Elvira Arellano
(20 de noviembre, 2013).- Nuestra comunidad ha pagado un costo muy elevado por la reforma sanitaria de Obama (Obamacare). El esfuerzo requerido para que se aprobara la reforma sanitaria en el Congreso, en el primer año de la Presidencia de Obama, fue el pretexto principal que se utilizó para demorar la reforma migratoria integral. Acuérdense que entonces los demócratas disponían de mayorías nutridas tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.
Recordamos que algunas organizaciones grandes “pro derechos de los inmigrantes” decían a la base social que debíamos tener paciencia. Estas organizaciones se expresaron en contra de intentos de presionar al presidente durante los primeros seis meses, mientras recibían apoyo financiero para participar en la lucha a favor de Obamacare.
Nos dijeron que la idea de luchar simultáneamente para dos proyectos de ley en el Congreso carecía de realismo. Lo que era además ofensivo es que el presidente nos habló directamente en una teleconferencia, diciéndonos que “ningún ‘ilegal’ recibirá beneficio alguno, ni le será permitido participar en los esfuerzos de la nación de proveer cuidado de salud universal”. Durante su campaña electoral y prometía cosas a nuestra comunidad, éramos “indocumentados”; luego de nuevo éramos “ilegales”.
Así es la historia del asunto. Al fin, el movimiento de base, junto con la voz valiente del congresista Luis Gutiérrez, empezó el proyecto de presionar al presidente. Por medio de dicha presión pudimos ganar unas victorias pequeñas antes de las elecciones, incluyendo los aplazamientos para los “soñadores”.
“Obamacare” fue la consigna que permitió que los republicanos ganaran el control en el Congreso. Ahora, la preocupación en el Congreso de atacar o modificar al Obamacare se presenta como el motivo para que no se podrá lograr la reforma migratoria este año.
Hubo muchos que opinaban que el proyecto de ley del presidente sobre una reforma sanitaria era un error. Algunos argumentaron a favor de un sistema con un solo pagador (“single payer”). Otros decían que el énfasis debía haber sido en una mejora de la organización del cuidado mismo, no de la expansión de cobertura de seguro. El proyecto de ley fue negociado con las compañías particulares de seguros, y no con los consumidores ni con los que proveen servicios de salud. De hecho, la versión que se logró aprobar fue basada en una propuesta republicana, pero, aun así, ningún republicano votó por ella. Esto fue la primera etapa en la confrontación partidista que existe actualmente.
Lo que observamos actualmente es un presidente y un Partido Demócrata, además de un Partido Republicano absorto en el asunto del “Tea Party”, que juegan políticamente con nuestras vidas. Tanto los indocumentados y sus hijos y familias, como los ciudadanos norteamericanos, están pagando un precio alto por estos juegos de competencia política. Lamentablemente, demasiadas de nuestras organizaciones se prestan a estos juegos por la razón de estar preocupadas por sus fondos.
La conclusión que debemos sacar queda clara: nuestra demanda actual es la de parar las deportaciones y separación de familias, por acción del Congreso de ser posible, por acción del presidente de ser necesario. Quien se niegue a ayudarnos a presionar al presidente nos está traicionando. El presidente Obama tiene la autoridad legal y moral de extender los mismos aplazamientos que ha otorgado a los soñadores, a los padres y las madres de ellos y a los padres y las madres de niños de ciudadanos, además de a todos los otros grupos cubiertos por el proyecto de ley en el Senado. Debe otorgarnos esto a más tardar en Navidad, pues queremos que nuestras familias estén unidas para pasar esa fecha.
Hacemos, también, un llamamiento para que todas las iglesias ofrezcan santuario a todos los que se encuentren amenazados por la deportación, a más tardar el 12 de diciembre, la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe.
Y tal vez aquellos latinos que prefieren la politiquería deben dar una miradita al gobernador Christie.


