Francisco Mendoza/enviado de Porvenir Latino
(16 de marzo, 2014).- A propósito de Elvira Arellano, el ahora presidente de la editorial La Educación, Francisco Mendoza, entonces director del periódico comunitario Porvenir Latino –que circulaba en el sureste angelino- estuvo con ella sus últimos días en Los Angeles, donde fue detenida por agentes de inmigración y luego deportada a Tijuana. Ella le permitió cercanía y con base en el entorno y esas vivencias, Mendoza preparó el siguiente reportaje que escribió el 21 de agosto del 2007. Ésta es la segunda y última parte del mismo:
EL ARRESTO
Fue tiempo, además, para recapitular sus últimos minutos en Estados Unidos, sobre todo cuando fue arrestada:
Desde que salió de la iglesia (de La Placita, donde percnotó) ella notó que el auto en el que viajaba –junto con el pastor Walter Coleman, Emma Lozano y Saúl, hijo de Arellano- era seguido por un vehículo, pero ella no dijo nada en ese momento. Y más adelante, ante la alerta que hizo, bajó Roberto López, un salvadoreño, a ver qué ocurría con el vehículo extraño. Se acercó pero no vio nada por los vidrios polarizados. Cuando iban a arrancar otros dos vehículos le cerraron el paso. “Inmediatamente pensé que iban por mi, pero me preocupó que fueran a deportar también a Roberto, un residente legal.
Me preocupó lo que iban a sentir los que han estado conmigo, los que siguen mi lucha. Yo les dije a los agentes: ‘Si vienen por mi aquí estoy’. Les pedí un minuto para calmar a Saúl, que estaba en la histeria, en pánico total. Le dije que todo estaba bien y que todo iba a estar bien, que se quedaba en buenas manos, porque Emma y los señores de la iglesia han sido mi familia. Luego me esposaron y me condujeron a un edificio y me llevaron a Tijuana.
Ellos tenían prisa para deportarme”.
Está cierta que en este procedimiento, los de inmigración violaron su derecho a hablar con un representante consular de su gobierno y los acuerdos entre México y Estados Unidos sobre las deportaciones.
Los mismos que la detuvieron fueron los mismos que la llevaron a la frontera. “Yo los veía a la cara. Al que iba manejando lo veía fijamente por el espejo retrovisor . Y jamás me miraron a la cara”, cuenta. “Mi espíritu en todo momento estuvo firme. Lo único que puedo decir de ellos es que son iguales a mi, ni más ni menos, por eso no sentía miedo. Lo único que pensé es que tomaran una represalia y me quieran ahorcar a la mitad del camino. Ellos tomaron videos y fotos para protegerse y decir que no me maltrataron”.
Y agrega:
“No me maltrataron, pero si estaban enojados conmigo por mi activismo. Me miraron como una amenaza para Estados Unidos, porque el pueblo se levanta para luchar por una legalización y el pueblo esta levantado, no se va a quedar callado. Todo depende de los líderes, que este movimiento no se caiga, ahora está caliente y deben luchar para que el 12 de septiembre lleguen a Washington para presionar para que introduzcan otra propuesta migratoria”.
No tuvo tiempo de sacar nada del país más que lo que llevaba puesto. Gloria Saucedo le llevó su maleta con pertenencias que había dejado en la iglesia de La Placita.
El camino legal para ella, por ahora está cancelado. No podrá volver a Estados Unidos. Y lo recalca: “Legalmente no hay nada que se pueda hacer por mi. Mientras no cambie la ley nadie puede protegerme. Me dieron 20 años de castigo para volver a entrar a Estados Unidos”.
“No pienso regresar indocumentada. Sólo quise luchar porque quiero estar tranquila en mi país al decirme que hice todo lo que pude para no estar arrepentida”.
Afirma:
“Lo más importante es que luche de pie y que no soy una terrorista, estoy en mi país libre y contenta”.
El reportero le pregunta que si sus excesos de confianza en Los Angeles provocaron su arresto ya que transitaba tranquilamente en un vehículo en el que fue a ver a dos refugiados en iglesias. Responde:
“Era algo que tenía que hacer. Tenía dos opciones. O regresarme a mi país o luchar, no quedarme cruzada de brazos, sentada. La satisfacción más grande es que me arrestaron luchando”.
Un miembro de su grupo confió que habían venido de Chicago en vehículo y que el trayecto lo hicieron en 38 horas.
LA DECISION SOBRE SAUL
La bandera de Elvira para no salir del país pese a una orden de deportación era que debía estar con su hijo, nacido en Estados Unidos. Pero a final de cuentas le ocurrió lo mismo que a miles de indocumentados con hijos estadounidenses: fue echada del país y quebró su núcleo de unidad con Saúl, mismo que la vivifica y lanza a la lucha.
Pero el momento de la decisión en relación con su hijo Saúl, de ocho años, habría que tomarla cuanto antes.
El menor fue traído de Los Angeles por su tutora, Emma Lozano, y por el pastor Coleman, quien por cierto, cumplió sus 64 años. Elvira le cantó el “Happy birthday”.
Cuando Saúl llegó a Tijuana Elvira se encontraba en un restaurante chino, cercano a donde ahora mora, pero no le quisieron decir nada para darle una sorpresa. Y en efecto, cuando traspasó la puerta de las oficinas legales donde recibe a los periodistas, dentro del mismo edificio, de inmediato se lanzó sobre él y le dio un fuerte abrazo y besos.
Afuera, en la puerta, decenas de fotógrafos y camarógrafos tratando de hacer su trabajo lo mejor posible al través de aquella puerta de vidrio.
Ya reposados, ella le preguntó: “¿Qué quieres hacer? ¿Quieres quedarte conmigo o regresar a Chicago a la escuela?”.
Saúl fue directo:
“Me regreso”.
Ella respeto su decisión sin mínima apelación. Fue estoica.
Y así sentaron las bases de su nuevo vivir. El vendrá de vez en vez pero también seguirá estudiando en Chicago y hará giras para luchar por la reforma migratoria. Por lo pronto, anoche mismo regresó a Los Angeles, para estar hoy en Fresno, en las oficinas de la congresista Zoe Lofgren, presidenta del subcomité de migración, a fin de demandarle que en septiembre vuelvan a ventilar una iniciativa de reforma migratoria en el Congreso y, sobre todo, que la aprueben. Luego irá a Nueva York y de ahí se enfilará a Chicago para volver a clases. El 12 de septiembre presidirá frente al Congreso un evento, que había proyectado realizar su madre.
Elvira se despidió de Saúl. Instantes emotivos, que cancelaron un período de su existencia e inauguraron otro.
EN EL RESTAURANTE
Antes, había comido con Gloria Saucedo, con Alicia Flores, de Hermandad Mexicana Transnacional en Oxnard, con los enviados del Chicago Tribune, con quienes hasta bromeó porque los concoce muy bien. “Entrenle al chile, a ver qué tan mexicanos son”, les dijo. Allí estuvo también Porvenir Latino USA.
A Elvira le llama la atención ver a orientales del restaurante hablando español. Son descendientes de aquellos chinos expulsados de Estados Unidos en los años 30 luego de haber participado en la construcción del ferrocarril.
Ni allí la dejan reposar los periodistas. Se acerca uno de la radio local y la pasan en vivo en el programa de Jaime Flores. Luego viene otro que quiere llevarla en vivo en su segmento.
Allí, en confianza, habla de ciertas intimidades, como la del padre de su hijo, un paisano, radicado en Chicago. Indica: “El está al tanto de todo y no viene con nosotros porque sabe a donde lo mando”. Tampoco sabe si él está legalmente en Estados Unidos.
Elvira afirma que algo que lamenta también es que ya no verá su telenovela favorita: Destilando amor.
Cuenta Elvira que es del PRD y que tiene cercanía con el diputado federal migrante de ese partido José Jacques Medina, quien le ha prestado ayuda.
Se queja también de un programa de radio de Los Angeles conducido por Eduardo Sotelo, El Piolín, ya que durante una entrevista sacó al aire a quienes la impugnan. Por eso considera afortunado que se haya interrumpido la línea telefónica en ese momento.
Y luego de la comida, a las entrevistas, a una reunión con Víctor Clark Alfaro, director del Centro Binacional de Derechos Humanos, con Enrique Morones, un activista de San Diego, con maestros que luchan contra las reformas del ISSSTE, con defensores de derechos humanos de San Diego.
Allí le informan que el 31 del presente, los opositores a la nueva ley del ISSSTE cerrarán la frontera, aunque alertan que la Procuraduría General de la República puede proceder en contra de ellos.
Clark informa que a diario hay 600 deportados en Tijuana, que deambulan en la vía pública como sombras subhumanas, sin un futuro cierto. Pero también hay ex convictos que se están uniendo a los grupos delictivos locales. Esto ha hecho que a nivel oficial no haya un buen ambiente al tema migrante.
“Acá también hay Minutemen y se llaman policías municipales”, indicó Clark.
En Tijuana pocas organizaciones se dedican a la protección de los migrantes, en cambio hay 400 organizaciones no gubernamentales para beneficio y asistencia a necesitados.
Elvira escucha. Aprende de esta nueva realidad. Saca información y contactos para la manifestación pacífica que encabezará el 12 de septiembre en la línea fronteriza a favor de los indocumentados, mientras que su hijo hará lo mismo en Washington. Quiere llamar la atención mundial y la de los miles de conductores de vehículos y personas que cruzan al otro lado.
La conclusión de esa reunión fue sensibilizar a la gente, como principal tarea.
En la frontera hay otra percepción y sentimiento de los indocumentados. El reportero lo confirmó cuando telefónicamente le habló a un amigo suyo, quien conduce un escuchado programa diario en la radio. Le pidió que si era posible conseguirle un teléfono celular para Elvira ya que tenía problemas con el que trajo de Chicago. Y le respondió con una interrogante:
“¿Qué, tan importante es?”
Ya de regreso a su nuevo habitat, Elvira comió tacos en el puesto El Paisita.
Fueron dos de carne asada, bien servidos, para los que tuvo elogios por su sabor.
Prueba inequívoca que ya estaba en México.






