Zona Franca / Javier Bravo López
(10 de noviembre, 2014).- Para el obispo de Saltillo, Raúl Vera López, el Estado mexicano ha optado por someter por la vía de la violencia a la ciudadanía, como en los mismos tiempos de la conquista española. Nos enfrentamos, consideró, a un gobierno que no duda en utilizar a las policías en contra de sus gobernados.
De visita en su tierra natal, el prelado considerado como uno de los principales representantes de la Teología Latinoamericana –antes llamada Teología de la Liberación-, echa una mirada a los crímenes de Iguala y Tlatlaya. Desde su papel como activista social y defensor de los derechos humanos, no duda en calificarlos como parte de un Estado represor que inmiscuye a los tres niveles de gobierno.
Ante esto, la respuesta de la sociedad para el sacerdote de origen acambarense no puede ser más esperanzadora, pues todos los círculos sociales se han lanzado a las calles para reclamar y denunciar al gobierno federal, su omisión en los casos como el del exalcalde de Iguala, José Luis Abarca, acusado desde hace más de un año de asesinar personalmente al líder social Arturo Hernández Cardona.
“Si no reaccionamos esto es lo que nos espera, un Estado cada vez más represor y más asesino. Todas estas cosas, aunque estén diciendo, en este momento, que esos muchachos no saben decir si son o no son (…) fueron ejecutados. Primero aprehendidos por la policía municipal, desde ese momento quedan bajo la custodia (…) y esas personas fueron asesinadas por criminales”.

Vera López dejó en claro que la ciudadanía tendrá en sus manos romper el esquema actual de la política mexicana si continúa organizándose, como ahora lo ha provocado la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero.
¿Y el papel de los partidos? Rebasado. Simple y sencillamente para el obispo Raúl Vera los institutos políticos existentes ya no son una opción. Todos se encuentran pervertidos y envueltos en “una decadencia espantosa”, sumidos en un sistema perverso de intereses, donde la delincuencia organizada está inmiscuida desde los procesos electorales.
“La clase política mexicana está dejando mucho que desear, todos los partidos políticos en México, está dejando mucho que desear (…) todos han dado pruebas de sus grandes deficiencias (…) los partidos políticos, todos, están en una decadencia espantosa. No tienen futuro, no son en este momento la solución. Para nada”.
De visita en casa
Raúl Vera estuvo en Guanajuato, precisamente en Acámbaro, para presentar el libro El Evangelio Social de Raúl Vera. Conversaciones con Bernardo Barranco, un texto en el que se explora la formación y crecimiento intelectual de prelado mexicano, conocido internacionalmente por su labor a favor de los derechos humanos, pero quizá más por su postura crítica ante las, omisiones, errores y cánones tradicionalistas de la propia Iglesia Católica.

Desde su intervención en el movimiento zapatista en Chiapas, sumándose al ministerio de apoyo encabezado por Samuel Ruiz y el EZLN, la defensa de los derechos de los migrantes nacionales y centro americanos, hasta la férrea demanda de justicia tras el desastre de la mina de Pasta de Conchos, las conversaciones con el investigador estudioso de las religiones son un vistazo a la mirada del Obispo Vera.
Pero también revela las motivaciones de un prelado de alto nivel, para mostrarse crítico en los temas que los altos mandos eclesiásticos prefieren ignorar. Desde el rechazo a los homosexuales, la marginación del papel femenino, pederastia clerical, y la complicidad con las clases políticas. Todo forma parte, dice, de la desviación del ministerio de la fe hacia los intereses económicos.
En ausencia del coparticipe del libro por enfermedad, Raúl Vera expuso a los acambarenses su visión de una Iglesia que habrá de dejar la cúpula, para atender las disposiciones del Papa Francisco, al dar la orden expresa de tener una autoridad clerical que afronte las realidades de la injusticia social.
Quizá el viraje en la postura del Vaticano se puede resumir en una de las confesiones que el Obispo expuso ante acambareses durante la presentación literaria: “si todavía continuará el pontificado de Benedicto XVI, yo no estaría aquí (risas) (…) quizá no existiría este libro”.


