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Delito del marino estadunidense se torna cada vez más diplomático

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(4 de junio, 2014).- Es de sobra conocido que en México la portación de armas de uso exclusivo del Ejército y Fuerzas Armadas constituye un delito; en la frontera norte a quienes pretenden ingresar al  país, los agentes de aduanas se los hacen saber, con el fin de evitar conflictos. Tal fue el caso del marino estadunidense Andrew Tahmooressi, quien fue aprehendido, a pesar de haber sido advertido, luego de cruzar la de San Ysidro, California a Tijuana, Baja California con dos rifles de asalto y una pistola, cargados.

Tal como refiere la directora de Zeta, Adela Navarro, en su columna, en torno a este conflicto –que se está alejando de terrero legal- existe una fuerte pugna social y gubernamental para que sea liberado o al menos reciba un trato privilegiado, argumentando que Tahmooressi entró a México por error, aunque una investigación del semanario indica que lo hizo premeditadamente.

Gracias a una grabación en la garita El Chaparral de Tijuana, se aprecia como el Marino no se detiene en los puestos de revisión hasta que los agentes de aduanas deciden realizar una inspección, debido a la carga sospechosa que llevaba en la caja de su vehículo pick up, donde hallaron el arsenal cargado.

Debido a ello, Tahmooressi fue consignado por la Procuraduría General de la República (PGR). A pesar de que el caso era del fuero federal se tornó de orden diplomático luego de que su madre pidiera ayuda al Congreso, al grado que incluso durante la reciente visita del Secretario de Estado norteamericano, John Kerry el tema fue tratado en privado.

El caso se tomó un vuelco más diplomático luego de que, en primera instancia el  congresista Duncan Hunter afirmara lastimosamente que deseaba rescatar con un comando militar al marino para después solicitar un alejamiento entre la Defensa de EE. UU. y la mexicana; posteriormente con la insólita visita que el también congresista  Matt Salmon realizó al penal de “El Hongo”.

De acuerdo al seguimiento que la periodista de Zeta, Inés García, ha llevado sobre el caso del marino, se pudo determinar que contrario a los que argumentan sus defensores, él tenía una vida en nuestro país:

En primera instancia, se sabe que Tahmooressi sostenía una relación en Tijuana con una joven mexicoamericana, por lo que no era la primera vez que cruzaba la frontera. Asimismo, el hecho de que cruzara de San Ysidro a Tijuana sin mayor preocupación sin atender las advertencias de los policías fronterizos, constata su conocimiento de la situación.

Una investigación del semanario, también reveló que el marino pagó una habitación de hotel en la avenida Revolución de Tijuana, horas antes de ser detenido en la garita. Incluso versiones extraoficiales conocedoras del caso indican que luego de realizar distintas visitas a México, cruzó por última vez la frontera con la idea de residir en el país parcial o totalmente.

Para Navarro, la intención de llevar el caso de Tahmooressi a estas instancias, podría entenderse como el propósito de la administración de Barak Obama por doblegar (una vez más) las leyes mexicanas a su favor, y se, se compara de forma contraria a los múltiples delitos que mexicanos han cometido en territorio estadunidense, mismos que han merecido severos castigos, pero tal como menciona la directora de la publicación, más allá de comparar un sistema penal de otro, difícilmente un funcionario mexicano podría influir en la decisión final tal como podría pasar con  Tahmooressi, cuyo caso cada vez se acerca más a las respectivas cancillerías y oficinas presidenciales.

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