Peña inundará comunidades pobres con “tandas”, el suculento botín de los banqueros

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(27 de junio, 2014).- Jerarquizar los problemas de los ciudadanos es un renglón que carece de importancia para el actual gobierno. Aparece en un primer término cuidar la imagen creada para el extranjero a través de discursos de protección a migrantes cuando lo cierto es que no hay una política pública al respecto y tampoco se respeta la Ley; aparecen los encargados de la economía haciendo públicas promociones para los bancos en donde se habla de la necesidad de que el 50 por ciento de comunidades del país cuenten con cajeros automáticos, sucursales bancarias y se promueve el uso de estos servicios cuando, se supone, la preocupación tendría que enfocarse en sacar de la miseria a ese mismo grupo que ya  alcanza a la mitad de los mexicanos; se acepta sin mayor reparo la existencia de intereses ajenos a los nacionales dentro del Congreso de la Unión, con sus respectivas consecuencias, y se está atento a la protección animal cuando son más los cadáveres producto de la incapacidad del sector salud y de la inseguridad reinante.

Sin duda que son muchos y muy variados los renglones que afectan a la sociedad, algunos en conjunto, otros con la debida etiqueta ya sea de clase o de actividad. Sin embargo, lo primero es lo primero, y a esos asuntos deben enfocarse los reflectores, sin que esto señale que son las reformas estructurales, sus leyes secundarias y reglamentos, lo que incide en el diario acontecer de ciudadanos que no cuentan con ninguna prerrogativa para el pago de sus impuestos y a los que se les va cercando hasta llevarlos al extremo de ser señalados por “actividades sospechosas”; se aterroriza a quienes se les puede exigir un manejo de recursos claro, que no tendría nada de criticable, si este mismo orden se viviera dentro de la administración tanto federal como de las estatales y municipales.

Ayer dio inicio el Foro Internacional de Inclusión Financiera y a esta apertura asistió Enrique Peña Nieto y la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde. A un evento de esta naturaleza es claro que la asistencia estuvo compuesta por banqueros, administradores de fondos y aseguradoras; también estuvieron el titular de Hacienda, Luis Videgaray y el del Banco de México, Agustín Carstens. Y ahí, sin el menor rubor se hizo referencia a la situación financiera de millones de mexicanos que por distintos motivos no tienen acceso a servicios financieros. El tema se centró en las famosas “tandas”, en esos ahorros temporales que se realizan entre grupos de conocidos para recibir, de acuerdo al número en el que se entrega el dinero, una cantidad superior que permita sufragar algunos gastos.

Para Carstens esta es una muestra de la necesidad que existe de que la gente ahorre a través de los servicios bancarios, por lo que, dijo, hay una preocupación en cuanto a las condiciones no favorables que la población tiene para obtener créditos. Peña Nieto abundó en la información al señalar que el 50 por ciento de las poblaciones con menos de 50 mil habitantes no tienen cajeros ni sucursales bancarias. Es aquí, en estas interpretaciones que se tienen en el gobierno sobre la vida real de los ciudadanos que empieza el gran choque. Puede ser que los datos sean confiables, solo que en esas zonas están más preocupados por buscar el dinero para comer un día que por contar con plásticos para utilizar un cajero cuando no tienen un céntimo para depositar.

Se supone que la preocupación del gobierno federal debe enfocarse a sacar de la pobreza a esa población, de generar los empleos suficientes, de acercarles infraestructura, educación, salud, servicios y no registrar una promoción para la utilización de los bancos, misma que por cierto no les están pidiendo y mucho menos pagando para que la realicen. Hablar de estos grupos que seguramente, en el caso de las “tandas”, los ubican dentro de empleos estables para ofrecerles crédito, ya que con el registro que tienen suponen que pueden pagar, es una soberana bofetada a las necesidades que cada familia enfrenta día con día. Los créditos blandos, los que sirven para el desarrollo, los que capitalizan inversiones, deben ser ofrecidos para esas pequeñas y medianas empresas e industrias que están desapareciendo ante el acoso de que son objeto por parte de Hacienda y la falta de recursos económicos en la que han sumido a la población.

La señora Lagarde dio certeza a los que se ha dicho en muchos foros: “las 85 personas más ricas del mundo controlan tanta riqueza como la mitad más pobre de la humanidad; las mujeres al encontrarse con barreras como serían países donde las legislaciones impiden registrar propiedades a su nombre o hasta dificultades para heredar, no pueden usar esos bienes como colaterales de un crédito”. Dos temas sin duda muy importantes en un momento en el que las comparaciones que hacen los funcionarios mexicanos de sus fortunas con las de otros, les abren las ambiciones, los llevan a la venta y entrega del patrimonio nacional sin el menor reparo y que dejan, en el otro punto, muy claro que pese a todos los discursos de equidad, de participación igualitaria, de protección, las féminas en nuestro país, en donde no hay prohibiciones para que registren propiedades o las hereden, buscan por todos los medios proteger el techo de sus vástagos, lo cual las aleja de cualquier posibilidad de obtener créditos, de contar con capitales que les permitan auto emplearse.

Si de por sí las medidas hacendarias y las marcadas en la Ley Anti lavado le abrieron la puerta a los bancos para que multiplicaran su cartera de clientes y con ello sus registros de utilidades por comisiones sobre manejo de cuentas, sin que ello evite hablar de las casas en las que los paisanos que trabajan en el extranjero depositan dólares para la subsistencia de sus familias y cuya operación no cuenta con un reglamento estricto que marque cuanto debe cobrarse por el servicio por lo que cada una hace lo que le viene en gana aprovechando la necesidad existente, ahora los gobernantes se convierten en promotores de estos servicios. O sea que si no hay pan, al mejor estilo de María Antonieta, que coman pasteles; que tengan cajeros automáticos, cuentas de ahorro, de cheques, aunque no sepan leer, ni escribir, ni tengan un solo peso para abrir una cuenta. Es la visión económica de hoy, la que no contempla que las aseguradoras puedan quedarse con el dinero producto de años y años de pagar un seguro de vida y que al primer retraso se cancela sin que se entregue un peso de devolución de lo entregado. Pero esas son reglas que, en nuestro país, no existen y por lo tanto todos los que tengan dinero y conexiones pueden hacer y cobrar o adueñarse de lo que les viene en gana.

 

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