Por Diego Enrique Osorno y Karem Nerio / El Barrio Antiguo
(23 de febrero, 2014).- Diego Enrique Osorno: Buenas noches, me acompaña el día de hoy Karem Nerio y Pepe Garza, quien será el perro romántico de esta emisión. Un periodista cultural de los que han abierto la brecha también en periodismo narrativo en la ciudad.
José Garza: Muchas gracias por la invitación, estoy muy contento. Redescubriendo aquí la Universidad de Monterrey, nuevos valores en cabina. Y muy contento de estar con ustedes.
DEO: En Los Perros Románticos tratamos de hablar acerca de nuestros invitados, de conocer su relación con el periodismo. Creemos que el periodismo es un acto apasionante, es una enfermedad, es un evento especial. Y consideramos que nuestros invitados lo ven así el periodismo. Pero tal vez, en esta ocasión yo estaba equivocado. Podrías hablar de tu visión del periodismo, de cómo te relacionas, lo que implica la importancia del periodismo.
JG: Claro, de entrada yo creo que eso es muy importante; es establecer la noción con la que se trabaja y se asume el periodismo. Yo creo que el periodismo es un oficio, es una profesión, que está en vías de profesionalizarse. Es una posición, yo siempre digo, uno de los sistema de aproximarnos a la realidad, a la vida misma, como lo es la historia, como lo es la literatura. Son áreas muy comunes, aunque bueno el historiador se aproxima a la realidad desde el punto de vista del pasado, el periodista necesariamente en el presente y el escritor puede navegar justamente en esa ambigüedad del pasado y del futuro, y puede echar mano de recursos históricos y periodísticos. Pero el periodista es una posición muy privilegiada, estamos de cara a la realidad. Y como decía un maestro mío, Silvio Jaramillo, que desde las aulas nos decía que el periodismo es un instrumento de solidaridad con los hombres, y para el hombre y para la vida. En aquellos momentos, ya hace 25 años, en el salón de clase, que escuchamos a Silvino, no entendía uno eso, parecía un poco retórica, de un viejo maestro que nos decía que el periodismo en un instrumento de solidaridad. Y ya justamente que vas viviendo, vas aproximándote a la realidad, y vas viendo justamente que la vida es injusta, hay crueldad, hay bondad también, hay belleza.
Nuestra posición es privilegiada, porque estamos participando de eso, lo estamos observando, somos testigos, somos partícipes. Y somos también en ese sentido un puente entre lo que ocurre y lo que vamos a transmitir a otro. En ese sentido, yo estoy convencido que el periodismo tiene una misión política y moral, no militante. Un día discutí con la querida Eileen Truax, que decirlo así significaba hacer periodismo militante y yo decía: el periodismo no lo es. Tú puedes tener una noción mercantil del periodismo y bueno vas a vender, vas a hacer de la nota una mercancía y por eso vemos el periodismo rosa o el periodismo de espectáculo. Pero si tú tienes una idea, una noción y funcionas a raíz de eso, lo vas desarrollando. Yo estoy convencido de que el periodismo tiene una función política. Y si tú revisas la historia del periodismo, de los grandes periodistas, siempre se está del lado de la justicia, hay una tendencia. Existe la objetividad como una tensión necesaria, para no mentir, para no tergiversar pero finalmente siempre está el punto de vista del periodista. Detrás de cada nota siempre hay un corazón, un cerebro latiendo, pensando. Necesariamente se jerarquiza la información, se somete a una escala de valores, y ahí hay una gran carga subjetiva.
Entonces yo para poner un primer apunte al respecto, el periodismo yo lo asumo como eso como un instrumento de solidaridad, y con una misión política y moral en ese sentido. Bueno te lo digo como alguien de cultura. Toda mi trayectoria ha sido como periodista cultural, aproximándome esta realidad artística, cubriendo exposiciones, entrevistando escritores.
DEO: Pero ahí también hay política, ¿no?
JG: Sí, aparentemente no, pero acabo de publicar un libro de entrevistas a pintores y me da un poco de pena. Porque en ese momentos la gran tendencia es realmente descubrir y denunciar lo que vemos. Lo que tú has hecho valientemente y otros periodistas, enfrentándote a una realidad realmente peligrosa cruel, y bueno a la tal vez yo no estoy capacitado afrentarme a eso. Tal vez mis intereses personales no están aproximarme a eso y por eso no me siento con esa capacidad.
Frente a toda esta realidad que se opone, pues sacar un libro de entrevistas con pintores me da hasta un poco de pena, ante eso que pueda parecer hasta frívolo pero no lo es así. Justamente en ésta se aproxima a la realidad, se comparte la experiencia de vida de los pintores, de los artistas, y por otra parte la experiencia periodística. Y comparto esta información para alimentar al otro, al lector, que bueno esa información le sirva, no tanto para tomar decisiones vitales, pero sí quizás para incrementar la imaginación, la creatividad, otro valores.
KN: En tu transcurso de tu trabajo cultural, ¿te has encontrado que también hay denuncia? En tu libro editado por la Universidad Autónoma de Sinaloa, en algunas crónicas cierras con una reflexión sobre el arte, ¿hay alguna denuncia ahí?
JG: El artista siempre nos está comunicado algo, necesariamente, o a pesar del propio artista. Utilizan la pintura o la escritura, utilizan un soporte. Así es en el caso concreto de Fuego al museo, en que se reúnen entrevistas con artistas pintores o artistas plásticos. Descubres eso, personas que utilizan los medios pictóricos y plásticos para expresarse. Y obviamente al expresarse a sí mismos, expresan y reflejan una realidad, la realidad personal de cada uno de ellos y la realidad de sus días. Entonces tú puedes aproximarte a Yoko Ono por ejemplo, más allá del halo legendario que tiene y revisas su trayectoria, su participación en el grupo Fluxus, por ejemplo y lo que significó, lo que aportaron, tiene que ver con un registro con la realidad, y una reacción a una realidad de los años sesenta, esta gran década turbulenta en que se gestaron muchísimas expresiones culturales. Tú revisas por ejemplo la obra de Schnabel y Tàpies bueno su arte es un reflejo de ellos mismos, un reflejo y una reacción a la realidad social de sus días, de cada uno de ellos. Ahí es donde se puedeadvertir esas denuncias. Ahora no es una denuncia per se o panfletaria, sino que en la misma expresión lleva esa carga de denuncias.
DEO: ¿Cuál es la relación que tiene del arte con el periodismo? Uno reflexiona de los trabajos periodísticos que perduran en el tiempo, que seguimos leyendo, y se das cuenta que ya sean denuncias periodísticas, son denuncias que llevan arte. Lleva a uno a pensar que también con esta idea de la militancia y el compromiso social, una denuncia periodística que no esté acompañada de arte, se convierte en un panfleto. No tiene la posibilidad de trascender. Bajo esta circunstancia para ti, ¿cuál es la forma en que se puede implicar el arte en el periodismo, a la hora de escribir?
JG: En el dominio del lenguaje. El periodista tiene que conocer su principal instrumento que es el lenguaje. Finalmente la realidad existe porque la nombramos. Con las palabras, hay que conocer otro idioma, el lenguaje, yo estoy convencido de esta idea romántica que el periodista es un escritor como lo enseñó García Márquez, que el periodismo es un cuento. Yo viví convencido de eso, muchísimo tiempo después me di cuenta que son cosas distintas el periodismo y la literatura, como la historia, cada una son sistemas de aproximarse a la realidad. Y se prestan elementos unos de otros. Si revisas la historia del periodismo nos vamos a encontrar que el periodismo en mayúsculas, que en su elaboración echa mano de recursos literarios. El ejemplo más clásico es el nuevo periodismo norteamericano, Tom Wolfe lo explicaba muy bien en ese ensayo de cómo el gran periodismo desde Daniel Defoe hace 300 años, usó técnicas literarias para la construcción de sus reportajes. ¿A qué me refiero? Bueno a uso de diálogos, en la descripción, en las técnicas descriptivas, en la construcción de escenas no necesariamente cronológicas. Eso implica que el reportero esté ahí y observe las escenas, vea pasar lo que está ahí para poder transcribirlo. Esta idea de que el periodismo es un cuento me parece, me gusta, porque eso nos permite que el oficio no nos sea indiferente. Y asumir eso pero sí cuidar.
DEO: ¿No como un registro notarial?
Sí y entender también uno que el periodismo tiene sus reglas muy claras, la precisión, el cotejo de lo que se tiene con la realidad, no mentir, no tergiversar, el fin final es la veracidad. Yo veo que el fin es la credibilidad. También lo decía García Márquez, tú puedes ver volar veinte elefantes en la literatura, bueno cuenta la historia y hazla creíble. En el ámbito de la literatura vamos a creer que vemos volar veinte elefantes pero ¿en periodismo? Si en verdad se me ocurren veinte elefantes, tienes que tener elementos que te permitan verificar que has visto o se ha visto pasar veinte elefantes, fuentes, documentos, no sé. Es muy importante no perder esa noción. Uno puede usar técnicas literarias o de ficción pero sin mentir. La gran crónica más famosa de García Márquez es “Caracas sin agua”.
DEO: ¿La puedes contar? Tú viviste esta anécdota.
PG: Gabo la contó en un taller. Una de las crónicas más populares que es un librito muy bonito de García Márquez, Cuando era feliz e indocumentado, que ya aparece en sus libros de las obras completas. Hay una crónica fabulosas de los años cincuenta, de cuando Gabo vivía en Venezuela. Y cuenta la anécdota, la historia, una crónica de la ausencia de agua en Venezuela, ni para bañarse. Y García Márquez para reflejar eso, cuenta la historia de un ingeniero alemán que en esos días se rasura con agua mineral y con agua de durazno. Y ese ingeniero alemán no es otra persona más que él mismo. Eso nos lo contó en el taller.
DEO: ¿Treinta o cuarenta años después?
PG: No sé sí lo había contado después, pero en el grupo del 98’ que tuvimos la oportunidad de estar con él en el taller, contaba esta anécdota. Porque estuvimos leyendo esa crónica y bueno pero “¿Cómo García Márquez?”, nos preguntábamos, “Pero sí estás mintiendo”.
DEO: Ese es un cuento, Pepe.
JG: Es un cuento pero se presenta como crónica. Él lo publicó en el periódico en su momento como una crónica.
DEO: Pero hablando de estos pactos éstos con el lector…
JG: Es increíble.
DEO: Pero no es verificable.
JG: No es verificable. Y él lo puede verificar “bueno pues Samuel soy yo”. Es un recurso pero ya es un elemento de ficción y ese elemento de ficción invalida esa crónica como crónica periodística, y la vuelve relato. Es creíble. Incluso también dice Tomás Eloy hay cosas en la ficción que hace que uno conozca la realidad. Si tú quieres ver el incendio de Londres del siglo XVII-XVII tienes que leer a Daniel de Defoe, no tanto los documentos históricos, sino la ficción que es lo que te va a orientar. Víctor Hugo, leer Los Miserables para quien quiere conocer la Francia del siglo XVIII pues es leer a Víctor Hugo. Los grandes novelistas naturalistas, Flaubert, Balzac, son los maestros de los grandes periodistas narrativos. Todo periodista narrativo ha abrevado en Balzac, en Flaubert. O como dice García Márquez y todos los periodistas narrativos de esa generación abrevaron en ese Faulkner, por ejemplo que son escritores muy naturalistas.
Lo importante como periodista es no sucumbir a la tentativa de elementos de ficción para cubrir, porque podrás ganar el Premio Nobel. O el clásico ejemplo también que se ha contado mucho de Janet Cook, no sé si venga al caso contarlo rápidamente. Esta periodista de color que gana el Pulitzer, con la historia de Jimmy un niño al que le inyectan sus padres heroína y bueno la mujer ganó todos los premios, el Pulitzer y seguramente no pudo con el remordimiento. Y terminó confesando que todo fue una invención. A esa mujer no debieron darle el Pulitzer sino el Nobel de Literatura. Porque claramente escribió una historia creíble. Jimmy existe, tal vez no es carne y hueso pero hay muchos Jimmys. Pero el problema en periodismo, Jimmy tiene que existir, porque sino se vuelve otra cosa. Esos son los límites creo yo es la precisión y la verificación de lo que se escribe. Yo creo que es clave, de ahí las técnicas literarias las podemos utilizar, dominarlas, conocerlas y utilizarlas a favor del periodismo sin mentir. Porque eso nos coloca en otra posición.
KN: Pepe, volviendo un poco sobre tus pasos me gustaría preguntarte por el primer reportaje, ¿la primera crónica fue cultural, fue deportiva?
JG: Un poco por biografía, siempre he estado en el ámbito de la cultura de alguna manera, mi padre era historiador. Mis papás son maestros, un poco en casa los libros, las revistas. También papá era militante del partido comunista, siempre vivía cercano a estos materiales y fuentes. Cuando yo ingreso a trabajar en el 89’ hace ya más de 25 años, en la redacción de periódico El Nacional, caigo directamente en la sección de cultura. Y tuve un primero editor extraordinario como lo es Óscar Efraín Herrera, que es un gran poeta y cronista, lo agradezco porque fue muy paciente. Un maestro inicial que nos llevó ahí de la mano y tenía en mi escuela a mis maestros, pero en la redacción de El Nacional fue como muy afortunado haber caído ahí con Óscar muy sensible, muy paciente. Mis crónicas… ahí fue entrevistar a María Luisa Puga por ejemplo, narradora mexicana que falleció, y un poco sin saber de ella. Entrar a la redacción, ve no está el reportero y ve y entrevista a María Luisa Puga, “y pos quién es”. Y ahí un poco escuchando.
Recuerdo que en esas primeras entrevistas, era una rueda de prensa, estaban ya, dos grandes reporteros Fernando Garza y David Torres de esos momentos, reporteros que tenían diez años trabajando, entonces verlos ahí como en vivo yo decía “a estos cuates yo los leo en la prensa y los tengo aquí también”. Era escuchar y aprender también de los colegas. El primer reportaje así grande, por decirle de alguna manera, fue un reportaje del Niño Fidencio. Este fenómeno religioso, cultural aquí del noreste de México. Acudí a Espinazo, Nuevo León a observar el fenómeno religioso y cultural y social que se da en torno al taumaturgo que había existido en los 30 y ver el fenómeno, e hice una primer crónica de lo que es Espinazo. Después ya lo fui enriqueciendo con más fuentes, entrevistar a Garza Quirós que es el principal especialista del fidencismo y empezar a armar un reportaje que se publicó en El Nacional, y que luego publiqué en mi primer librito que se llama Tierra de Cabritos y aparece el reportaje del Niño Fidencio como una foto de Juan Rodrigo Llaguno de su serie el espinazo.
Mi primera gran lección, lo cuento así rápido, fue justamente en esos años del 89’, se cumplía el centenario de Alfonso Reyes, entonces me mandan entrevistar a Alfonso Rangel Guerra, uno de los grandes intelectuales de la entidad, yo creo que el único académico de la lengua que tenemos aquí en Monterrey, una eminencia. Él como que en ese momento era secretario de educación y como que estaba súper fastidiado por su trabajo burocrático y entonces yo voy con él, me había preparado, o eso creía que me había preparado bien para entrevistar a un alfonsista, un experto en Reyes, así extraordinario. Llego y me siento y lo primero que le pregunto a don Alfonso con ganas de que él hablara y me explicara qué onda con Alfonso Reyes, “oiga don Alfonso ¿por qué escribía Alfonso Reyes?” Entonces él se para, se da vuelta a su biblioteca y me trae como cinco libros “póngase a leer Alfonso Reyes”.
Yo también siento que fue un poco porque estaba cansado, pudo haber sido una pregunta que hubiera dado “mira Alfonso Reyes, en el Deslinde cuenta…”. Mi error me di cuenta de que yo esperaba una respuesta. Lancé la pregunta esperando una respuesta, yo le pregunto esto porque quiero que me responda “esto”. Él pensó que era una pregunta de una persona ociosa, de alguien ignorante que no sabía de Reyes. Y yo había leído el Deslinde de Reyes, que es parte de su teoría literaria y dice Reyes porqué escribe, porqué la idea de la escritura, pero yo quería que él un poco me lo dijera. Entonces vas aprendiendo realmente a no lanzar preguntas, sí uno busca respuestas, pero a veces uno quiere sugerir ciertas respuestas.
Yo me acuerdo en el periódico cuando en los editores te mandaban a cubrir alguna noticia y tenían la cabeza ya lista y para nomás llegar tú y “vámonos” y resulta que la historia había sido otra y era un gran coraje para los editores darse cuenta. En ese sentido, el periodismo es un muy impredecible. La realidad a veces queremos provocarla y suscitarla. Para mí fue una conmoción que don Alfonso llegara así y me diera así los libros, “pues hay que prepararse más”.
DEO: En el caso del texto en que más sientas que te has comprometido, que ha tenido más tiempo tuyo. ¿Cuál es? Además del libro de entrevistas a pintores estás presentando otro libro por ediciones Alarido del miedo y editorial Almadia que se llama En la piel equivocada, una colección de crónicas y relatos. Pero que nos hables un poco de el texto con que más te hayas comprometido, y la manufactura del texto.
PG: Yo me siento como muy a gusto en las entrevistas. Uno va teniendo ideas, como decías al inicio de la conversación, y uno las va modificando, enriqueciendo, como te dije en el principio yo estaba convencido de que el periodismo es un cuento y luego te das cuenta de que son cosas distintas, pero sigues aceptando esa idea como romántico. Yo me siento muy confiado en las entrevistas. Y ha habido talleres o experiencias como tomar el taller con John Lee Anderson en el 99’ el primer taller que John Lee dio en la fundación, fue como iluminador para todos. No lo digo sólo por mí, sino por la gente que estuvo, como por ejemplo Julio Villanueva, de ahí Julio volvió a volverse Julio.
DEO: Ah, ¿entonces Jon Lee es el culpable?
PG: Jon Lee Anderson es el culpable. En ese taller estaba Rosana Fuentes Berain, Julio Villanueva Chang, había otros compañeros de ahí, todos salimos queriendo poner en marcha las ideas que John Lee ahí nos estaba suscitando. Y empezó a darse una oleada muy afortunada de trabajos periodísticos con esta idea de perfil, que maneja la newyorker, la revista New Yorker, tiene una tradición que John nos ha mostrado en América Latina, junto con Alma Guillermoprieto. Yo diría que Alma y después John. Es un tipo de periodismo muy rico, con muchísimas técnicas literarias. Yo creo que el New Yorker es el ejemplo más claro y contundente del periodismo al que todos aspiramos, bien escrito, bien investigado y con un editor que se prepara tanto o más que tú para justamente verificar lo que se escribe. El editor del New York Times y de la prensa norteamericana, atrás está un editor que está verificando efectivamente que lo que escribes sea real.
DEO: ¿Qué texto hiciste?
JG: El texto que trabajé fue el perfil de Tàpies, que aparece en el Fuego al museo. Yo salí de ahí y los siguientes trabajos que elaboré fueron como perfiles como el perfil de Tàpies, Anthony Tàpies el pintor español catalán, que yo ya había entrevistado en el 98 y después busqué en el 2002 para hacer un perfil muy largo, que publicó Gatopardo. Yo tuve la oportunidad de estar con él tres momentos después para el libro, yo los hago un solo texto. En la segunda ocasión que lo vi, en el 2002, me permitió hacer un perfil con el que me sentí a gusto y creo que se ofrecía un perfil de Tàpies.
DEO: ¿Por qué te interesó? ¿Cómo llegaste?
JG: Mi predilección como periodista cultural son las artes pláticas. Y Tàpies siempre me ha seducido, su arte, por el tipo de materiales que utiliza, el tipo de signos que emplea y todo lo que suscita, justamente lo que comentabas el tipo de denuncia que él emplea, lo que él nos quiere decir, de muerte, de vida, de esperanza. Lo que sus mismos materiales nos dicen, él es un informalista y como los informalistas nos enseñan que del desecho surge la vida. Todo eso a mí me seduce. Los artistas quieren comunicarnos algo y a veces ni ellos propiamente saben qué y es indagar con el artista plástico porqué hace lo que hace, sus procesos. Eso me entusiasma muchísimo.
Y Tàpies desde siempre, desde que en los setentas vi un cartel en el Museo de Monterrey. El Museo Monterrey es un museo que extrañamos muchísimo aquí en la ciudad, a lo mejor ustedes están más chicos, pero el Museo Monterrey es el que hospiciaba Cervecería y funcionó del 77 hasta el 2000. Y fue el museo que trajo realmente grandes exposiciones aquí en los años ochentas y noventas. Y ahí vi por primera vez un cartel de Tàpies impresionante, y luego hubo una exposición legendaria que presentó la pinacoteca del estado que presentó pintores españoles y catalanes. Perdón pintores catalanes con mexicanos. Por ejemplo dialogar una pintura de Tápies con Cuevas.
DEO: ¿Dónde, en el museo de Monterrey?
JG: En el Museo de Monterrey. De los pintores de la ruptura mexicana con los pintores informalistas españoles entonces era fabuloso. Me entusiasma y me emociona.
KN: ¿Escribirías de un bailarín, de un músico, escritor?
JG: Como periodista cultural es lo que uno nos da. El periodismo nos permite una visión muy periférica de la realidad. Y yo estoy convencido que uno tiene que estar informado, preparado para entrevistar a un artista, a un deportista, un político, un zapatero. Tener esa sensibilidad para poder escuchar al otro, poder dialogar y transmitir una experiencia. Eso es lo privilegiado de la condición periodística.
En el caso de la cultura, tenemos el privilegio de poder conversar con escritores, bailarines y es de verdad muy estimulante. Me interesan muchísimo las artes plásticas, no soy un especialista pero sí me interesan muchísimo. Cuando yo trabajaba en El Norte, ahí como que parcelaban un poco la cobertura de las fuentes y en el área de plásticas, no es que yo fuera el titular pero sí con mucha regularidad tenía la cobertura del tema de artes plásticas.
Los últimos tres años estando en España, del 2000 al 2003, yo estaba muy concentrado en los estudios de posgrado y yo colaboraba para el periódico de La Jornada, mandaba muchas colaboraciones, entrevistas, etc,, pero luego un periódico de Reynosa, el de Hora Cero, me empieza a encargar los reportajes de deportes. “Oye ve a entrevistar a Javier Aguirre lo acaban de fichar en los Osuna o ve a entrevistar a Rafa Márquez”. Pues me gustaba el futbol, pero no era un tema que me interesaba cubrir periodísticamente. Realmente fueron muy generosos, Heriberto de Anda y Hugo Jiménez, me pagaban, como pocos por adelantado. Más como mecenas me pagaban para ir a cubrir y sí, realmente muy a gusto porque yo le decía a Hugo Jiménez, ve a cubrir a Javier Aguirre o a Rafa Márquez, o me dice “va a torear el Eloy Cavazos en las ventas”. Y yo: “Hugo yo jamás he ido a cubrir una corrida de toros, es más jamás he ido a una corrida de toros, es más ni me interesan”, “pero ve, puede que te puede servir a tu favor” y le dije “bueno pero si me dejas hacer algo que tengo en mi cabeza”. Estaba leyendo desde Kapuscinski hasta David Foster Wallace que me fascina. Entonces estaba leyendo muchas cosas, bueno quiero hacer algo, muy David Foster Wallace y Hugo dice “hazlo” y voy a la corrida de toros a las ventas, lo entrevisto ampliamente, me documento no sé si muchísimo o no, le intento dar contexto al reportaje, un poco consignar la versión que hay de la fiesta de los toros, al final trabajé como unos tres meses en ese texto y se lo mandó. Hugo se asusta porque eran 30 cuartillas pero las publica todas. Yo no sé si no había más notas no sé (se ríe).
DEO: Qué valiente también la decisión del periódico de publicarlo porque eso no se estila. Oye Pepe hablando de temas deportivos, después del corte vamos a escuchar la crónica de Radio Ambulante que toca estos temas, regresamos a Los perros románticos aquí en Radio UDEM.
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Regresamos a Los perros románticos estamos aquí con Diego Osorno y Pepe Garza. Acabamos de escuchar una crónica de Radio Ambulante, un proyecto dirigido por el periodista Daniel Alarcón. La crónica se llama El equipo fantasma sobre un partido de revancha en las eliminatorias del mundial de 1974 de Alemania, entre Chile y la Unión Soviética, después del golpe de Pinochet en 1973. Regresamos.
DEO: Regresamos después de escuchar esta excelente crónica de Radio Ambulante proyecto de Daniel Alarcón y Carolina Guerrero. Pepe, Chile, futbol, Unión Soviética, partido fantasma, son temas que no te son tan ajenos.
JG: No, esta pieza que acabamos de escuchar es muy conmovedora, muy bien armada con un muy buen oficio de que va ser escuchada. Cuando uno escribe sabe que va a ser leído y se permite ciertos recursos pero aquí es de una claridad ante todo, el manejo de las fuentes, el hilo del personaje, me parece que como trabajo periodístico es muy notable y ejemplar. Sobre todo trabajo periodístico radiofónico. Y el tema futbolístico muy sugerente. Encontramos ejemplos, el que ya se volvió clásico.
DEO: Este periodístico nuevo, porque ha habido varios del periodismo narrativo y la crónica, parece que no se ha metido tanto a los deportes, no vemos grandes crónicas del futbol por ejemplo que es algo muy latinoamericano.
JG: Yo creo que porque las circunstancias ya son otras, aunque bueno en los últimos años podemos ya vincular los espectáculos con la realidad política. Habría que tener esa mirada, esa sensibilidad para poder hacer esa lectura como ésta.
DEO: Nos hemos asomado a estudios potenciales, sabemos que futbolistas han sido contratados por los Zetas para entrenar equipos en Tamaulipas, en Michoacán, en Nueva Italia.
JG: O el tema de Hank Rhon en Tijuana.
DEO: El Hank Rhon en Tijuana, este movimiento de cronistas no están tan interesado en el futbol.
JG: O en el espectáculo, yo creo que habría que comenzar a abordar estas realidades del tema del espectáculo, del deporte y esta vinculación con el ámbito económico, social o cultural que lo hay. Yo creo por ejemplo el movimiento de las barras, que tiene ya diez, quince años sería muy interesante abordarlo con una mirada no sólo de una manera descriptiva sino también buscando una mirada más periférica. Buscando hilos conductores, en este caso jugador chileno, que permitan como contar una historia específica para hablar de una problemática general.
DEO: Pero ahí sí, como que los periodistas radiofónicos van muy por adelante en la narrativa de los periodistas por escrito en el asunto deportivo. Desde Ángel Fernández hasta Emilio FernandoAlonso, todos estos grandes narradores.
JG: Yo creo que de todas formas eso se queda todavía en un plano muy descriptivo. Villoro lo ha hecho o Monsiváis, yo siempre recomiendo la lectura. Monsiváis tiene una crónica fabulosa, que pueden encontrar en Entrada Libre, un libro muy bueno de Monsiváis donde empieza a reflexionar y observar los fenómenos de la sociedad. Y él hace una crónica del mundial del 86’ que se llama ¡¡¡Goool!!! Somos el desmadre. él habla del mundial y no nos cuenta ningún partido del futbol. No está describiendo ningún cotejo, se concentra en el partido Alemania-México en Monterrey. Monsiváis era precisamente un gran cronista interpretativo, él interpretaba lo que observaba y con una mirada muy periférica y profunda. Esa crónica de Monsiváis sobre el mundial es ejemplar.
Y bueno tenemos a Kapuscinski con la Guerra del Futbol que él se concentra en cubrir el conflicto bélico que se dio entre El Salvador y Honduras a partir bueno no…
DEO: Él es el que le pone el nombre a la Guerra del Futbol pero él llega después de los partidos.
JG: Y aquí un poco la anécdota que él también cuenta, Luis Ovares un periodista mexicano porque Kapuscinski estaba en México.
DEO: Estaban viendo el futbol y Ovares le dice “ahí va haber guerra” y se va.
JG: Entonces la crónica a partir del juego, se nos cuenta una problemática mayor. El partido es simplemente la gota que derramó el vaso.
DEO: ¿A ti Pepe te gustaría cubrir una guerra?
JG: No lo sé, tendría que plantearme una circunstancia de estar ahí. Yo creo que para ir a cubrir un conflicto bélico, o para cubrir lo que estamos viviendo en el país, no me siento con las condiciones, físicas -porque hasta eso también- y psíquicas. Yo creo que tendría que estar, en ese momento y sacar las condiciones al menos psíquicas para la cobertura. Por la vida misma uno se siente con la capacidad la realidad que estás viviendo. Tener que hacer un viaje de turismo en Tel Aviv y estando allá que ocurra algo, tendría que cubrir por sobrevivencia, por interés.
DEO: No le darías la espalda a una guerra pero no darías un paso hacia ella.
JG: Yo creo que eso sería. Eso lo he discutido mucho con Hugo Jiménez. Un periodista de aquí que estuvo unos días en Yugoslavia y él reconoce que de una manera ignorante, la adrenalina de ir a una guerra por ir, casi sin contexto histórico, y sobrevivir por suerte. Y luego él vuelve a ir cuando el conflicto está más transitado. Y bueno para Hugo su gran sueño era ir a una guerra. Como ocurre cuando estás estudiando periodismo que su sueño es ser como Roberto Hernández Jr. y narrar un partido de futbol.
Y siempre en el ámbito de la cultura mi aspiración ha sido buscar personajes, conversar simple y sencillamente con los creadores del arte. Un poco me ha tocado, cuidando las proporciones, cuando trabajaba y me tocaba en los aeropuertos ver a los cardenales ¿el cardenal que mataron en Guadalajara? Posadas Ocampo, estando en Guadalajara justamente me tocó tomar la grabadora ya hacerle una entrevista que fue portada en El Norte. No es que sea meritorio es que uno desarrolla la capacidad de reacción inmediatamente para hacer preguntas a un político o a un deportista, pero yo creo que necesitaría estar ahí. Pero en el ámbito profesional han sido las artes, la cultura y todo eso que acabamos de escuchar es precisamente una crónica de periodismo cultural. Incluso en el libro En la piel equivocada donde aparecen la crónica del Eloy Cavazos o en el encuentro de Rafa Márquez, o Javier Aguirre yo no las considero crónicas deportivas porque si bien hablo un poco de toros o de futbol no es el propósito sino ejercicios narrativos para poder acercarme a una realidad e intentar explicarla.
El fenómeno Rafa Márquez en el contexto de la Barcelona en el año 2000, o Pamplona en el caso de Osuna, o los toros de Eloy Cavazos. Sí me siento con las capacidad periodísticas para abordarla pero un conflicto bélico. Lo he platicado con John Lee Anderson, uno de los grandes periodistas en ese sentido uno tiene que estar capacitado física, y psíquicamente.
DEO: ¿En qué tienes la mira ahora, Pepe?
JG: En los últimos diez años, desde que volví de España en el 2003, he estado involucrado en labores académicas y de difusión cultural, a cargo de las publicaciones de la Universidad de Nuevo León. Dirigidas, tengo una mirada periodística pero si bueno el trabajo periodístico lo he colocado en un segundo lugar. Pero cómo reclaman las cosas, ahora que se dio este año estas recopilaciones Fuego al museo, de entrevistas con pintores, o En la piel equivocada son trabajos que se publicaron hace más de diez años. Los últimos textos son publicados en el 2003, 2004. En ese lapso he escrito, entrevistas, no con esa exigencia, me impuse sobre todo en los materiales de En la piel equivocada, ejercicios experimentales. Porque también creo, como este gran paréntesis que el periodismo cultural es donde mayormente se nos permite experimentar más la escritura, o por lo menos en México, nada radical pero sí en el uso del lenguaje, en las estructuras de las crónicas.
KN: ¿Cuáles son los retos de ejercer periodismo cultural en Monterrey?
JG: Para empezar que no hay espacios. Yo creo que proyectos como Radio Ambulante, yo creo que ya es la autogestión, el uso de los medios electrónicos se ha democratizado mucho. La principal limitante es uno mismo. Uno tiene que ejercer, es lo que tú me dices ahora qué planes traes.
DEO: ¿Qué historia le traes ganas?
JG: Un personaje del que estoy en deuda es Julio Galán. De él Braulio Peralta me propuso escribir un libro de Julio Galán, representa un reto interesante, estudió aquí en la UDEM por ejemplo, estudió arquitectura en la UDEM, uno de los grandes pintores de los años ochenta. Falleció hace unos cinco o seis años, tuve la oportunidad de convivir con él muchísimo, el libro de Fuego al museo hay un perfil de él muy amplio. Es un personaje muy sugerente, como pintor y como personaje, rodeado de un halo de fantasía y realidad, para entrar en él es un personaje muy sugerente y yo creo que la invitación que me hizo hace cinco o seis años Braulio como editor, yo creo retomarla para poder profundizar en Julio Galán como pintor y como personaje.
Lo entrevisté muchísimo pero hay una entrevista que le hizo Silvia Cherem, yo creo que es de las entrevistas más amplias y más profundas que tocó ciertas. Yo por ejemplo, con Julio siempre tuve un purito de hablar de su vida privada, me concentraba en el tema pictórico y hablábamos de su vida privada porque como es un pintor que se pintó a sí mismo, obviamente muchas fuentes era hablar de su vida. Siempre era crear mitos, en torno a él mismo como personaje. Pero yo creo que Silvia tocó ciertas líneas que habría que profundizarlas. Yo creo que estoy muy estimulado de poder esa idea, construir una biografía de Julio Galán.
DEO: La esperamos. Pepe Garza, nuestro invitado de hoy, va a leer un poema especial y nos va a compartir porqué escogió este poema.
JG: Un poeta que me ha acompañado durante muchísimo tiempo y que siempre tengo muy presente, que me gusta leer y releer y en que cada lectura encuentro acepciones distintas. Lo leo como si fuera mi papá, una voz muy paternal y voy encontrando respuestas a la situaciones que uno tiene. Y justamente cuando yo trabajaba en el periódico de El Norte y estaba apunto de abandonarlo, estaba en el dilema de si seguía por diferentes razones, después de leer este poema al día siguiente tomé la decisión de abandonar el periódico. Y seguir adelante, este poema se llama Para matar un pájaro de Francisco Hernández:
Para matar un pájaro
toma unas tijeras tan grandes
como su envergadura.
No se las claves en el pecho
ni tajes su garganta.
Corta sus alas.
La nostalgia del vuelo
hará que se arroje
por el desfiladero.
DEO: Muchas gracias Pepe y buen vuelo.
KN: Que tengan bonita tarde.
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