesidad de la gente para repartir despensas con promoción ilegal, como las miles que se encontraron en Zacatecas con la cara candidato Alejandro Tello; la entrega de monederos electrónicos en Veracruz y la compra de votos de su siempre y podrido aliado el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en Quintana Roo.
La diferencia debe radicar en qué camino queremos tomar; cambiar o seguir obedeciendo políticas que sólo están afectando esferas como la laboral, ambiental, seguridad, sólo por mencionar algunas; aun cuando no podamos identificar completamente a algún partido como de “izquierda”, hay algunos que proponen ese cambio estructural con miras a lograr una verdadera igualdad social; que se oponen a la privatización y al enriquecimiento desbordado de sólo unos cuantos.
En la Ciudad de México estamos ante una batalla donde se simula la participación ciudadana en la elección de redactarán la primera Constitución de la capital; sin embargo, solo el 60% de los constituyentes será electo por la sociedad, el resto será designado por Peña Nieto, Miguel Ángel Mancera y por el Congreso de la Unión; es decir, por la Cámaras de Diputados y el Senado de la República, cooptados por una mayoría de derecha, así que sólo necesitan unos cuantos representantes afines para imponer leyes que seguramente no responderán a las necesidades de la mayoría de la población.

