El futuro del país está en la conformación de una izquierda con una firme contextura moral, consecuente y con visión de futuro. Prioridad inaplazable es construirla y fortalecerla, porque la verdadera izquierda es todavía una minoría que es presa de los mercenarios al servicio de la derecha en el poder, gracias a la despolitización de una sociedad avasallada por los medios electrónicos. Esa “izquierda” actúa con un cinismo acorde con la falta de ética de un sistema político que se hunde por el peso de su enorme corrupción, como lo patentiza el documento que distribuyó en días pasados la coordinación nacional de la corriente Nueva Izquierda (NI) del PRD, que dirigen los célebres “chuchos”.
El coordinador de dicho grupo, Jesús Ortega, planteó una “profunda reforma”, con el fin de “relaborar la propuesta programática, ética y política, así como rediseñar su concepción organizativa”. Señala la necesidad de acabar con las “subcorrientes que existen a partir de satisfacer la demanda de cargos, de sueldos, de canonjías económicas de quienes las integran”. Tal actitud es igual a la del grupo en el poder, representado por Enrique Peña Nieto, quien no tiene empacho en lanzar acusaciones contra su propio régimen, al fin que a quienes corresponde proceder en consecuencia, con apego a las leyes, son sus subordinados.
Ortega llamó a “terminar de raíz” con las subcorrientes dentro de Nueva Izquierda, como si sus dirigentes no fueran los responsables de la corrupción que caracteriza a “Los Chuchos”, quienes acabaron con el PRD a partir de que se hicieron de la dirigencia de manera fraudulenta, con el apoyo del “gobierno” de Felipe Calderón. En el colmo del cinismo, llamó a “debatir y combatir en el terreno de las ideas a nuestros contrincantes políticos”. Y todavía, para demostrar a la élite oligárquica que sigue teniendo fuerza, afirmó enfáticamente: “¡Ninguna calumnia sin respuesta, ninguna polémica rehuida, ningún ataque sin nuestra reacción”.
Sin embargo, es demasiado tarde para salir con balandronadas absurdas. “Los Chuchos” son un cadáver insepulto, como lo son todos los “izquierdistas” que han traicionado al pueblo de México y han favorecido un firme empoderamiento de la derecha ultra reaccionaria, a extremos que lindan con el fascismo, como es fácil advertirlo en la distribución de la renta nacional y en el peso que tiene la élite oligárquica en el aparato productivo. Baste recordar que gracias a ellos, Peña Nieto pudo sacar adelante las mal llamadas reformas estructurales, cuya puesta en práctica en lo que resta del sexenio será la culminación del proyecto más antidemocrático y entreguista que se ha llevado a cabo en América Latina.
Con todo, el problema de una “izquierda” al servicio del grupo en el poder no empieza y termina con “Los Chuchos”, sino que subsiste y multiplica con los aventureros que han hecho de la “oposición” un modus vivendi muy lucrativo. Tal situación se puede agravar ahora que el Partido del Trabajo se quedó sin registro y algunos de sus militantes y dirigentes buscan acomodo en el Movimiento Regeneración Nacional (Morena). Pero no lo hacen con una actitud sana y propositiva, sino con el fin de obstaculizar el crecimiento de esta organización que busca ser el referente de una izquierda verdadera en el país.
En esta coyuntura, cuando “Los Chuchos” perdieron de manera irreparable su capacidad de interlocución con las clases mayoritarias, estos “izquierdistas” sin partido buscan agarrar un salvavidas, no para subirse al barco desde el cual se les lanzó, sino para tomar el mando y así poder vender más caros sus servicios a la alta burocracia. Tal situación es muy criticable, porque lo hacen de manera consciente, en el momento en que más falta hace la unidad de las fuerzas progresistas y democráticas. De ahí el imperativo de no tirarles un solo “salvavidas” del cual puedan agarrarse para seguir socavando los esfuerzos del pueblo por zafarse del yugo de la oligarquía.
Ni que decir tiene que la derecha ultra reaccionaria está en el poder gracias a la complicidad de la “izquierda” que ha sabido aprovecharse del grave atraso sociocultural de una sociedad carcomida por la prostitución de la política, cuyo paradigma fue la Alemania nazi. Llegó la hora de frenarla cerrando filas en torno a una izquierda verdadera, que lo es en cuanto que busca un cambio de régimen, no sólo contemporizar con la alta burocracia.

