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¡Ciudadanas!, pero bellas, delgadas y eternamente jóvenes

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(20 de marzo, 2014).- Una piel tersa, mamas erguidas, delgadez y juventud. Nada de sobrepeso, arrugas, celulitis o flacidez. Ahora que legalmente se prohíbe la discriminación por raza, etnia o color de piel, ésta se ha trasladado a la edad y al peso. Cuando a las mujeres se les reconocen sus derechos reproductivos, se multiplican los desórdenes alimenticios. Si se obtiene el derecho a la salud, entonces la cirugía estética encuentra auge.

La idea de la liberación femenina convive con el discurso patriarcal que se renueva y se refuerza. Cada vez que las mujeres dan un paso hacia el reconocimiento de sus derechos legales y humanos, aparecen nuevos detractores de la liberación bajo nuevas formas de dominio.

Como señala Naomi Wolf, el estereotipo de la ama de casa dedicada al cuidado del hogar, los hijos y el marido, fue sustituido por el de la joven y delgada modelo; el cual, se reproduce diariamente en la publicidad, en el cine o la televisión.

En algunas sociedades en donde los derechos constitucionales y humanos han sido establecidos, se observa un fenómeno en el que las exigencias y las expectativas de vida no están enfocadas en el reconocimiento y respeto de los mismos.

En cambio, estas exigencias y expectativas se concentran, como señala Gilles Lipovetsky, en prácticas de mantenimiento del cuerpo –y no es que se deba descuidar la salud o evitar la obsolescencia del cuerpo–. Se vive una angustia por el envejecimiento, el sobrepeso, la celulitis, el tono de piel, las manchas, las canas, lo que trastoca la autoestima de las mujeres. Así, se llevan a cabo rituales que van desde tratamientos para prevenir el envejecimiento, aclarar u obscurecer el tono de piel y del cabello, e intervenciones quirúrgicas para reducir tallas o modificar el rostro.

La belleza, en sociedades occidentales, se enmarca en un nuevo estereotipo: se debe ser delgada, curvilínea, con mamas erguidas, piel tersa y sin celulitis, además, ser eternamente joven. En tanto las mujeres son escolarizadas y trabajadoras, este estereotipo de belleza se impone. Y con él, las industrias cosmética, de la cirugía estética y la pornografía han encontrado un nicho fértil entre aquellas que han logrado posicionarse en la esfera laboral o, bien, tienen una posición más privilegiada.

La belleza se ha convertido en un producto de mercado. Todos estos centros que ofrecen productos de belleza o para bajar de peso (alimentos, suplementos, vitaminas, aparatos de mantenimiento físico, ropa, cremas etcétera) obtienen ganancias millonarias anualmente.

Esta transformación de la representación social del cuerpo femenino es un proceso colectivo, proceso que se ha introducido en el imaginario de manera inconsciente, mediante premisas ideológicas como:  “Las mujeres son delicadas, dulces y bellas”. Esta construcción social de lo femenino se enfoca en la apariencia, vulnerando la autoestima de las mujeres, dado que el cuerpo femenino es sometido constantemente a evaluación bajo parámetros de belleza, prácticamente irreales.

La percepción del cuerpo, según Pierre Bourdieu,  está determinada desde una concepción social y la autopercepción de cada persona. Donde todo se define a partir de un sistema binario de clasificación: fuerte/débil, gordo/flaco, grande/pequeño, blanco/negro, bueno/malo. Estas percepción y autopercepción obligan a ubicar al cuerpo en una posición relativa. La probabilidad de sentirse incómoda en un cuerpo, atraviesa este sistema binario de clasificación, lo que podrá acarrear en las mujeres desde timidez, hasta vergüenza por su apariencia.

Si hace cuatro décadas a las mujeres se les sancionaban sus actos públicos por exigir derechos legales, ahora se persigue su autoestima, despojándolas del control de su vida individual. El instalarse en una imagen mengua las posibilidades de ser y ser vistas como mujeres maduras y con experiencia.

A partir de la crítica feminista hacia las sociedades patriarcales, se han modificado y creado leyes constitucionales y se han logrado implementar políticas públicas, para el respeto y reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres. Sin embargo, la implantación del estereotipo de belleza actual trastoca el plano individual de cada mujer. Estamos frente a una problemática de sumo compleja dado que esta forma de dominación vulnera la autopercepción y, por tanto, la autoestima de las mujeres.

Pese a que las mujeres se reconocen como iguales en derechos y obligaciones con respecto a los hombres, se perciben a sí mismas en una condición de desventaja y subvaloración por no cumplir con las exigencias del estereotipo de belleza.

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