Carlos Portillo / @portillo_carlos
(29 de enero, 2014).- Desde hace ya nueve años, agentes de diversas corporaciones policiacas de EE.UU., especialmente de la Patrulla Fronteriza, han sido responsables de la muerte de al menos 15 mexicanos; la mayoría, casos concluidos sin acusaciones penales en contra de los oficiales.
El pasado 16 de enero se dio a conocer el asesinato del migrante mexicano, Gabriel Sánchez Velázquez, realizado por agentes de la Patrulla Fronteriza, en Douglas, Arizona.
A través del Consulado, las autoridades mexicanas han solicitado de manera formal, señalar responsabilidades en el caso, aunque aún se encuentre en fase de integración, y se afirme desconocer los resultados de las investigaciones.
Por otro lado, el 3 de febrero del 2005, se hizo pública la muerte de Juan Manuel Tejeda Quiroz, causada por policías estadounidenses en Farmer Branch, Texas, luego de un robo de auto.
La Cancillería mexicana reveló al respecto, que “los resultados (de la investigación) no establecieron ningún tipo de culpabilidad por parte de la policía”.
Julio César Yáñez Ramírez falleció 16 después a manos de la Patrulla Fronteriza, cerca de Nogales, Arizona. La Fiscalía aseguró que “no hubo elementos suficientes para acusar al agente de homicidio”, a pesar de los impactos de bala en el cuerpo del migrante.
El 30 de diciembre del mismo año, un policía de dicha instancia disparó al mexicano Guillermo Martínez Rodríguez, en una zona ubicada entre San Ysidro y Otay, del estado de California; provocando una condena pública por parte del Gobierno de México, pero sin relevancia en el ámbito legal.
También cerca de San Ysidro, y a cargo de un vehículo de la Patrulla Fronteriza, Agustín Gámez Campos fue arrollado el 21 de octubre del 2006. Una vez más, el informe presentado por la policía de la ciudad de San Diego resultó a favor del oficial.
Otro caso fue el del incidente relacionado con la policía local de Waukegan, Illinois, en el cual perdió la vida Roberto González Guzmán, el 3 de enero del 2006.
A los 11 días, Ismael Segura Méndez se resistió a un cateo en Río Grande, al ser detenido por exceso de velocidad; el oficial terminó disparando y Segura falleció en el hospital. Pasados cinco meses, el fiscal decidió cerrar el caso.
Fermín Estrada Bautista murió en marzo del 2006 por un impacto de bala en la cabeza. El disparo provino del arma de un policía de Shelbyville, Tennessee; aparentemente sin motivo. Sin embargo, la investigación quedó entrampada, ya que el Departamento de Policía no entregó ningún informe.
En Las Vegas, un grupo de policías acudieron al domicilio de Iván Ariza Guajardo el 1 de enero del 2007, a causa de un reporte de violencia doméstica, y terminaron asesinándolo a balazos.
De igual forma perdió la vida Francisco Javier Domínguez Rivera, mientras intentaba ingresar a EE.UU. como indocumentado, el 12 de enero del 2007.
Asimismo, el 10 de febrero de ese año, Noé Rojas Godínez fue baleado por policías de San Diego, al pasarse un semáforo en rojo, ser detenido e intentar huir.
Ramiro Gámez Acosta murió el 26 del mes siguiente, en un percance entre la Patrulla Fronteriza y traficantes de ilegales armados, el cual tuvo lugar en Caléxico, California.
El 25 de julio del 2007, un policía del Sheriff del Condado de Gwinnett, Georgia, causó la muerte de Elier Rodríguez Escamilla, al aplicarle descargas eléctricas en exceso, con la supuesta intención de controlarlo, pues se encontraba alcoholizado y alterado en la vía pública.
Para concluir, al menos con los casos que se han podido salir a la luz pública, el 8 de agosto del mismo año, un agente de la Patrulla Fronteriza disparó cuatro veces a José Alejandro Ortiz Castillo en El Paso, Texas. El migrante alcanzó a regresar herido a México, donde finalmente falleció.


