La mayoría de los medios de comunicación de México gozaron históricamente de una bonanza en los contratos de publicidad oficial con el gobierno federal, situación que se incrementó más en la administración de Enrique Peña Nieto, en la cual se destinaron más de 60 mil millones de pesos, por lo que se acostumbraron a vivir del gobierno en turno y no de las audiencias y con el inicio de la actual administración federal padecen recortes que los han obligado a estar al borde de la quiebra.
Las grandes televisoras como Televisa y Tv Azteca fueron las principales beneficiadas en los gobiernos tanto del Partido Revolucionario Institucional (PRI) como del Partido Acción Nacional (PAN), así como los principales rotativos y las cadenas radiodifusoras más grandes del país, por lo que no se preocuparon por buscar otras alternativas de negocios.
La dependencia de los medios a la publicidad oficial proviene desde la segunda mitad del Siglo XIX que se intensificó en el Porfiriato y se repitió con otros nombres en la época posrevolucionaria, razón por la cual los periódicos y revistas, y posteriormente las radiodifusoras y televisoras dejaron a un lado a sus audiencias para ofrecer contenidos favorables para el poder público y vendieron sus líneas editoriales para garantizar su sobrevivencia holgada.
Sin embargo, esta situación no se replicó entre los reporteros y fotógrafos de a pie, quienes históricamente fueron los menos favorecidos con condiciones laborales deplorables que, en muchos casos, se reflejó en falta de seguridad laboral o sueldos por debajo de los establecidos por la ley, por lo que los convenios únicamente beneficiarios a los grandes dueños de la prensa, cuyos negocios comenzaron a diversificarse y los espacios de comunicación se transformaron en un mecanismo de golpeteo político para la obtención de ciertas prebendas con los gobernantes en turno.
El control del gobierno sobre la prensa se instauró en el régimen priísta en el que José López Portillo exclamó unas palabras que reproducen con exactitud la relación entre la prensa y el poder al decir “no pago para que me peguen”, en relación a la ausencia de publicidad oficial para el recién formado semanario Proceso que era el único medio crítico al gobierno federal.
Esta condición se ha traducido en los estados, donde los gobernadores ejercen un control similar sobre la prensa, en los que determinan lo que se publica, por lo que los medios no se preocuparon por buscar otros modelos de negocios como sucedió en Europa o incluso en Estados Unidos, donde la prensa es un ejemplo de contrapeso al poder público en la medida que no depende sus ingresos económicos del poder político.
La administración de Andrés Manuel López Obrador ha recortado en más de la mitad el presupuesto en publicidad a los medios, por lo que esta situación ha provocado que los grandes empresarios incurran en la acción más fácil que es la despedida de personal en lugar de buscar otras alternativas de negocios y por ello la mayor parte de las redacciones de los medios más grandes han prescindido de los servicios de periodistas para tratar de afianzarse con las nuevas dinámicas comerciales.

