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¿Negligencia médica o negligencia del Estado?*

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Joaquín Ortega Arenas / *Artículo de opinión

 

(01 de julio, 2014).- Los diarios de todo el país han publicado que en el estado de Jalisco se encuentran procesados 17 médicos por el delito de negligencia médica. Piensa, querido lector, sin prejuicios, si esos verdaderos héroes de la salud, que consideran como su ley suprema el “Juramento de Hipócrates” que verifican el día en que reciben sus títulos profesionales, son capaces de olvidarlo.

Conozco el caso de un par de médicos del Seguro Social en el que un ameritado profesional de la medicina, asistido por su hijo médico también, sufrió un infarto fulminante mientras realizaba una operación a corazón abierto y… su ayudante e hijo, terminó la operación, haciendo a un lado el dolor de ver morir a su padre.

Como ese caso, entre los médicos mexicanos existen miles de casos similares y ahora resulta que cuando se muere un paciente… “ellos son los responsables”.

El Estado mexicano es constitucionalmente, el obligado a vigilar y cuidar de la salud de todos los que habitamos este mutilado país. Ha creado diversos organismos oficiales para ese efecto. La Secretaría de Salud, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores (ISSSTE) al servicio del Estado y otros más, pero ha olvidado que el ejercicio de la medicina, es uno de los más caros que existen y, en parte por mero olvido o por la tremenda corrupción que nos ahoga, todos, absolutamente todos, carecen de los insumos mínimos que se requieren.

Soy testigo, nadie me lo ha contado, sobre un excelente médico que tiene que atender a mil 500 pacientes y sólo dispone de 24 horas al día, no existen locales adecuados, amplios, bien ventilados, sino verdaderas ratoneras para que “trabajen”; no disponen de las medicinas necesarias para cumplir con su deber; no hay sábanas suficientes en los ”hospitales oficiales” y, las reciclan sin recato alguno; los trabajadores, que no los médicos, sino los trabajadores de los hospitales y clínicas, pertenecen a poderosos sindicatos corporativos que los defienden y protegen, y obviamente no cumplen con su deber. El trato que estos mentecatos, que no son otra cosa, dan a los pacientes que acuden a los servicios de salud, es pésimo.

Tal parece que los servicios oficiales son “gratuitos” y nada más inexacto que eso. Todos, todos los trabajadores al servicio del Estado, entregan mediante descuentos previos a su salario, un 4 o 5 por ciento del mismo. Si aplicamos la teoría del Riesgo y Seguro, vamos a encontrarnos que sólo uno de cada mil trabajadores hace uso de los servicios médicos y, las cuotas descontadas a los 999 restantes… ¿a dónde van? ¿En dónde están?

Estamos completamente seguros de que los médicos mexicanos, continúan la tradición iniciada por el doctor Ladislao de la Pascua, que durante la “Guerra de México” (invasión norteamericana en el Siglo XIX), convirtió la parroquia de San Pablo, de la que era titular, en “hospital de sangre” para que los heridos, sin pensar en nacionalidades, fuesen atendidos. Con las bancas de la iglesia improvisó camas, con las puertas de la iglesia improvisó camas y con la ayuda de un numeroso grupo de médicos, salvó vidas.

Al finalizar la Guerra, el Congreso de los Estados Unidos, les otorgó la más alta condecoración… que no aceptaron, porque, contestó el doctor Pascua, “…Cumplir con la obligación que impone ser médico, es un deber sagrado…”.

Con el tiempo, se construyó en el mismo lugar el “Hospital Juárez”, tumba de centenares de médicos y pasantes de medicina durante el sismo del 85, por “negligencia“ de los constructores, que… no fueron ni siquiera amonestados.

Es por eso notable que en México, los metemos a la cárcel cuando un enfermo se muere, sin ponernos a pensar que no es uno, son muchos los que se mueren por falta de insumos, de hospitales adecuados y bien provistos, no importa que esas carencias, deriven de la corrupción galopante que existe en  México.

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